FULANISTAS

FULANISTAS

Mi inolvidable Elke se declaraba klausista cuando deseaba expresar su incondicional afecto y admiración a Klaus, el compañero que había pactado con ella amor eterno el lejano día en que decidió compartir la vida con aquella chiquilla minifaldera que apareció en el staatliche Gymnasium muchos años antes, cuando él era studienrat y ella una pobre einstweilig. Esas lealtades honran a quienes las practican porque las mueve un amor que lleva a ocuparse de la felicidad del compañero sin esperar nada a cambio de ello.

Algo parecido, en menor tono, le ocurre a los deportistas, que viven para el deporte; a los turistas, que buscan amaneceres tras las fronteras y nuevos encuentros en el ocaso; a los ecologistas, amantes de la naturaleza y de la vida libre; ilusionistas, estilistas, humanistas.

También es obligado decir que junto a ellos caminan seudo-istas, personajillos cubiertos de lodo que aparentan ser lo que no son, disfrazándose con adjetivos malversados por su comportamiento, distante del significado que realmente tienen las calificaciones que ellos mismos se otorgan en un intento de engañarnos a todos, acreditando con sus actitudes la falsificación aludida.

Así, nos encontramos con periodistas que manipulan lo que cae en sus manos y engañan a quien se acerca ellos; columnistas que aparentan saber de todo, aunque ignoren casi todo sobre lo que opinan; progresistas ocupados, sobre todo, en su progreso; catequistas intentando catequizar lo incatequizable; marxistas despistados; sofistas de micrófono, púlpito y tribuna; pacifistas de escenario; abortistas exaltados; machistas medievales; descerebrados camorristas; provocadores belicistas; consumistas ingenuos; diputados transfuguistas; prestamistas a la caza del ignorante; capitalistas sin escrúpulos intentando regates con aficionados sindicalistas de ocasión; pacíficos laicistas frente a beligerantes fundamentalistas; y toda la serie de oportunistas, chantajistas y estraperlistas que nos rodean a diario.

Pero dejadme preveniros contra el grupo de «istas» que anteponen a esta desinencia el apócope nominal de su padrino, es decir, de quien va a tirar de ellos para compartir poder, dinero, corrupción, engaños, trampas, fraudes, mentiras y …. banquetes, palcos, honores, privilegios, portadas, reverencias, servidumbre y otras cosas con las que ellos decoran su becerro.

Hablo de los fulanistas, que dejan a un lado las ideas y la dignidad personal, para seguir al ídolo de barro que va a ponerles comida en el pesebre, y corren tras él como los perrillos detrás del hueso que les arroja su amo. Me refiero a los aznaristas, juancarlistas, zapateristas, rajoystas, y tantos otros de cuyos nombres tampoco vale la pena acordarse.
Algunos de estos grupos con un solo miembro en su lista dispuesto a llevárselo todo él solito, dejándonos el consuelo de que la mayoría tiene que repartir alguna parte con sus palmeros reservándose, eso sí,  para ellos la mayor porción de tarta.

Y no creáis que el grupo de lideristas, es decir, de jefecillos, es pequeño. Son muchos, pero todos vulgares. Sí, porque sólo unos pocos privilegiados escriben páginas históricas que merezcan el reconocimiento ciudadano. La mayoría son procaces arribistas capaces de quitarle un caramelo a un huérfano. No penséis que exagero porque los he visto muchas veces pasando la guadaña a medio metro del suelo con intención de decapitar a los que no se agachan a tiempo.

Lo más triste, lo más desolador para el liderista, es descubrir que nunca ha sido amado. Puede haber sido respetado; incluso, tal vez, temido; pero nunca, amado. Porque el amor es lo único que perdura más allá de los bastones de mando, y a éstos se les acaba todo el poder el día que las urnas le quitan esa varita mágica de las manos.

Su falta de pensamiento propio hace que pasen sin dejar huella ni hacer historia. Incluso algunos pierden su identidad porque el fulanismo envuelve la más profunda indiferencia hacia la persona que apadrina el nombre.

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