FEORMOSURA ARTIFICIAL

FEORMOSURA ARTIFICIAL

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Pasados los pantagruélicos saturnales navideños que revientan básculas, saturan gimnasios y bloquean consultorios estéticos, hablemos de la selecta y culturalmente pobre sociedad de la belleza física y el escaparate, ocupada por estetas que han reservado el derecho de admisión a quienes pueden comprar el ticket que da acceso a la vidriera plastificada, donde exhiben la piel bronceada con infrarrojos los desocupados, desconociendo que la vejez no está en la arruga ni la juventud en la lisura.

Existe un gran comercio de narices, tetas, labios, glúteos, pómulos y casquerías afín, cuya misión es falsificar la foto del carnet de identidad, aunque no lo consigan porque todo aquello que está al alcance del bisturí no se puede comprar en la taquilla de la verdad, por muchos euros que se pongan sobre el mostrador de la cultura.

En los shopping centers del camuflaje estético se hacinan tersuras quirúrgicas en estanterías llenas de prótesis, siliconas, botos y bisturíes con sonrisas de porcelana, robadas con butrón de hipocresía social a los disconformes con su realidad corporal, creyendo que con el corte mejoran el atractivo interior que permanece inmutable denunciando sus carencias.

Al alcance de mentes huecas con bolsillos ocupados se ofrecen piezas selectas de carne humana, mutilación de imperfecciones, nuevos colores de pieles, estiramiento de arrugas y cambios de apéndices varios, hasta conseguir momificarse en clones idénticos de belleza estereotipada por la moda de turno, con el fin de seducir al vecino que camina al lado de los transformers por la calle hasta el socavón de la muerte, que devora todo esfuerzo por alargar el tiempo más allá de lo que a cada cual corresponde.

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