DEMOCRACÍMETRO HUNDIDO

DEMOCRACÍMETRO HUNDIDO

Democracímetro

El instrumento que mide el nivel de democracia en España ha bajado a los infiernos, haciendo saltar por los aires la esperanza de los demócratas, porque la realidad político-social confirma la medición del democracímetro que se encuentra a niveles inferiores a cero absoluto, porque no hay democracia en un país donde la justicia discrimina a los ciudadanos y sentencia delincuentes en función de su poder o cuenta corriente.

No hay democracia en un país donde se oculta la verdad haciendo de la transparencia institucional una quimera y de la opacidad norma de conducta.

No hay democracia en un país contaminado de corrupción desde Finisterre a Gata y desde Creus a Tarifa, salpicando zarzuelas, concejos, diputaciones y partidos.

No hay democracia en un país que secuestra la voluntad popular un minuto después de abrir las urnas, cuando se concluye el escrutinio de papeletas y se proclama al ganador.

No hay democracia en un país donde se insulta a los desahuciados, se desprecia a los jóvenes y se reprimen manifestaciones ciudadanas pidiendo trabajo, pan y justicia.

No hay democracia en un país que convierte la mentira institucional en ley de obligado cumplimiento y hace consuetudinaria la manipulación informativa.

No hay democracia en un país donde la voz del pueblo y los pliegos de firmas ciudadanas rebotan en el frontispicio del Congreso de los Diputados contra el pueblo.

No hay democracia en un país infestado de politiqueros, que otorga sillones a prepotentes estafadores, corruptos, trepadores, ignorantes y usureros.

No hay democracia en un país donde la justicia social va mendigando por las esquinas derechos ciudadanos, dignas condiciones laborales y reparto equitativo de riqueza.

No hay democracia en un país menguado de moral colectiva, deficiente en ética institucional, quebrado de solidaridad ciudadana y sin esperanza futura.

No hay democracia en un país que vota a ciudadanos encausados judicialmente, aplaude a tonadilleras condenadas por estafadoras y tolera la prepotencia de los corruptos.

No hay democracia en un país gobernado por fácticos poderes y legislado por padrastros de la patria que mantienen torcido el Estado de Derecho.

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