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Año: 2013

MEDIOCRE CLASE MEDIA

MEDIOCRE CLASE MEDIA

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Afirma un sabio muy hondo en las ondas, que la clase media es la más castigada por los recortes y la que más está sufriendo la crisis provocada por la clase alta, olvidando que la clase baja está por los suelos, mientras la clase media soporta con resignación cobarde las banderillas negras que le están poniendo en los costillares, sin decir esta boca es mía.

A comienzos del siglo pasado circulaba un refrán que decía: el sultán, pega al árabe, el árabe al moro, el moro al judío y el judío al burro. Y como el burro no tiene a quien pegar, tira coces al aire…. En esta cadena de castigos, el sultán es el poder financiero; el árabe es el Gobierno; el moro la clase alta; el judío la clase media; y el burro la clase baja.

Cabe esperar que el burro, harto de recibir palos, propine coces al judío, pero no es probable que continúe la inversión de la cadena, porque la clase media no parece dispuesta a moverse del sillón, conformándose con la supervivencia en medio de la catástrofe, maniatada por la tibieza y el conformismo, mientras golpea a la clase baja con la indiferencia, permitiendo que ésta siga en la miseria a la que está condenada a vivir.

La mediocridad de la clase media hace posible el asentamiento de los mediocres en las Instituciones públicas, oficializando así la mediocridad institucional votando a los mediocres, sin darse cuenta que estos no van a sacarles las castañas del fuego, porque sólo buscan satisfacer ambiciones personales, otorgadas por urnas escasamente democráticas.

OBAMA EN LA CELDA DEL TERRORISTA

OBAMA EN LA CELDA DEL TERRORISTA

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El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama ha visitado con su esposa Michelle y sus hijas Malia y Sashala una celda carcelaria situada en la isla de Robben Island rodeada de tiburones, donde permaneció encerrado 18 años, de los 27 que estuvo preso, el héroe nacional y primer presidente democrático de Sudáfrica, Nelson Mandela, condenado en ella a una pena de trabajos forzados a perpetuidad.

Hoy esta celda es un destino de peregrinaje obligado para todos aquellos que confiaron en su libertador. Hoy acuden miles de personas a tan reducido espacio para ver una delgada estera de paja en el suelo y la cubeta de baño para el aseo personal del preso más admirado y respetado, que hoy lleva con dignidad envidiable su 94 años de vida, en un hospital de Pretoria.

Estadista sudafricano que cambió el rumbo de su país con sabiduría, humildad, honradez y valentía, en la soledad de ese pequeño cubil, alimentado con potaje de maíz tres veces al día, recibiendo media hora de visitas cada seis meses y pudiendo escribir solamente dos cartas al año sin alusiones políticas, que evitó enloquecer o suicidarse forjando las ideas que fortalecieron su empeño en liberar a los de su raza de un injusto desprecio y abandono histórico.

Es, pues, buen momento para recordar que este luchador por la libertad, defensor de los derechos humanos y pacífico batallador contra el apartheid, fue considerado durante seis décadas un peligroso terrorista por el régimen racista sudafricano y por numerosos países que se sumaron a la condena de este revolucionario, desacreditando su fama, degradando su honor, humillando su dignidad y malversando su honestidad.

Uno de los países que con más firmeza y convicción mantuvieron a Mandela durante sesenta años en su tenebroso catálogo de terroristas más peligrosos, fue Estados Unidos cuyos gobiernos no lo borraron de la lista negra hasta el 1 de julio de 2008, hace hoy cinco años.

LIBROS DECORATIVOS

LIBROS DECORATIVOS

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El dueño de una importante librería me comentaba con ironía y decepción, la visita de una mujer a su establecimiento pidiendo que le llevaran a casa tres bloques de libros lujosamente encuadernados, que midieran setenta y cinco centímetros cada uno, para decorar con ellos el espacio libre de tres estantes domésticos desocupados.

Complaciendo a la señora, el dependiente le vendió los libros más caros que tenía desterrados al olvido en el almacén, envueltos uno por uno en papel de celofán y con el lacito correspondiente, para satisfacer el gusto de la dama que pretendía ocultar socialmente su incultura con lotes de libros.

Esta anécdota es ilustrativa de la realidad española donde se editan muchos libros, se lee poco y se presume mucho llevando libros a las estanterías privadas, porque la casa que no tiene libros carece de dignidad, como decía Edmundo de Amicis.

Propongo, pues, ediciones masivas de libros para iletrados, estafadores de la cultura y comerciales avispados, con miles de páginas en blanco y lomos adornados con purpurina, para exhibirlos en expositores de librerías especulativas, armerías contraculturales y tiendas de animales, con el nombre de «libros decorativos».

El libro como objeto comercial, elemento decorativo, ente presuntuoso y pieza doméstica ornamental, es carcoma que devora los anaqueles, ofende a la literatura, pervierte la cultura y hace realidad las palabras de Longfellow al afirmar que los libros eran sepulcros inservibles del pensamiento.

FRENTE AL MAR

FRENTE AL MAR

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No veo costa da morte alguna en la costa de vida que ahora contemplo desde un acantilado mientras escribo en mi cuaderno la nota de hoy, amparado por la luz inmaculada y diáfana de las primeras horas del día, que llega envuelta en un halo de romántico amanecer alentando la jornada, lejos de la prisa y el acoso tenaz de cláxones en asfaltos de ciudades turbulentas.

Temblores de luz sobre un mar de confusión, donde las olas rompen espumas dando pinceladas blancas a la superficie azul del océano, igual que titilan las estrellas en el cielo nocturno y los espejos rotos reflejan destellos virtuales sobre el horizonte cálido en esta mañana gozosa de luz, preludio de calimas estivales.

La nostalgia se amorriña con el deleitoso cansancio que hasta aquí me ha traído, paso a paso, por caminos verdes de olvidadas ermitas donde los enamorados se juraron amor eterno un lejano día de primavera, sorteando las piedras del camino que después hicieron imposible el regreso a los manantiales de amor, hoy secos por decisión ajena a voluntades propias y deseos presentidos.

Acaricio el aire contraviniendo la orden del viento y tomo la brisa por amiga sin más pretensión que descansar sobre ella, mecido en el rumor del viento que juguetea entre los tallos, mientras la hierba susurra en voz alta su crecimiento para que todos podamos oír ese milagro de la vida, como un día lejano sucedió en el valle del Burbia.

Estos sentimientos quiero dejar hoy en mi bitácora al repisar otra vez Galicia, con la extrañeza de que nada me sea extraño y todo se haga nuevo frente al mar, conjurando maldades y sinsabores en el verdor esperanzado de este rincón de España, que cada año me acoge como un hijo más de su tierra.

MANITO TIENE UNA CALLE

MANITO TIENE UNA CALLE

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No siempre la toponimia urbana pone su atención en celebridades nacionales y personajes universales, porque también el callejero tiene espacio reservado en sus rúas para ciertos héroes locales desconocidos en otras latitudes, que por su ejemplaridad han demostrado a los vecinos ser merecedores de recuerdo en los rótulos de las calles.

Ser humilde y no ser famoso; trabajar en silencio y no pregonarlo; perseguir un empeño sin rendirse a las dificultades; y abandonar este mundo sin ver satisfecho el deseo pretendido, es lo que sucedió al doctor Vázquez Iglesias que pasó luchando durante años para conseguir que la Torre de Hércules fuera declarada Patrimonio de la Humanidad, hasta conseguirlo el 27 de junio de 2009, cuando ya sus cenizas llevaban dos años custodiando la torre.

El alcalde de A Coruña y toda la familia del querido Manito han descubierto hoy ante un reducido grupo de amigos, la placa metálica que da nombre a la amplia calle que conduce al faro romano más antiguo del mundo, que lleva desde el siglo I orientando a los barcos que navegan en su entorno.

A partir del 27 de junio de 2013, todos los ciudadanos que quieran acceder a la Torre de Hércules, tendrán que hacerlo a través de la calle que lleva el nombre del orensano José Luis Vázquez Iglesias, hombre bueno, coruñés vocacional, médico ejemplar y fotógrafo de prestigio, que grabó en el objetivo de su cámara las mejores imágenes que imaginarse puedan de la Torre.

La “Novia de La Coruña”, como denominó este jefe de servicio del aparato digestivo del complejo hospitalario coruñés, al faro gallego, se  hermanó el 9 de septiembre de 2008 con la neoyorquina Estatua de la Libertad, y dieciséis días después con el Faro del Morro de La Habana, emblema de Cuba y faro más antiguo de América.

De la mano de Ángeles y acompañado de Mayte, fuimos los tres al homenaje y escuchamos los discursos emotivos del alcalde coruñés, el hermano del doctor y la hija del homenajeado, envueltos en las notas musicales del antiguo himno del reino de Galicia, que las gaitas y violines pusieron al son del viento.

PARIDAD

PARIDAD

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No hablo de la paridad como inversión de coordenadas espaciales, ni entendida como corrección de errores en una transmisión, o comparación de algo con otra cosa, o igualdad de cosas entre sí o relación de una moneda con el patrón monetario internacional vigente, que sería lo normal, como dictan las normas y academias. No.

Me refiero a la paridad de género en política, término empleado por los sabiondos mandatarios para expresar la igualdad de miembros, – y miembras, claro -, en las Instituciones públicas. Es decir, que haya matemáticamente tantos hombres como mujeres en gobiernos, parlamentos, diputaciones, concejos, parques de bomberos, cuerpos de seguridad, lavanderías, viajes espaciales, faros costeros, colas del paro y paritorios. Bueno, no, en paritorios no, mientras los hombres no puedan dar a luz.

Esto significa que muchas mujeres con demostrada competencia profesional, inteligencia probada, manifiesta capacidad de trabajo y honradez contrastada, no podrán ofrecer sus servicios a la comunidad porque la paridad política exige dar paso a hombres con evidentes condiciones inferiores para ejercer el trabajo correspondiente, porque la matemática exigida por la paridad impone su presencia, sin dotar de competencia a los elegidos, y va siendo hora de que una mujer presida el Gobierno de España, algo que no ha sucedido desde la extinción de los dinosaurios.

La incuestionable igualdad de género no debe confundirse con la paridad política, ni la igualdad de oportunidades despistarse con el reparto matemático de poder, basado en criterios numéricos y no competenciales, para seleccionar a las personas que deben realizar tareas que afectan al colectivo, donde la falta de cualidades para ello perjudica gravemente a los ciudadanos.

No creo que la gestión de la sociedad sea una cuestión que deba dirimirse a partir del género estadístico, igualando faldas y calzoncillos en las tribunas públicas, sino apelando a los valores de cada cual, dando primacía al talento individual, la honestidad particular, la competencia laboral, la integridad personal y la honradez profesional, pero estoy convencido que si el resultado de este cóctel se hubiera inclinado a lo largo de la historia a favor de las mujeres hubiéramos tenido menos guerras, más concordia, superior bienestar y mayor progreso.

Decía Borges con desacierto para unos, fortuna para otros e indiferencia para la mayoría, que la democracia es un abuso de la estadística, replicándole Carlyle en parecidos términos, afirmando que era el caos provisto de urnas electorales.  Yo creo que la paridad política basada en el género sexual va más allá, haciendo de la igualdad un esperpento.

INMIGRANITIS

INMIGRANITIS

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El duro comentario pronunciado por unas personas al pasar junto a varios hombres de raza negra que vendían en la calle sus productos, me ha confirmado que la inmigranitis es una enfermedad crónica propia de quienes padecen xenofobia, caracterizada por una inflamación persistente de la glándula insolidaria, productora de aversión enfermiza al inmigrante, cuando éste ofrece sudor y lágrimas al país de acogida.

Si el inmigrante viene a tomar el sol, dejar propinas, meter goles, llenar hoteles y consumir, es bien recibido, sin importar el color de su piel. Pero si se hacina en pisos, busca alimento en los contenedores, hace trabajos despreciables, es explotado y mendiga por las calles, entonces hay que dejarlo agonizar a las puertas de los hospitales.

Si el inmigrante exhibe tarjetas platino, juega al fútbol y toma piña colada en la cubierta de los barcos, es venerado por los súbditos nativos que les abren las puertas; pero si trabaja veinticinco horas al día realizando tareas que desprecian los aborígenes y cobra cantidades simbólicas para engañar el hambre, entonces se les mira con desprecio.

Si el inmigrante viene acompañado por un séquito de servidores y deja sin existencias lujosas tiendas, se le aplaude al salir de las galerías comerciales; pero si consigue un puesto de trabajo con papeles y gana el mismo salario que el nativo, hay que expulsarlo del territorio porque quita puestos de trabajo y arruina las divisas del país de acogida.

Si el inmigrante pasea en coches de lujo, se enriquece con dudosos negocios, blanquea bolsas negras de basura con billetes de color púrpura, entonces merece un asiento en los banquetes oficiales; pero si huele mal, va descalzo y lleva ropa ajada de empresa en empresa buscando trabajo, se convierte en intruso indeseable.

El dinero no necesita pasaporte para viajar, ni hay frontera que se oponga su paso, venga de donde venga. En cambio, el hambre muchas veces no llega siquiera a la frontera porque termina entre las algas del océano capturada en arrecifes para alimentar a los depredadores marinos o en comisarías policiales fronterizas o en centros de acogida donde el respeto brilla por su ausencia.