RECOSTADO EN LA DESMEMORIA

RECOSTADO EN LA DESMEMORIA

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De la misma forma que mi poeta de la adolescencia no tenía explicación para sus fiebres, es difícil adivinar las razones por las que algunas veces se nos cuelan de rondón ciertos duendecillos, desempolvando recuerdos en el desván de la memoria, que nos envuelven en penosa melancolía de antigua mala historia olvidada.

Presencia sin vanagloria que reduce a un punto las profecías de bonanza, encorsetando la esperanza a lo impredecible sin premeditación alguna y tirando abajo las puertas de la desmemoria que clausuran detestables recuerdos, pretendiendo inútilmente hacer imposible la resurrección de personales historias indeseables de fracasados amores.

Recostarnos en la cara oculta de la memoria donde la negrura da paso a la desmemoria del luto, no es el mejor camino para la bonanza, porque corremos el riesgo de sufrir extrasístoles anímicas con presagio de fractura y anticipo de estéril rebeldía ante malaventuras vividas con la frustración de inevitable desconsuelo y acechanza de penumbra en el desesperanzado horizonte, por golpes de malhadado azar.

Tanta nostalgia empobrecida ha traído hoy a mi bitácora el encuentro fortuito con unas páginas perdidas entre mis papeles, escritas en el destierro vital, cuando la redención se antojaba quimera y el futuro era un punto negro que anticipaba  naufragio.

Son ellas la causa de mi pasajero abatimiento y el origen de estos versos que hoy dejo aquí abandonados, con el desprecio que se tiran a la papelera del olvido las experiencias despreciables de la vida.

Recuerdo, a veces,

olvidando el olvido,

recuerdos.

Los otros, los que olvido,

cuando a veces los recuerdo

ignoro por qué han venido.

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