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Año: 2019

EL TREN DE MI INFANCIA

EL TREN DE MI INFANCIA

Eran años de estraperlo, sabañones, dolor, cementerio y traje azul marino. Años de abandonar el desnutrido hogar familiar y marchar con la orfandad al hombro camino del colpicio, para restaurar en él penurias bajo la sombra amparadora de una acacia regada con lágrimas de infortunio en el Patio Central.

Idas y venidas, pasaporte militar en mano, a lomos de un cetáceo de hierro que esperaba sudando en la estación antes de dar un bufido anunciando su salida. Arranque lento, ceremonioso, entre quejidos de hierros y soplidos de vapor, previos al galope enloquecido sobre raíles, con un zarandeo que impedía la estabilidad de quienes recorrían sus entrañas revisando billetes para dar con los pícaros, y pidiendo carnets de identidad con la enseña policial detrás de la solapa, para trincar a “rojos” despistados.

Rodando hierro sobre hierro se acometían las trincheras tajadas en oteros, donde el ruido se hacía más ensordecedor como presagio de trueno, y el ajetreo multiplicaba el estrépito, preludio de catástrofe. Todo el temor quedaba en ceguera por la carbonilla que entraba tiznando de puntos negros las camisas, cuando alguien se olvidaba subir el cristal de la ventana, antes de introducirse la máquina en las fauces de la montaña a través del túnel arqueado con granito.

Soplaba y resoplaba el monstruo de acero en la planicie saludando con su columna de humo a los campesinos que agitaban pañuelos al viento asombrados de ver aquel prodigio trotar desenfrenado en la pradera, mientras ellos roturaban la tierra con yuntas de bueyes o recogían espigas en verano a golpe de hoz sobre las cañas.

Asiento de tercera, con listones de madera que vareaban el cuerpo; pan de hogaza con embutido y tortilla compartidos, mientras pasaba de mano en mano alguna bota de vino, entre bromas, chascarrillos y anécdotas que amenizaban el viaje del huérfano cabizbajo hacia el colpicio, tornándose meses después en nerviosa celeridad del reloj al regresar esperanzado a la casa prometida de los abuelos.

SECRETISMO NEGOCIADOR

SECRETISMO NEGOCIADOR

Los ciudadanos no merecemos el espectáculo que nos están ofreciendo quienes aspiran a gestionar nuestras vidas; ni el secretismo con que se está llevando a cabo el mercadeo de sillones, envuelto en contradicciones y acusaciones mutuas de mentiras entre los “negociantes”.

Tal situación nos obliga a pensar en alcantarillas políticas por donde discurre la mierda que alimenta a los que en ellas viven. ¿Qué cosas hacen, dicen, negocian, pactan, compran o venden los políticos que no podamos saber los ciudadanos? ¿Es tan grave lo que sucede en esos sumideros de podredumbre como para que se niegue al pueblo el derecho a bajar a ellos, sin temor a ser mordido por los rateros de información que se sientan en las mesas de negociación?

La política de ocultación que están llevando a cabo unos, otros y los de más allá, se relaciona más con beneficios personales, que con el interés general, por que tanto secretismo se sitúa más cerca del falso proteccionismo, que del respeto que los ciudadanos merecemos.

Un país que ha visto complacido la retransmisión en directo del juicio más importante que se ha celebrado en España en muchos años, ¿no está capacitado para ver en directo las negociaciones de los partidos para formar gobiernos, en caso de que tales intercambios se hagan en beneficio de los ciudadanos?

Indignados estamos y disconformes con las migajas informativas que se nos ofrecen y las contradicciones entre las “fuentes” de confianza que tiene cada partido, porque queremos ver y oír al pie de la letra qué propone cada cual, para saber a qué atenernos en futuros comicios electorales.

Tales reuniones secretas tienen más que ver con la autocracia que con la democracia. Sí, porque lo más característico de la oligarquía es el secretismo. Cuando en una democracia se empiezan a hacer las cosas a cencerro tapado, comienza a esparcirse por el ambiente el tufo de las cloacas y los ciudadanos salen huyendo del nauseabundo olor que destilan las fosas sépticas del pudrimiento negociador.

Sabed políticos que nos gobernáis, que la democracia es, sobre todo: luz, taquígrafos, información y verdad. Tened en cuenta que un pueblo maduro como el que pretendéis gobernar ha de estar informado de cuanto sucede entre bastidores y opinar sobre lo que hacen y dicen sus dirigentes en las mesas de negociación. Y no esperéis conformidad a vuestra forma de hacer, formando piña con deformada complicidad, pretendiendo deformar la información que dais a un pueblo formado y harto de deformaciones politiqueras.

EXCEPCIONAL EMPLEO

EXCEPCIONAL EMPLEO

Sin ánimo de competir con los publicistas, difundo una oferta excepcional de empleo que interesará a todos los ciudadanos, -estén empleados o parados-, habitantes de la piel de toro, desde Gata a Finisterre. Oferta que propongo inspirada en la desmedida subida de sueldos que se han adjudicado a sí mismos los alcaldes y ediles de muchos Ayuntamientos nada más ocupar sus poltronas en los respectivos Consistorios, sin haber realizado trabajo alguno que justifique tal incremento.

A tan detestable comportamiento se ha unido el vergonzoso y patético mercadeo de sillones en diferentes gobiernos, invitándome a difundir el hipotético currele que se ofrece en las oficinas de empleo situadas en las calles madrileñas de Génova, 13; Ferraz, 70; Alcalá, 253; Zurita, 21; y Nicasio Gallego, 9; a las que añadir otras 112 oficinas, aunque la recomendación sea acudir directamente a las cinco citadas, porque son las más capacitadas y con máximas posibilidades de satisfacer la demanda de empleo que se les solicite.

Según el díptico de contratación difundido por tales empresas, las condiciones que deben reunir los aspirantes al puesto de trabajo ofertado son de tipo personal y profesional. Entre las condiciones personales a satisfacer por los candidatos, destacan: ágil flexibilidad del tronco, permanente sonrisa de conejo, cintura apta para el regate, habilidad para escurrir el bulto; capacidad para decir lo contrario al pensamiento propio; piel dura como caparazón de tortuga; rostro impenetrable como Brando; cara de cemento armado; fuerza para recibir codazos de los correligionarios y habilidad para devolverlos en el momento de confeccionar las listas electorales en el despacho del patrón.

¿Habilidades profesiones necesarias?: ninguna. No se necesita siquiera la titulación básica en estudios primarios, ni saber idiomas, ni tener experiencia profesional alguna, ni acreditar mínima cultura, ni poseer certificado elemental de urbanidad, educación, capacidad de diálogo y respeto Basta con afirmar positivamente con la cabeza los gestos, actitudes y palabras del conseguidor.

¿Ventajas del empleo?: estabilidad salarial, en algunos casos vitalicia, al abandonar el sillón; inmerecido poder para decidir sobre la vida de los demás; impunidad absoluta ante las funestas decisiones que tomen; establecimiento del propio sueldo, muy superior al de los paganines; aumentos de salario a capricho; dietas y privilegios por saber respirar; y sueldo garantizado, incluso para holgazanes.

¿Desventajas de este trabajo?: ninguna, mientras los ciudadanos sigamos acudiendo a las urnas para votar partidistas listas cerradas, sin posibilidad de expulsar de ellas a los usurpadores, incapacitados, codiciosos y gandules.

No obstante, hay en este oficio titulados y personas cultas, aunque no se exija para ejercerlo titulación, ni capacidad, ni saberes. También se encuentran algunos trabajadores responsables, que dignifican la tarea sin necesidad de controlar sus actuaciones. Existen en el grupo ciudadanos que justifican su salario, sin necesidad de “fichar” a la entrada y salida porque su horario va más allá de los límites fijados. En este grupo castizo de seres humanos, los hay que gestionan honradamente los servicios públicos, acreditando capacidad para ello, honradez y trabajo. Si no lo creéis, yo podría presentaros a los que he encontrado tras mucho buscar con un candil en la mano, entre despachos, salones, antesalas y pasillos institucionales.

MAGISTRAL MAGISTERIO DEL MAGISTRADO MARCHENA

MAGISTRAL MAGISTERIO DEL MAGISTRADO MARCHENA

Concluida vista oral del juicio a los políticos catalanes encarcelados por su intento secesionista, es momento de hacer balance del mismo, comenzando por rechazar el apellido con que se ha calificado el litigio pues no se ha juzgado ningún “procés-proceso” político independentista, sino a personas políticas que cometieron actos delictivos en un esperpéntico ensayo separatista, que concluyó en desbandada, deserciones, silencio y decepción de los abducidos.

Por encima de todo lo acontecido durante el juicio, nos queda el estimulante recuerdo de un jurista excepcional, soberbio magistrado y modélico presidente, con talento singular para ofrecer al mundo la imagen de una justicia española muy diferente a la que ha ido en los últimos años dando tumbos por despachos políticos, tribunales internacionales, medios de comunicación y mentideros públicos.

Nunca una sentencia judicial estuvo tan legitimada antes de ser emitida como la esperada para los presuntos delincuentes juzgados por el más alto tribunal de nuestro país, pues nadie duda de su licitud y conformidad con las leyes de nuestro ordenamiento jurídico, ello gracias a la independencia política, erudición penal, conocimiento procesal, honradez mental, paciencia beatífica, estoica tolerancia y respetuosa actitud demostrada por el presidente Marchena.

Merecida confianza otorgada a quien ha demostrado serenidad infinita con acusados, testigos y defensas Singulares reflejos mentales para sortear con agudeza los regates, cepos, ratoneras y celadas que los abogados defensores le han puesto en el camino a la verdad. Tenemos certidumbre en el veredicto de un tribunal presidido por quien ha demostrado sobrada sabiduría jurídica para argumentar legalmente sus requerimientos sin posibilidad de réplica. Credibilidad en un magistrado respetuoso, que ha sabido conjugar la exigencia procesal con el amable razonamiento; armonizar la capacidad de diálogo con el límite impuesto por la frontera legal; conciliar tolerancia y rigor; y acomodar las normas procesales a lo más oportuno en cada momento.

Demos las gracias al magistrado Manuel Marchena por devolvernos la confianza en la justicia, aunque un buen abogado amigo dice que no todos los jueces son “marchenas”. Gracias por su talla profesional dignificadora de las togas judiciales que otros colegas han degradado. Y gracias por su lección pública televisada de cómo presidir un tribunal de justicia.

Proponemos por ello que se difundan los vídeos de sus intervenciones en cursos de Jueces, Facultades de Derecho, Escuelas de Prácticas Jurídicas, Colegios de abogados, despachos políticos y tribunales judiciales, para que magistrados, jueces y juristas sigan sus pasos en futuros los tribunales de justicia.

Hoy lamentamos que la sucia maniobra política urdida en su día por corruptas manos de Génova y/o de Ferraz, le hiciera presentar la dimisión voluntaria a la presidencia del Consejo General del Poder Judicial, sin darle tiempo a calentar el sillón, porque hubiéramos tenido un gran jurista a la cabeza de la mayor institución judicial del Estado. Pero el Ayuntamiento de Las Palmas donde nació tiene la oportunidad de hacerle hijo predilecto y dar el nombre de “Juez Marchena” a una calle de su municipio.

CENSURA PERIODÍSTICA

CENSURA PERIODÍSTICA

La queja de un amigo a quien han metido tijera en un artículo de opinión, contrasta con mi complacencia en estos “jugos” que exprimo cada domingo, sin que en los doscientos sesenta y tres artículos que llevo aquí publicados, se haya tocado ni una sola coma en ellos, lo cual me confirma el acierto de asomarme a esta plural ventana cuando Juan Carlos me propuso mirar al exterior desde su alféizar cada domingo.

El ejercicio de la libertad de expresión permite decir en voz alta lo que cada uno piensa, cuando tal derecho se ejerce sin insultar, difamar, ofender, ni mentir, siendo aspiración estéril pretender el pensamiento único, pues las diferentes concepciones de la realidad hacen imposible la existencia de una sola idea, de una opinión unánime, de un Dios exclusivo, de una opción única y de unos intereses comunes.

Es vano intento de los guardianes de su verdad, de los cancerberos del pensamiento único, de los vigilantes sectarios y los censores del criterio divergente, pretender neutralizar actitudes, opiniones, discrepancias y reprobaciones, metiendo tijera a quienes no sienten como ellos, silenciando sus opiniones, amordazando las críticas y condenando la discrepancia, por mucho poder que a los poderosos les sobre, con el apoyo del padre Astete que olvidó añadir la tolerancia en su catecismo, como virtud cardinal.

Aceptando como principio incuestionable que la libertad de cada uno tiene como límite el comienzo de la libertad ajena y el respeto al vecino, nadie tiene derecho a prohibir a los demás lo que considere que los demás no tienen derecho a prohibirle a él, por mucho que la oligarquía política, económica, religiosa y empresarial lo intenten, porque la condición humana va más allá de las pretensiones censoras.

No hay escena periodística más patética, desafortunada, injusta y triste que ver a un profesional de la información paseándose por las redacciones con tijera en mano. Para redimir a tales recortadores de pitones informativos, le recomendamos la lectura de los nueve principios básicos en los que Bill Kovach y Tom Rosenstiel fundamentan la profesión periodística, especialmente el sexto, que habla de otorgar tribuna a las críticas públicas.

Como decía la señora Graham, dueña del Post: “un diario es una empresa mercantil pero también un órgano de opinión pública cuya primera obligación es servir a los ciudadanos”. Con este pensamiento convirtió el Watergate en un mito del periodismo mundial, cuando los medios de comunicación vencieron al poder político. Hoy, los intocables Woodward y Bernstein, siguen siendo periodistas respetados y apreciados por ser reconocidos insumisos que mantuvieron intacto su esqueleto periodístico a pesar de los intentos que hizo el poder por astillar su libertad de opinión.

PESADILLA

PESADILLA

Apagaba dolorido la televisión al tiempo que el cielo picoteaba su bóveda para mostrarnos las estrellas, y la tijera del ocaso recortaba un círculo en la negra cartulina celeste dando paso a una opaca luna sin esperanza, ni brillo, ni plata, ni suspiro que pudiera aliviar la imagen de la pantalla que llevaba en la retina cuando recosté la cabeza en la almohada y puse a trasnochar el sueño, vigilante en el silencio acompasado de improvisados latidos entre las sábanas.

El recuerdo de lo visto no ayudaba al encuentro con Morfeo, cuando pude, al fin, entregarme a la transitoria desaparición diaria en dulce inconsciencia de duermevela, con el desesperanzador abatimiento de compartir con mis vecinos un país almonedado y aturdido por el desconcierto de ciudadanos que nada comprenden de quienes rigen su destino en el mercado político, sabiendo que no van a ser echados de los sillones a cinturazos.

Horas después, al abrirse la madrugada de este domingo, no me ha sucedido como al poeta, incapaz de recordar el sueño de medianoche, pues sufro la pesadilla de vivir en un país alejado de la realidad deseada por quienes lo habitamos, con reventones de bilis sobre las portadas de los periódicos y pantallas televisivas que nos zarandean el alma, mientras un escalofrío recorre nuestras espinas dorsales sin advertencia previa.

No puede ser cierto, me dije, sin certeza alguna. Pellizqué el brazo, sacudí la cabeza, di palmetazos en el rostro y me eché un jarro de agua helada por la cabeza para cerciorarme que estaba despierto, sin conseguirlo, pues la pesadilla era más fuerte que la negativa a consentirla.

Tal vez por eso anda en mi delirio revuelta la arcilla y las corbatas son lazos de horca que suspenden a los reos de los árboles donde los buitres esperan impacientes la aniquilación de los culpables, sin posible redención en los púlpitos ni perdón en las pilas bautismales regadas con sangre inocente y harta de sacrificios inmerecidos en altares donde las pancartas son blanqueadas por leyes artificiales dictadas por los ejecutados en mi pesadilla.