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11 DE SEPTIEMBRE

11 DE SEPTIEMBRE

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Mientras los independentistas catalanes se manifiestan formando una V de señera rojigualda pidiendo la segregación anacrónica del territorio español donde llevan siglos viviendo, es bueno recordar que el “11 de septiembre” ha pasado a la historia como el día en que el pueblo americano sintió en propias carnes el zarpazo de dolor que tantas veces ha provocado lejos de sus fronteras, como sucedió este mismo día de 1973 en Chile con el golpe de Estado de Pinochet financiado y apoyado por la administración Nixon-Kissinger.

Han sido 73 la invasiones americanas a países del cono sur desde Panamá hasta Cuba, pasando por Nicaragua, Haiti, Honduras, El Salvador, Guatemala,…, y llevan más de un siglo metidos en guerras fuera de su país, sin sufrir un rasguño hasta que las Torres Gemelas se derrumbaron llevándose injustamente la vida de personas inocentes, en el atentado más salvaje que imaginarse pueda.

Chile y Nueva York vienen hoy a esta bitácora como ejemplo de aquello que no debe repetirse jamás, porque el respeto a la libertad de los pueblos debe estar por encima de intereses económicos privados, y la vida de una sola persona no justifica el fanatismo de quien pone muertos sobre la mesa para conseguir sus propósitos.

Paz, vida, respeto, convivencia y libertad son las palabras que debían sustentar las Constituciones de todos los países, para hacer del mundo que habitamos como terrícolas un espacio habitable de progreso compartido, solidaridad mutua y entrega a la causa común que a todos nos afecta, más allá de fronteras geográficas, raciales o económicas.

DESAPARECIDOS

DESAPARECIDOS

A

Millones de seres humanos han desaparecido en guerras, dictaduras y dictablandas, sin que los gobiernos se hayan preocupado demasiado en dar con su paradero, sea cual fuere el rincón del mundo donde permanecen ocultos sus huesos en la tierra, tras servir de alimento a los gusanos.

Sabemos que muchos de ellos convivieron en sótanos, cárceles y galerías nocturnas antes de ser asesinados, entrecruzando miradas opacas de dolor, profundos suspiros resignados al exterminio y respiraciones entrecortadas, mientras en la superficie la ciudad dormía ajena a su tragedia.

Tras la matanza quedaron todos desnudos y amontonados en el suelo sobre sus excrementos, sin rostros en las fotografías ni mortaja de alivio, con insultante impunidad para los matarifes y, en algunos casos, con los dioses por testigo.

Urge que la reja del arado se sorprenda arañando túmulos amorfos de peronés, tibias y costillas, ante la mirada sorprendida de los forenses al contemplar la procesión interminable de cadáveres mutilados, sin manos unos, algunos sin piernas, otros ciegos, muchos con el cráneo perforado y todos linchados.

En nombre de quién, o de qué, se cometieron los crímenes que se llevaron a tantas personas por delante, junto a sus amigos, y a los amigos de sus amigos. A todos. Porque se llevaron a millones de seres humanos, que hoy están desaparecidos en Argentina, Brasil, Uganda, Chile, Indonesia, Argelia, Sri Lanka, Tailandia, Turquía,…y las cunetas españolas, porque nuestro país es el segundo en el número de desaparecidos, por detrás de Camboya.

Los desaparecidos son los cotidianos murientes de interminables agonías. Seres numerados, sin nombres ni apellidos. Mártires ignorados de la intolerancia. Desconocidos ciudadanos, nominados en todas las latitudes con una apocalíptica palabra: desaparecidos.

CARNE DE CAÑÓN

CARNE DE CAÑÓN

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La historia es pródiga en guerras donde mueren a paladas millones de ciudadanos anónimos que son utilizados como carne de cañón por quienes no pisan el frente de batalla, ni pegan tiros, ni corren riesgos, ni dejan huérfanos y viudas, ni sufren amputaciones, ni quedan ciegos, ni utilizan sillas de ruedas tras las explosiones.

Cientos de millones de personas de todo el mundo han muerto en guerras, donde la barbarie humana muestra su peor cara a los indefensos ciudadanos, sin que tengamos noticias de reyes, jefes de gobierno o ministros, que estén sufriendo rasguños en su delicada piel, tras combatir en las trincheras.

La historia viene de lejos, pues ya en la conquista española del cono sur, los virreyes utilizaban indígenas para luchar contra sus propios hermanos indios, que caían como moscas por los dos bandos, una vez doblegados los rebeldes a la dominación española, aunque la historia nos la hayan contado de otra manera.

Los jefes que allí quedaron aprendieron tan bien el mensaje que los negros argentinos ocuparon la primera línea de fuego en la lucha por la independencia. Negros fueron también los brasileños que cayeron en su guerra con Paraguay. Y miles de indios peruanos y bolivianos tiñeron de sangre la tierra en la guerra contra Chile.

Los gobernantes que dan la orden de ataque permanece en los despachos enviando los ciudadanos al matadero, sin percibir que dar la vida por la patria no es ofrecer la muerte por ella en una guerra, sino trabajar por su engrandecimiento, progreso y bienestar.

EL GOL DE LA FARSA

EL GOL DE LA FARSA

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El augusto militar Pinochet había conquistado el poder en Chile a tiro limpio, poniendo a todos los ciudadanos del país bajo la suela de su zapato y clavando espuelas en los costillares de siete mil “rojos” chilenos hacinados en el Estadio Nacional, antes de ordenar a los matarifes que dispararan sus balas a las cabezas y corazones de los confinados, salpicando el graderío con sangre de los más insurrectos.

Mientras esto sucedía, los responsables del teatro futbolero organizaron el partido de repesca para el mundial de Alemania de 1974 entre las selecciones de Chile y Rusia, acordando que el torneo se celebrara en el Estadio-Cárcel de Santiago de Chile el 21 de noviembre de 1973, obligando a los militares golpistas a desplazar todos los condenados allí encerrados a otro campo de concentración.

Cuando los directivos de la FIFA visitaron el Estadio, quedaron admirados por la limpieza de las gradas, la calidad del césped y la amplitud de los vomitorios, sin ver ropa vieja por el suelo, restos abandonados de miseria, hierba enrojecida en la cancha y estrechez de los túneles donde se habían podrido de dolor los desaparecidos.

Aprobado ya el esperpéntico escenario y vendidas dieciocho mil entradas entre los incondicionales del dictador, no pudo celebrarse el fantasmagórico partido porque el equipo ruso decidió no acudir a la cita en el macabro espacio teatral donde tuvo lugar el estreno de la mayor farsa deportiva imaginable.

Sin rivales en la cancha, avanzaron los delanteros de la selección chilena hacia la portería vacía del equipo ruso y Francisco Chamaco Valdés marcó el más vergonzoso gol de la historia deportiva, donde el equipo vencedor jugó contra el aire entre aplausos y ovaciones de los espectadores que sustituyeron a los espectros en aquella cámara de tortura y exterminio.

Una vez más, fútbol y política se dieron la mano, arrimando la FIFA su sardina al ascua más caliente como haría en 1978 en Argentina con la dictadura de Videla.

PABLO NERUDA

PABLO NERUDA

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A las 22:30 horas del domingo 23 de septiembre de 1973, moría en la clínica Santa María de Santiago de Chile, Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto, el más grande poeta del siglo XX, en palabras de García Márquez, doce días después que el general Pinochet y sus muchachos liquidaran a tiro limpio la democracia en Chile, encerrando al país en el pozo más negro de su historia.

Murió Pablo de dolor por la tragedia de su patria, aunque el pretexto oficial fuera el antiguo cáncer de próstata que le acompañaba desde hacía tiempo, siendo llevados sus restos a la casa que tenía frente al mar en Isla Negra, cuando ya el dictador había quemado todos sus versos, exterminado con pólvora su esperanza y rapiñado lo poco que al poeta le quedaba.

Entre mascarones de proa se despidió de la vida, dejándonos eternos sueños de amor en sus estrofas, cantos de libertad en poemas rebeldes a la injusticia, rutas de solidaridad entre los versos, ecos solidarios en caracolas y nostalgias salobres fraternales que hoy recuperamos en el aniversario de su muerte.

Frente al apacible mar del recuerdo, compartimos lunas, pétalos y sonrisas, alzando nuestra copa de vino para brindar por la eternidad de Pablo, junto al viento ultramarino que alimenta la desesperanza en la imposible redención de la herida en su costado, mientras La Chascona y La Sebastiana continúan llorando reclinadas frente a la bahía de Valparaíso.

PAULO FREIRE

PAULO FREIRE

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El querido Paulo Freire tendría hoy 92 años si un golpe de infortunio no se lo hubiera llevado por delante en mayo de 1997, cuando su historia personal cumplía 75 años de vida entregada a la educación de analfabetos y la liberación de oprimidos ignorantes, recordando el hambre que pasó en su casa de Recife durante la depresión de 1929.

Los más beneficiados de sus enseñanzas fueron 300 cortadores de caña de azúcar que aprendieron a leer y escribir en 45 días ayudado por su mujer Elza, inseparable compañera que estudió, luchó, trabajó, revolucionó y sufrió junto a él, cuando Paolo fue encarcelado en 1964 acusado de traidor por militares golpistas, sumisos al dictador Humberto.

Una vez liberado, comenzaron juntos el peregrinaje con sus cinco hijos por diferentes países, exiliándose primero en Bolivia y luego en Chile, siendo invitado a pisar las aulas de la prestigiosa Universidad de Harvard en 1969, tras leer sus dirigentes “La educación como práctica de la libertad” y “Pedagogía del oprimido”, regresando a Brasil en 1980.

El pensamiento político-pedagógico de Paulo se armoniza con sus fuertes convicciones cristianas, a partir de las cuales promovió una educación humanista facilitadora de la transformación social, pues educación no es domesticación sino a la liberación personal y social, desarrollando una conciencia crítica y comprometida con la realidad vital.

Paulo Freire no pudo aceptar el perdón solicitado por el Gobierno de Lula en 2009, sencillamente porque había muerto. Tampoco ha podido inaugurar los miles de escuelas que llevan su nombre por el mundo, con la obligación de expandir su pensamiento en los Consejos de Ministros, diciéndole a los jefes de los cinco continentes, que la palabra transformará el mundo y la cultura no es patrimonio exclusivo de la burguesía.

Repite Paolo que los ignorantes son hombres y mujeres cultos a los que se ha negado el derecho a expresarse y por ello se ven sometidos a una «cultura del silencio», sabiendo que la educación no cambia el mundo, pero cambia a las personas que van a cambiar el mundo, porque todo acto educativo es un acto político y la única forma de enseñar a amar, es amando, pues el amor es la transformación definitiva.

PABLO EN EL CORAZÓN

PABLO EN EL CORAZÓN

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Hace treinta y ocho años nos dejaba el alma seca de dolor y frustración la prematura muerte del poeta del amor. Con él partió la voz liberadora de esclavitud y se extinguió el compromiso social de los versos. Fue Pablo defensor de la libertad, amante de la vida y redentor de la justicia, quien vio saqueada su casa, esquilmado el futuro y aniquilada su patria, tras el pinochetazo que tuvo lugar un aciago 11 de septiembre de 1973.

Horas antes de abandonarse al sueño eterno dijo a quienes le rodeaban: “Tenéis que tratar de sobrevivir a este temporal, que puede ser largo. Evitad ser detenidos, porque si os capturan vais a ser torturados, y en ese caso tendréis que hablar, porque si no os sacarán los ojos”. Y quienes oyeron esto, quedaron ciegos días después.

Tan largo asedio a las libertades del pueblo chileno duró diecisiete años sin reposo para los verdugos y matarifes. Años de persecuciones, asesinatos y brutal represión a los ciudadanos leales al régimen democrático de Salvador Allende, que había nombrado días antes al traidor Augusto Pinochet, Comandante en jefe del Ejército chileno.

Siete días después del golpe de Estado, Pablo Neruda viajó ya enfermo a Isla Negra con Matilde, para celebrar allí la independencia chilena de España, con unas sencillas empanadas compradas sobre la marcha, al tiempo que renunciaba al refugio político y al avión que el presidente de México, Echeverría, les ofreció a él y a su compañera.

Fue Matilde quien pidió de madrugada que trasladaran a Pablo a Santiago, recorriendo el premio Nobel los 120 kilómetros en una ambulancia, hasta llegar al hospital tras pasar varios controles militares para comprobar si debajo de la camilla se escondía algún fugitivo a exterminar, mientras el poeta lloraba por Chile en cada registro.

Consumido por el dolor de la patria, no por la enfermedad, Matilde le oyó susurrar varias veces: “Los están fusilando”, recostado en la cama del hospital, cuando rebotaban en las paredes los ecos de los disparos que llegaban nítidamente a la oscura habitación.

Casi sin aliento para quejarse, supo que a Víctor Jara le habían roto las manos y metido 44 balas en el cuerpo, así como el  salvaje saqueo de sus casas de Santiago y Valparaíso, llenas de recuerdos que enjugaron sus ojos.

No fue el cáncer, lento y controlado, la causa de su muerte el 23 de septiembre, sino la insoportable barbarie y enloquecida sinrazón, quienes ahogaron el alma del poeta.

Se veló el cadáver en su casa destrozada de Santiago, y a su funeral asistieron miles de temerosos chilenos, venciendo el miedo y la hostigante vigilancia militar, en la primera manifestación pública contra la dictadura que les había arrebatado la libertad.