DEL SUEÑO A LA PESADILLA

DEL SUEÑO A LA PESADILLA

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Soñaban con tierras de promisión que alejaran sus estómagos de la hambruna, y con esa intención comenzaron a rodar miseria arriba hacia el milagro, hacinados en trenes, carretas y autobuses, con el alma seca por soles desérticos y a la intemperie, bajo el siniestro vuelo de aves carroñeras que acechaban, en espera de nutrirse con los muertos abandonados en el camino.

Desnutridos, agotados y somnolientos, cruzaron desiertos, vadearon ríos, se cobijaron en cuevas y comieron reptiles con hierbas de guarnición, hasta llegar a la frontera de la opulencia donde fueron desgarrados sus cuerpos en las concertinas y arrinconados como apestados en habitaciones con ventanas enrejadas, convirtiendo el sueño libertador de la indigencia, en detestable pesadilla.

Su delito: nacer al sur. Su ambición: sobrevivir. Su error: dejarse engañar. Su ingenuidad: confiar en otros hombres. Su esperanza: comer algo cada día. Su destino: la pobreza. Su realidad: el fracaso de la esperanza en la redención de la injusta condenación a la hambruna, en un mundo con alimento sobrado para todos.

Con el alma astillada por la frustración tras el desmedido esfuerzo, regresan hoy a la choza de la que partieron junto a la desahuciada familia, certificando los verdugos la entrega de los descarriados, mientras en los foros internacionales siguen los especuladores sin alma, discutiendo sobre la calidad del chocolate.

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