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GUATEQUE

GUATEQUE

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De-dónde-proviene-el-término-‘guateque’-utilizado-en-los-años-60-para-referirse-a-una-fiesta

En época de ropa zurcida, discos solicitados en emisoras, “seiscientos” domingueros, rosario en familia, amenaza judeo-masónica-marxista, prietas las filas, aceite de ricino, pantalones bombachos y sexo encarcelado, irrumpió el guateque con fuerza irreprimible y canciones en pick-ut, regadas con limonada agitada por calenturas propias de la vida sexual que despertaba.

Sustituyeron las salas de baile y se anticiparon a las discotecas, aquellos guateques en salones domésticos, terrazas vecinales, sótanos furtivos o locales de alquiler, donde despertábamos a novedades primeras, descubriendo mitades de un todo incompleto, en horas indecisas y ausentes del primer capítulo de la historia.

Punto de encuentro del primer encuentro con la novedad primera y esperanzas desprevenidas al caerse las primeras hojas del calendario adolescente, descalzando la incertidumbre para que las dudas salieran de puntillas por la puerta de servicio, venciendo la represión de los púlpitos y la inclemencia de los confesonarios.

Vino a cada cual de nosotros aquella canción que ahora nos devuelve la memoria azul, cuando nuestra manos tomaban temblorosas la cintura de mimbre en medio de una ciudad solitaria que no iba más allá de los límites estrechos y velados del salón, donde se desencadenaban las melodías, incertidumbres y agitaciones.

Caricia de talles, manos descuidadas sobre otras manos y contactos a media luz con sordina, preludio de temores alados por el roce furtivo de unos pechos, quebrantando el frágil límite de lo prohibido, cuando los labios descubrían la novedad delgada de otros labios, y el desasosiego nocturno inquietaba los corazones agitados.

Era, pues, el guateque el camino que tomaba el disimulo hacia la libertad del aire, para dar paso al primer paso anticipado de certidumbre en otra realidad más alentadora que el devocionario, en medio de entumecidos menesteres escolares y  estremecimientos juveniles.

EL AMOR HECHO RIMA

EL AMOR HECHO RIMA

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Hoy, que el pequeño grupo de afortunados descorcha vino espumoso extremeño, valenciano, catalán o francés, para brindar por los euros que les han llovido desde nubes invernales de lotería navideña, otros recordamos al poeta de la rima que esculpió con su pluma inmortales versos de amor que todos guardamos en el más íntimo rincón de nuestros recuerdos adolescentes, cuando el roce de una mano se antojaba escalofrío y el beso furtivo, milagro de felicidad.

Evocamos hoy a Gustavo Adolfo Bécquer, porque se cumplen 163 años de su muerte y otros tantos de su resurrección en las almas enamoradas que convierten el parpadeo de las pupilas en poesía esta mañana de invierno, cuando las oscuras golondrinas descansan en los nidos del sur, preparando el vuelo a los balcones en la verdecida primavera.

Qué no daríamos en la madurez del amor por retornar a las convulsiones y azaramientos del primer encuentro, la primera caricia y el primer golpe de sangre agitada en la turbulencia de una juventud que proclamaba a los cuatro vientos el prendimiento mutuo y la promesa de feliz enajenación perpetua reflejada sobre el rostro fundido en las miradas.

Treinta y cuatro años de vida le bastaron al sevillano poeta para inmortalizarse en el romántico espacio amoroso de los encadenados por ligaduras de amor liberador con diástoles entumecidas y gestos anhelados, desde la triste despedida hasta la gozosa bienvenida, avecindando el espacio y el tiempo en el mismo territorio con ojos lacrimosos y paciente espera.

Ello así, porque los amantes saben que el amor perdura si se fortalece con renuncia propia a cambio de la felicidad ajena; si se blinda con generosidad desprendida, se protege con tolerancia y se renueva cada día con esperanzas renovadas para hacerlo invencible, porque mientras fundirse puedan en un beso dos almas confundidas, la poesía de Bécquer seguirá iluminando el gran misterio del amor y la heredad humana se vestirá de perfumes y alegrías, aunque la ciencia no alcance a descubrir los misterios de la vida, ni la historia sepa hacia donde camina el amor por la línea del horizonte, rozando mar y cielo con sus alas.

ADOLESCENCIA

ADOLESCENCIA

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Un buen amigo me expresaba ayer su malestar con las actitudes mantenidas por su  adolescente hijo, en paso vacilante por la turbulenta “edad del pavo”, donde toman cuerpo ritos iniciáticos que sorprenden y desconciertan al aspirante que pretende seguir un atajo para hacerse hombre, sin percibir que es tarea larga, difícil y dolorosa.

Es la adolescencia un puente colgante, inestable y resbaladizo entre dos orillas de obligado tránsito, donde se balancean y tiemblan almas esperanzadas de futuro, pero inseguras, sin asidero y a merced de agitaciones internas, vientos inesperados, turbulencias vitales y tempestades anímicas.

Cobran fuerza en la adolescencia pasiones triviales y sueños prefabricados que se cuelan de rondón en la voluntad del púber, para hacerse incombustible deseo en forma de modas, ordenadores, motos, decibelios musicales y pandilla, acompañando las primeras caricias furtivas, los iniciáticos desequilibrios etílicos y la sobrevaloración del grupo.

Encerrados en desmedida soberbia, desdeñosos a los consejos, rebeldes a toda imposición y doloridos por incomprensiones incomprendidas, muestran su altanería con andares cachazudos, respuestas extemporáneas, posturas arrogantes, sobrado menosprecio y provocaciones a los adultos que más detestan, representados por padres y profesores, que les imponen disciplina familiar y académica.

Deslumbrados por el descubrimiento de su cuerpo, pretenden evitar el primer acné y las espinillas adolescentes, ignorando que el éxito y el fracaso en la vida futura se desliza en la adolescencia sobre el filo de una navaja, sin que pubescente perciba que gran parte del adulto que será, cuajará en el arcilloso molde de su adolescencia.

Hablan, opinan, juzgan, califican sin recato, critican con osadía y se mueven entre la audacia de luchar por ser adultos y el temor de llegar a serlo, sin encontrar la comprensión que esperan en los adultos porque estos han perdido la memoria de sus años adolescentes.

SI WERT FUERA ESTUDIANTE

SI WERT FUERA ESTUDIANTE

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Contra viento sociales,  tempestades parlamentarias, mareas de profesores, desplantes de alumnos, pañueladas de padres, empujones de periodistas, barricadas de sindicatos, y quejas de costureras, churreros y aguaderas, el menistro Wert multiplica gratuitamente la crispación en un país muy crispado por los recortes, proponiendo una ley innecesaria, inoportuna e inadecuada, aprovechando que él se encuentra fuera del sistema educativo y no va a sufrir las consecuencias de su norma.

La mínima calificación obtenida por el menistro Wert en el barómetro del CIS con una nota de 1,76, permite asegurar que si el pilarista José Ignacio fuera alumno de Secundaria sería desviado hacia profesiones laborales alejadas de la Universidad y no podría estudiar la carrera de Derecho que cursó al abandonar el pilarismo.

Si Wert fuera estudiante, no pasaría ninguna de las selecciones que él mismo exige superar a los alumnos de 8, 11, 15 y 17 años, porque la puntuación de 1,76 que ha obtenido en el  examen social de los ciudadanos, no permite otra opción.

Si Wert fuera estudiante, carecería de amigos en el colegio porque no querrían jugar con él los compañeros en el recreo, le harían poco caso los profesores y los padres no le invitarían a fiestas de cumpleaños de sus colegas.

Si Wert fuera estudiante, iría solo a las manifestaciones convocadas por él mismo a favor de su ley, siendo despreciado por esquirol, disuelto con gases lacrimógenos por policías-padres y abucheado por los peatones.

Si Wert fuera estudiante, sus progenitores se avergonzarían del 1,76 obtenido por su hijo en la reválida ciudadana que él ha rescatado del pozo negro antieducativo con la propuesta de una evaluación sancionadora, selectiva y segregadora.

Si Wert fuera estudiante, no querría ser itinerado a los trece años hacia caminos profesionales que siendo adolescente rechazó y pediría las oportunidades de futuro que ahora niega a los jóvenes que sufrirán en las aulas su ley educativa, inspirada en fueros españoles y palomas espirituales.