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NO HABRÉ VISTO BIEN

NO HABRÉ VISTO BIEN

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Acabo de ver la imagen de un buitre a la espera de alimento para la subsistencia, apostado a pocos metros de un niño famélico agachado que come alimento de la basura en un desesperado intento por sobrevivir en un mundo que camina con rumbo fijo a su propio exterminio, sin darse cuenta de ello ni reparar en la indiferencia y ambición que nutre su locura.

Puede ser que no haya visto bien el retrato o que la fotografía esté trucada, porque de ser cierta la imagen que en ella se recoge no me queda otra opción que vaciar la memoria para olvidarla, coserme los ojos con hilo de rebeldía, gritar hasta desgañitarme, tomar la pluma para denunciar la ceguera de quienes miran para otro lado y encausar a los promotores del exterminio.

Algo pérfido y maligno anida en el pecho descorazonado de quienes hacen de las personas carroña humana para alimentar buitres hermanados con ellos, dando un paso más en la perversa miseria y satánico exterminio que se lleva por delante la vida de un niño cada tres segundos, con el mismo desprecio que se tira un desperdicio inservible a la basura.

Los muertos son la enseñanza aprendida lejos de los pupitres y todos ellos son iguales, distinguiéndose solamente en la forma de morir, siendo la peor muerte dejar que la hambruna infantil sea pasto de las aves carroñeras, sin que el instinto de los buitres desvíe su atención hacia quienes ponen entre sus garras carne inocente, cuyo delito es haber nacido al sur de la miseria.

INMORALIDAD, MEDIOCRIDAD Y CODICIA

INMORALIDAD, MEDIOCRIDAD Y CODICIA

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El honrado caballero manchego habló por boca del poeta pidiéndonos sostener la armonía de la vida, el orden social y la justicia distributiva, sobre dadivosa bacía, yelmo protector y honesto halo. Pero los sanchopanzas que rigen la ínsula peninsular han pervertido el mensaje quijotesco del manchego, codiciando la bacía, debilitando el yelmo y viciando el halo.

Inmoralidad, mediocridad y codicia son los pilares que han sostenido y continúan manteniendo en despachos reales, institucionales, financieros, sindicales y sociales, el estado de corrupción que se expande irremediablemente como mancha de aceite, sin que las alfombras puedan ya recoger tanta basura acumulada.

La falta de escrúpulos exhibida por los mediocres en las poltronas dando vía libre a una codicia impune a todo castigo, ha dejado a seis millones de ciudadanos al pairo de la vida, ha desbordado los comedores sociales, ha provocado suicidios, hacinado alumnos, sentenciado enfermos crónicos y pervertido la democracia, encerrándola en el festivalero día de las urnas.

El antídoto que puede salvarnos del envenenamiento social producido por la mezcla corruptiva de inmoralidad, mediocridad y codicia, es un cóctel formado a base de ética, competencia y honestidad, difícil de preparar en estos momentos de turbación, porque los boticarios encargados de fabricar ese fármaco se han diluido en el conformismo, anestesiados por la resignación y domesticados por la mansedumbre, acusando una grave parálisis social irreversible.

MEDIOCRIDAD

MEDIOCRIDAD

La realidad confirma que nuestro problema no es la deuda pública y privada, ni el rescate, ni las autonomías, ni el euro. Ni siquiera el egoísmo natural del ser humano o su capacidad para mentir son responsables de la decadencia moral y falta de compromiso ético que convierte a los animales racionales en terribles depredadores de su especie.

Es la falta de mérito y capacidad de los dirigentes sociales lo que nos ha llevado al sótano donde estamos encerrados sin posibilidad de redención a medio plazo. Es la ineptitud de los polítiqueros lo que hace imposible la salvación, pues han optado por la dedocracia, exigiendo a los dirigentes el débil mérito de llevar carnet entre los dientes y logotipo en la solapa.

Mediocridad se llama esta grave epidemia que padecemos, para la cual no se ha descubierto vacuna ni tratamiento alguno, porque quienes tendrían que aplicar los medios para erradicar la pandemia son los propios beneficiarios de su expansión, y no están dispuestos a inmolarse para salvarnos de sus continuos disparates y mamoneo.

A esta situación degenerativa no se llega en pocos años, porque la contaminación existente afecta a todos los sectores sociales, donde se ha infiltrado una legión de incapaces a decidir por los demás, careciendo de los más elementales criterios para ser rectores.

Hoy muchos mediocres dirigen centros educativos, gerencian hospitales, administran bienes comunes, ocupan sillones oficiales, dictan sentencias, presiden sociedades, regentan empresas, lideran sindicatos, gobiernan entidades, capitanean fuerzas de seguridad, encabezan listas electorales, acaudillan sindicatos y  controlan medios de comunicación

En un país gobernado por mediocres, donde los ciudadanos brillantes provocan repulsión, todo se explica: que los cerebros emigren, los banqueros sean insaciables, la Iglesia guarde silencio, los chistes consuelen la desgracia, se limite la libertad, se manipule la información, se mienta impunemente, la justicia no sea ciega, prolifere la basura televisiva, falten ideas y los pícaros se aprovechen de la situación.

RECORTES

RECORTES

Por fin se abrió el melón de los presupuestos, que ha resultado ser más patatero de lo esperado. Incomible, vamos. Veneno, para entendernos. Es decir, para echarlo directamente a la basura si esto fuera posible, pero no es así porque millones de ciudadanos decidieron que fuera de otra manera.

Varias semanas esperando que los Presupuestos Generales del Estado vieran la luz y ahora resulta que no podemos encender las bombillas porque el aumento de la tarifa eléctrica nos impide dar al interruptor, y la subida de combustible para los vehículos de motor nos obliga a dejar el coche en el paro, junto a los cinco millones de ciudadanos laboralmente inválidos.

Pero no todo es malo. El bondadoso Gobierno que ha dejado sin prestación a los pobres  “dependientes”, les ofrece la posibilidad de ser atendidos en las iglesias donde habrá luz, agua, calefacción y trabajo, ya que el porcentaje de recortes no llega al 0 % en la asignación de cantidades a la Institución eclesial.

Unos por otra, para compensar. Pero tengo la convicción que quienes no pueden valerse por sí mismos habrían preferido mantener la prestación en vez de mendigar a las puertas de los templos. Estimo que una organización millonaria en efectivos bancarios, bienes inmuebles, obras de arte, patrimonio institucional y millones de fieles dispuestos a ayudarla, podría evitarle a los “dependientes” el bochorno de extender la mano, dándoles la parte que les corresponde.

En cambio, a los parados y desprotegidos les queda el consuelo de saber que con el dinero recaudado por la amnistía fiscal a las grandes fortunas, podrán seguir admirando, respetando y venerando a quienes viven de sus lágrimas y del sudor frío de quienes estúpidamente les admiran, respeta y veneran, sin tener siquiera ocasión de envidiarles porque les han cerrado el futuro.

¿HUELGA LA HUELGA?

¿HUELGA LA HUELGA?

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Hablaba ayer del nuevo “producto” que están exportando los alemanes intentando sangrar aún más la piel de toro, mientras el selecto grupo de privilegiados se frota las manos en contrabarrera.

Siguiendo la estela marcada por los teutones, reformamos las pensiones incrementando en dos años la edad de jubilación. Y siguiendo la huella germana reformamos en quince días la intocable Constitución para establecer un techo a la deuda pública. Ahora toca poner la alfombra roja para dar paso a los contratos vertedero. Bien.

Se trata simplemente de obedecer órdenes tudescas para alcanzar un falso «milagro» a base de remar con grilletes en galeras para allanar el camino a empresas y empresarios. Hay tres opciones posibles a cual más detestable: trabajar más horas cobrando el mismo dinero, hacer el mismo trabajo pero con menos salario o simplemente aceptar contratos humillantes para reflotar el empleo con lágrimas proletarias. Alentadoras opciones y estimulante futuro para los trabajadores de toda edad y condición.

Contratos basura, trabajos precarios, menor seguridad, mayor desigualdad y explotación dieciochesca que reducirá el paro con peores trabajos, enriquecerá a los de siempre, aumentará las diferencias sociales y multiplicará por diez el individualismo enviando la solidaridad a galeras, al grito de ¡sálvese el que pueda!

Todo ello aderezado con una disminución en cantidad y tiempo de la prestación por desempleo que puede llegar a endurecerse hasta límites insospechados, si tenemos en cuenta que en Alemania al terminar la prestación por desempleo, sólo reciben ayuda los parados por solemnidad. Es decir, los que no tienen nada, pero nada de nada, a los que se paga una modesta pensión de 362 euros, el alquiler de la casa donde viven y la calefacción. El solemne parado que tiene coche o vivienda ha de venderla, y si un pordiosero está en el paro, ve reducida su pensión en función de los “ingresos” que obtiene mendigando en la calle.

En resumen, el milagrero ejemplo alemán consiste en reducir el paro con millones de trabajos de mierda que multiplican las desigualdades sociales. ¿Estamos de acuerdo con ello? Paro o más desigualdad, esa es la cuestión. Ángela ordena, Mariano obedece y el pueblo dirá mañana lo que piensa.