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Etiqueta: bullicio

HAY DÍAS…, …Y DÍAS

HAY DÍAS…, …Y DÍAS

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días

Hay días en los que no es posible buscar huellas pasadas, ni rastrear perfiles en la niebla, porque en tales jornadas es mejor no doblar esquinas ni torcer veredas, para rememorar momentos felices, porque la vida bloquea los atajos, la desmemoria se impone y el olvido se muestra en carne viva.

Sin embargo hay otros días en los que, sin querer, abre sus exclusas la memoria  y contra todo pronóstico volvemos la cabeza ante una palmada de la vida en la espalda, para recrearnos sin cautela en las fotos en sepia, reviviendo historias compartidas con añoranza inevitable.

Junto a ellos, hay días en los que se esconde el alma en la corteza del insomnio, impidiéndonos soñar quimeras y recordar noches de luna llena frente al mar recostados en amores perdidos, abandonándonos en la desmemoria por descuido de las sombras que amenazan con incertidumbres doloridas.

Pero también hay días que traen bienestar en las alforjas, buenas intenciones y proyectos vestidos con esperanza de futuro, en los que se entrelazan recuerdos con vocación de eterna permanencia, cubriendo el rostro de las gallinas ciegas para que éstas no den con el paradero de las quimeras.

Junto a tales días azules hay jornadas negras que llegan a nosotros sin previo aviso, ni merecimiento, ni  explicación alguna, en las que es inútil todo esfuerzo por recuperar el tiempo ganado a la vida, encargándose esta de milagrear otras jornadas imprevistas que nos adornan con sonrisas el camino.

Ya veis, amigos, hoy no debíamos abrir las puertas del organillo, pero un correo electrónico ha tirado abajo las expectativas, obligándome a olvidar lo que cualquier otro día serían felices recuerdos de la infancia y juventud, intramuros de la tapia.

¡ VIERNES !

¡ VIERNES !

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Los jubilados compensamos nuestra cercanía a la estación término, olvidándonos del calendario y desconociendo el día de la semana en que vivimos, para equilibrar así la lejanía en que se encuentran del gran viaje los jóvenes que trabajan, sin prevenir que la malhadada suerte puede picarles el billete a la vuelta de la esquina.

Recuerdo sin nostalgia el bullicio festivo de los viernes en los patios escolares y las prisas azarosas por acabar la jornada, en horas previas a la cena extramuros que abría las puertas de madrugada a un viaje parisino, la pista de tenis en Bulle, el senderismo suizo, los museos londinenses, el mercado belga de “las pulgas” o simplemente el sillón doméstico en zapatillas con el libro de la mano y música lejana acompañando la lectura.

Con la jubilación se entremezclan los días de la semana en cóctel suave, de pocos grados, escasa agitación y digerible, para ser libado a pequeños sorbos, sin distinguir los sabores que tuvieron en tiempos laborables los siete días que componen el reconfortante brebaje que los trabajadores se beben a grandes tragos durante la semana.

Tiene el lunes sabor a cansancio desganado; el martes viene con el amargo paladar de lo inaccesible; deja el miércoles voluble gusto a incertidumbre; el jueves emboca las papilas con anhelo; impregna el viernes de esperanza el inmediato futuro; el sábado complace la embacadura con joviales aromas; y el domingo por la tarde acidifica la vida con decepcionante hastío hacia un nuevo comienzo desganado.

Pero hoy es viernes, María. Y mañana, sábado, Ángel. Te quedará luego la mañana del domingo, Rafael. Pero todos iréis el lunes a la sala de espera del viernes que hoy os toca vivir con la alegría que los jubilados gozamos durante los años que estuvimos atados con siete lazos a los días de la semana.