PRESIDENTES CESADOS POR LAS BALAS

PRESIDENTES CESADOS POR LAS BALAS

Presis

Cuando voces más ignorantes que responsables, califican a quienes se manifiestan pidiendo trabajo, pan, justicia y vivienda, con adjetivos ofensivos como nazis, etarras, perroflautas o descerebrados, conviene recordarles que hubo un tiempo en que las protestas y gritos callejeros de ciudadanos desesperados, terminaban en asesinatos de presidentes de Gobierno.

El primero en caer fue el general Juan Prim y Prats, cuando en plena nevada del 30 de diciembre de 1870 que fue asesinado por el diputado republicano José Paúl Angulo en su carroza de caballos, estrangulándole con un lazo después de dispararle, tras patrocinar la entronización de la Casa de Saboya en la persona de Amadeo I.

Luego le tocó el turno al conservador Antonio Cánovas del Castillo, que fue asesinado en el balneario guipuzcoano de Santa Águeda por el anarquista italiano Michele Angiolillo, el 8 de agosto de 1897, al parecer, para vengar la muerte de unos anarquistas detenidos en Barcelona, así como por falsear la democracia con el bipartidismo, suspender la libertad de cátedra y mostrarse a favor del esclavismo.

El tercer presidente en despedirse violentamente de este mundo fue el liberal regeneracionista José Canalejas Méndez, el 12 de noviembre de 1912, a consecuencia de un atentado terrorista cometido por el anarquista Manuel Pardiñas en la Puerta del Sol, mientras el presidente curioseaba el escaparate de la librería San Martín, anulando el anarquista con su acción el empeño de Canalejas por acabar con el caciquismo en España y democratizar el país.

El conservador Eduardo Dato Iradier recibió veinte disparos el 8 de marzo de 1921, procedentes de las pistolas que empuñaban los anarquistas Mateu, Fort y Casanellas, que le dispararon desde una moto con sidecar junto a la madrileña Puerta de Alcalá, por su apoyo a la represión y a la Ley de Fugas que produjo tantas detenciones y asesinatos sin juicio previo.

Sobre el mortífero vuelo de Luis Carrero Blanco a manos de ETA el 20 de diciembre de 1973 hay poco que decir, porque no es tiempo de ello, dejando que futuras generaciones digan lo que crean que deben decir sobre el asesinato del almirante, así como del atentado sufrido por el presidente de FAES cuando lideraba la oposición al Gobierno socialista.

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