NOITE DA QUEIMA

NOITE DA QUEIMA

Me encuentro en la ciudad donde nadie es forastero golfeando durante unos días, dispuesto a celebrar esta noche la llegada del solsticio de verano al hemisferio norte, saltando nueve veces sobre la hoguera para ganar protección contra el infortunio y tener la
suerte de no encontrarme la desgracia en el camino durante el año que falta hasta la próxima hoguera.

 

 

 

 

 

Con el rostro iluminado por el fuego, pediré inútilmente que el sol no pierda fuerza, consciente que su debilidad irá en aumento a partir de hoy hasta alcanzar su límite con la
llegada del solsticio de invierno. Pero mantendré la esperanza en el fuego purificador como ardiente clavo al que agarrarme en estos momentos de dificultad, junto a los miles que anhelan el milagro de la catarsis depuradora.

En la playa nocturna chispeante de ritos precristianos intentaré comunicarme con el más allá para espantar los malos espíritus que habitan entre nosotros aprovechando que “en San Xoán meigas e bruxas fuxirán”. Pero no lo conseguiré porque su vida es larga y negros sus efectos.

 

 

 

 

Compartiré cachelos y sardinas asadas en fraternal compañía junto a desconocidos y juntos brindaremos con poción mágica hecha a bases de aguardiente, frutas, café y azúcar, tras dejarla arder en una marmita mientras conjuramos hechizos y maldades con cantos y
oraciones, pidiendo a las fuerzas del aire, la tierra, el mar y el fuego que el espíritu de solidaridad se una a la fiesta en todos los rincones del mundo.

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