SECTARIOS

SECTARIOS

Si en vuestro deambular por la vida encontráis algún congénere que milite fanáticamente en un partido político, defienda irracionalmente una doctrina religiosa, abandere una ideología prestada o acaudille opiniones ajenas, con intransigencia desmedida, tened la seguridad que estáis ante un sectario.

Siniestros personajes heréticos de la democracia que pervierten el sistema desde dentro, como hicieron con el catolicismo los herejes que militaron en sus filas, desde Pablo de Samosata hasta William Colenso.

Buscad entre familiares, amigos y conocidos, algún sectario y si dais con él, miradle de perfil, y estad prevenidos para evitar el peligro inminente que os acecha si seguís a su lado.

Estos hemipléjicos mentales apuestan por la exterminación del contrario al precio que sea, haciendo sucias trampas en el juego democrático. Con cinismo paralizante ponen todos los medios y servicios a disposición de su partido, religión o líder, para que triunfe el proyecto ideológico que defienden.

Para conseguir el éxito inhabilitarán a todos los que se opongan en su camino, desprestigiarán al adversario, manipularán la información, distribuirán injustamente favores y comprarán con platos de lentejas la voluntad de los necios, sin reparar en humillaciones, desprecios, pasteleos y componendas nocturnas.

Sí, porque muchas actuaciones sectarias se gestan entre bastidores, mientras el resto de ciudadanos están ocupados en su oficio, sin apercibirse de los cambalaches, cambios de vestuario y modificaciones del guión que planifican los maniobreros en las tinieblas.

La función principal de los sectarios es apartar, separar, disgregar, discriminar a los que no saltan a la comba con ellos, a quienes piensan diferente, a los que no comparten su proyecto, a los discrepantes y a cualquiera que mire para el lado contrario y no aplauda sus errores.

Fieles seguidores de la doctrina implantada en el siglo III por Manes, su ideología no admite más que dos límites vitales, ocupando ellos el del bien y estando el restos de los mortales en el mal, que es necesario exterminar. Maniqueísmo que les  impide perseguir la unión de los extremos para transformar la lucha entre iguales, en bien común para todos.

 

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