GOBERNAR NO ES REPARTIR DOLOR

GOBERNAR NO ES REPARTIR DOLOR

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El yerno del ultraderechista Utrera Molina y a su vez responsable de la cartera de Justicia, es un ejemplo paradigmático de transformismo político pasando en horas veinticuatro del centrismo moderado de su padre José María a la derecha reaccionaria de su suegro don José, mostrando a los ciudadanos el verdadero rostro que su “País” ha estado desfigurando durante años.

Fue su padre quien descubrió la verdad del niño a Peces Barba en los pasillos del Congreso, diciéndole: “¿Conservador yo? Tenías que conocer a mi hijo Alberto, Ese sí que es de derechas”. Razón tenía el papá de la criatura.

No contento el ministro con haber hecho la mayor obra de caridad cristiana poniendo de acuerdo a jueces, fiscales, gestores, tramitadores, ordenanzas y personal de limpieza, el señor Gallardón ha llevado su vocación derechicida a la santidad, identificando a los políticos con verdugos encargados de torturar al pueblo, sin percibir que gobernar no es repartir dolor, sino aliviar sufrimiento

Gobernar es tarea que exige sabiduría, templanza, respeto, prudencia, vocación de servicio público y sentido común a las personas que ejercen el poder, para evitar provocaciones a la dignidad de quienes pagan su sueldo y mantienen privilegios que no merecen.

Alguien tendría que aclararle las ideas a don Alberto diciéndole que gobernar no es repartir dolor, como él ha dicho, sino promover bienestar, aliviar sufrimientos, remediar las desgracias, consolar tristezas y evitar injusticias.

Convendría que su director espiritual le aconsejara rezar menos y enseñar al que no sabe, curar al enfermo, atender al anciano, dar de comer al hambriento y proteger al parado, que ya los ciudadanos nos encargaremos de no olvidar a quien nos ofende hoy para sonreírnos mañana en la mesa electoral.

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