ASÍ SOMOS LOS CHARROS

ASÍ SOMOS LOS CHARROS

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A todas las visitas de amigos que recibo en esta charrería les digo las cosas que aquí cuento en clave de humor, cuando me preguntan por la gente de mi tierra. “Charros” que se “arrejuntan” bajo el reloj de la Plaza Mayor antes de irse “capacho” en mano, a tomar “pinchos”, con el trapío de los toros bravos que pastan entre las encinas de la tierra, mientras echan un “parlao” y “cascan” con todo “quisqui”, sean “badanas” o “cenutrios” los interlocutores.

Debéis saber que mis paisanos no crecen ni “abollecen”, aunque se “apimplen” de cebones sin que les dé un “aciburrio”. También van “pa-llá”, vienen “pa-cá” y se pierden “pa-hí”, como “arriazos”, sin tratarse con “fulanos” que siguen yendo al fenecido “Pryca” a comprar “hornazos”, porque la “chanfaina” es cosa de bares, el “farinato” de mercados y los “chochos” de La Madrileña.

Los salmantinos han “acachinado” las estaciones de primavera y otoño, cambiándolas por las de trenes y autobuses, quedándose sólo con las nieblas del invierno y la calima veraniega que “achicharra” “guiris” contra la piedra “fregadera” de los monumentos y “aborraja” posaderas en el suelo granítico de la Plaza, semanas antes de celebrar la “nochevieja universitaria”, criticada por vecinos “amohinados”.

Los jóvenes confunden el lema local, poniendo “arte” en el ligue, “saber” en el juego y “toros” cornamentados al día siguiente, apenas consolados con “buñuelos” de churrería, desconocidos por los “pardillos” que se “añusgan” con el bollo “maimón”, los “mojicones” y el “molledo”, antes de ir a “descambiar” “libretas” de pan al “tendero”.

No confundáis a los charros con el Zorro mexicano, cuando los veáis pasear por las “rúas”, con la “capa charra” o la “pelliza”, comprando “perronillas”, “chichas” o “torreznos” para hacer unas patatas de “herradero”, “revueltas” o “revolconas”, previas al tajo de “morucha”, que concluye con “amarguillos” o “repelaos”.

Cabe destacar algunas costumbres charras poco comunes en otras latitudes, como pintar cien veces el medallón de Franco y otras tantas veces limpiarlo. Iniciar la semana el martes y comenzar el fin de semana los jueves. Votar a la derecha. Hacer botellones, botelleros, botellitas y fiestas patronales tres días y el del medio. Sufrir con la Unión y disfrutar con el Avenida. Hacer aguas todos los lunes para celebrar el Lunes de Aguas. Dejar en doble fila de coches, aplicar acelerones con semáforo en rojo y correr riesgo de paraplejia en las rotondas.

Dicen que siete chalecos tienen los charros, para que nadie dé alcance a sus pensamientos. También dicen que los salmantinos sólo critican en los mentideros; que históricas familias ya dan menos pisotones en la ciudad; y que el humor seco de la encina forma parte de su carácter, como espero que demuestren quienes lean estos renglones de hoy, a ellos dedicados.

4 comentarios en «ASÍ SOMOS LOS CHARROS»

  1. mucho me he reído con el repaso (en su doble sentido) de las pecularidades de Charrilandia. Clavaítos han salido. Al igual que Dante con su Florencia natal, me considero, «salmantinus natione, non moribus», bilbaino (sin acento) dentro y milanés de adopción. Mis paisanos, en vez de tirar «pal» norte de portugal y hacia el noroeste peninsular (galiza, asturies, llión), como les traza la geografía y la historia, prefieren ser un barrio residencial de madriz. así les va.

  2. Pues sí señor, muy bien dicho, estos son los «Charros» a los que no tengo el honor de pertenecer porque como pregonaba un ilustre catedrático de griego de esta vieja Universidad, ilustre quizá, por su gran biblioteca, pero del que no conseguimos aprender la bella lengua de la Hélade, éramos leoneses, aunque yo defendía mi pertenencia a Castilla porque mi pueblo estaba junto a la frontera con Ávila y estaba rodeada de pequeños pueblos que llevaban la coletilla de «la frontera»: Adeaseca, Zorita. Por esa razón, me llamaba la «Fronteriza» cuando no «La Cid campeadora» porque, comisionada por mis compañeras era la única que me atrevía a abrir la puerta de la clase, a las 9 y un minuto de la mañana, por su costumbre inquebrantable de cerrarla a las 9 en punto. «NO» era siempre su respuesta malhumorada, pero yo dejaba constancia de que estábamos allí.

  3. Qué alegría leer estas charradas que son como un racho de encina echado bajo las trébedes para quen bulla el cocido en la cacerola que alegrará el cotarro de la cena.

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