SHOCK ELECTORAL

SHOCK ELECTORAL

Escribo esta página desde la UVI intelectual en la que todavía permanezco ingresado desde la noche del domingo cuando supe los resultados electorales, afectado por un fuerte shock electoral generado por compatriotas que elevaron a sillones municipales y parlamentarios a la gran pandilla de políticos encausados en procesos de corrupción pública.

Como hombre profundamente político en sentido aristotélico, pero radicalmente antipartidista, estoy temiendo por mi vida política ya que la afección que padezco, fruto de la decepción sufrida, está impidiendo que llegue a mi cerebro el flujo de sangre honesta que esperaba recibir el domingo de las plaqueletas.

Muchos de los votos emitidos han cambiado de posición la cisura de Rolando, provocado en mi cerebro un torbellino de críticas democráticas que está permitiendo el desarrollo de patologías cuya aparición se asocia a un estado de hipoperfusión electoral e hipoxia mental que terminará produciendo en mis convicciones democráticas lesiones irreversibles y un fracaso multiorgánico de todas las esperanzas que tenía puestas en la regeneración moral de la política en mi país.

El mecanismo fisiopatolítico que me ha llevado a semejante estado tiene su origen en la quiebra intelectual producida al ver en sillones oficiales, beneficiándose de sueldos públicos y privilegios inmerecidos, a personajes inmersos en procesos judiciales por casos de enmierdamiento político, en sus múltiples versiones de ilegalidades, sobornos, corruptelas, compraventas, trampas, regalos, mentiras y abusos.

El fracaso de los tratamientos políticos quimioterápicos que esperaba de las urnas, aconseja un tratamiento quirúrgico urgente que solo puede venir de las togas judiciales porque la gravedad del cuadro clínico que me afecta no tiene otra solución, y en ella confío.

Conde Pumpido dio no hace mucho tiempo la cifra de 730 políticos encausados por delitos de corrupción; en Baleares se habló de 504 imputados por idéntico motivo; el juez Pedreira ha perdido la cuenta de los implicados en el caso Gürtel; y los cordobeses ¡han sentado en su Ayuntamiento a Rafael Gómez!, paradigma de la mayor distorsión democrática que jamás pudo imaginarse.

Ignoro los latidos del alma cordobesa y mi afecto por la ciudad y sus vecinos está fuera de toda duda, pero alguno de los votantes a la “Unión Cordobesa” de Sandokán tendría que explicarnos las razones de su elección, para salvarnos a muchos de una muerte intelectual segura.

¿Quién puede confiar la gestión pública a un ladrillero fuertemente imputado en el caso Malaya por entregar 600.000 euros a Roca a cambio de favores urbanísticos? ¿Con qué argumentos se le abren las puertas de la caja fuerte municipal a quien debe 24,6 millones de euros al Ayuntamiento? ¿Qué pasa por la mente de quienes pretenden emular las hazañas de Gil?

Perdonen, pero tengo que abandonarles porque me falta el aliento y estoy a punto de perecer por disnea de “mal político”, al bucear a pulmón libre en el lodazal donde nos han sumergido, del que sólo puede salvarnos el compromiso de los jueces con la regeneración ética que necesitamos.

 

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