DELEITE MUSICAL

DELEITE MUSICAL

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La carencia de habilidades mínimas para sacarle una elemental nota a la flauta dulce, y tener un oído musical como piedra de granito que me inhabilita para el manejo de cualquier instrumento incluido el tambor, no me incapacita para disfrutar gustosamente de la música que otros componen e interpretan.

Por eso, acompaño diariamente mi trabajo con música y asisto a conciertos siempre que tengo posibilidad de hacerlo, especialmente en estas fechas que despiden el año viejo y dan la bienvenida al nuevo, pródiga en conciertos vieneses y locales, como sucedió ayer por la tarde en el “Concierto de fin de año”, entre polkas, danzas húngaras, azules danubios, leyendas de besos, intermedios de bodas, goyescas, guitarras aranjovicenses de don Joaquín y cierre festivo con palmas a Radetzky.

Pero no quiero hablaros de esto, sino de un ángel musical que formaba parte de la orquesta en segunda fila de violines. Joven nacida para la música, porque no cabe mayor deleite musical que el expresado por esta chiquilla, con gestos, sonrisas y requiebros de arpegios, capaces de contagiar la pasión musical y llevar a quien esto escribe a un estado de complacencia envolvente difícil de expresar, inoculando mi ánimo con placenteros sueños, hasta hacerme nota musical en la caja de resonancia de su diapasón.

Al acabar el concierto no tuve más opción que acercarme a ella para agradecerle tan deleitoso contagio y el delirio musical que transmitió, augurándole una vida feliz junto a las cuerdas de su violín.

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