Condeno la pena de muerte con la misma fuerza que rechazo la pena de vida para las personas que expresan libre y conscientemente su voluntad de ser ayudados a dejar este mundo sin dolor y cuanto antes, cuando el revisor del tren de la vida les ha picado el billete para el gran viaje, porque nada reporta el sufrimiento gratuito si el dolor no lleva a curación alguna, ni cuestiona la sagrada misión del médico por salvar la vida del enfermo, cuando ésta es insalvable.

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