EL CAFE PENDIENTE

EL CAFE PENDIENTE

Unknown

La actitud tomada por algunos restaurantes de instaurar el “café pendiente”, es tan simbólica como real, tan testimonial como anónima; y tan solidaria como hermosa. Simbólica porque nada resuelve, pero mucho consuela; real, porque el café y la taza tienen forma, cuerpo y volumen; testimonial, por ser un ejemplo digno de imitación; anónima, por engrandecer la generosidad de quien ignora el destinatario de la dádiva; solidaria, en un mundo gobernado por la indiferencia ante la necesidad ajena; y hermosa porque son gestos que embellecen el comportamiento humano.

Se trata de cafeterías donde los ciudadanos pueden dejar pagado el café para un vecino a quien el sueldo no alcanza, sin saber quién va a ser el favorecido por la invitación. Sobre una pizarra anota el propietario del restaurante tantas rayas verticales como “cafés pendientes” de ser consumidos han sido pagados por clientes para quienes no pueden permitirse tan minúsculo gasto de subsistencia.

La idea surgió el Italia hace tres años, y hoy son más de cien las cafeterías que en España siguen su ejemplo, habiéndose servido en una de ellas más de mil “cafés pendientes”, degustados por personas de diferente color, sexo, cultura y religión, formando una gran cadena de favorecidos por un gesto sin aparente importancia, que se va ampliando al «caldo», al «zumo» y a otros alimentos.

Si algún lector de este blog desea colaborar con tal proyecto, basta con que entre en una de estas cafeterías y le diga al camarero: “cóbrame un “pendiente” y el mío”, para que cuando llegue un desconocido y pregunte: “puedo tomar un “pendiente”, por favor?”, el camarero se lo ponga sobre el mostrador para distraer el hambre con ese humilde tente en pie solidario.

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