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Año: 2011

DESPEDIDA LITERARIA

DESPEDIDA LITERARIA

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Suerte para el autor de esta bitácora por tener los inmerecidos amigos que tiene, y palabras en el diccionario no encuentra para agradecer las pruebas de amistad que tantas veces ha recibido. Hoy toca turno a Jaume y Ana María que me han enviado para deleite de mi alma literaria y nostalgia del oficio, la literaria despedida que Ana ha dedicado a sus alumnos de 2º de Bachillerato, reproducida con su autorización, según me ha llegado:

LA LITERATURA SE DESPIDE DE SUS ALUMNOS

OS DESEO TODO EL CANDOR Y LA INGENUIDAD DE LA EDAD MEDIA PARA QUE EN VUESTRA VIDA NUNCA FALTEN LOS MILAGROS NI EL SENTIDO DEL HUMOR PARA SUPERAR ESTE VALLE DE LÁGRIMAS.

SAN GONZALO DE BERCEO OS SONRÍA.

OS DESEO TODA LA LUZ DEL RENACIMIENTO PARA QUE SEPÁIS ALCANZAR EL CENTRO DE VUESTRO PROPIO UNIVERSO A PESAR DEL MUNDANAL RUIDO.

SAN JUAN DE LA CRUZ OS GUÍE.

OS DESEO EL ESPLENDOR DEL BARROCO Y MUCHA FORTALEZA PARA ACEPTAR SU CONTRASTE CON LO TERRIBLE. QUE CUANDO AMÉIS NO OLVIDÉIS NUNCA QUE EL AMOR ES “HIELO ABRASADOR Y FUEGO HELADO”.

SAN FRANCISCO DE QUEVEDO OS ACOJA.

OS DESEO LAS DUDAS DE LA ILUSTRACIÓN Y LA CERTEZA DE QUE LA CULTURA OS HARÁ MEJORES Y MÁS FELICES.

SAN JOVELLANOS OS SEA LEVE.

OS DESEO LA FUERZA, LA REBELDÍA Y LA LIBERTAD DEL ROMANTICISMO PARA QUE SEÁIS DISTINTOS Y ÚNICOS Y ADEMÁS OS ACEPTÉIS EN VUESTRA DIFERENCIA. QUE LA JUVENTUD DE ESTE MOMENTO OS ACOMPAÑE SIEMPRE.

SAN GUSTAVO ADOLFO OS PROTEJA.

OS DESEO LA MIRADA CRÍTICA DEL REALISMO PORQUE TODAS LAS SOCIEDADES SON CRITICABLES Y TODOS LOS PROGRESOS ESCONDEN ALGUNA ESCLAVITUD.

SAN LEOPOLDO ALAS CLARÍN OS RECONFORTE.

Y POR ÚLTIMO,

QUE VUESTROS PASOS “SE HAGAN CAMINO AL ANDAR”

QUE “LA INTELIJENCIA OS DÉ EL NOMBRE EXACTO DE LAS COSAS”

Y QUE  “LA AURORA DE NUEVA YORK” Y TODAS LAS AURORAS OS RECIBAN CON LOS BRAZOS ABIERTOS.

QUE LA BELLEZA DE LAS PALABRAS SEA CON VOSOTROS. AMÉN.

Ana María Sánchez Sánchez, mayo de 2011

 

PADRES

PADRES

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Cuánto me estimulan y ayudan con sus propuestas y envíos quienes pasan por el blog, como esta viñeta que Curro me ha enviado, inspirando la página de hoy.

La moderna historia de la educación doméstica está siendo construida a pendulazo limpio, pasando las tres generaciones que hoy convivimos juntas, de un extremo disciplinar a otro, sin haber encontrado el equilibrio conciliador necesario.

No aprobamos el distante respeto que a los padres tuvieron que guardar los hijos de la generación anterior a la nuestra, reclinando la testuz ante ellos, obedeciendo ciegamente sus mandatos, tratándoles de usted, sin diálogo familiar, sufriendo maltrato algunas veces “por su bien” y alejados de sillones domésticos ocupados por una autoridad incuestionable.

Pero también rechazamos la situación actual, pervertida por un maltrato inverso que en algunos casos llega a los tribunales, cuyo origen hay que buscarlo en cariños mal entendidos aderezados con desgana, cansancio, ignorancia e intereses laterales, donde la disciplina familiar ha invertido los términos, sufriendo los adultos graves intolerancias de los menores, impensables hace apenas unos años.

No sé si esto que voy a decir será del agrado de todos los que pasen la vista por estos renglones, pero estoy convencido de una obviedad que muchos no comparten: los padres han de ser ante todo y sobre todo, simplemente, padres. Así de sencillo. No coleguillas, ni amigos, sino padres. Entre otras cosas porque si dejan de ser lo que verdaderamente son, sus hijos se quedarán huérfanos.

No olvidemos que el modelo de sociedad que a la nueva generación espera, depende básicamente de la actuación de los padres, con alguna colaboración de los centros educativos, medios de comunicación, vecinos, amigos y entorno próximo del educando.

Corresponde a los padres mantener un elemental principio de autoridad; una disciplina familiar básica; una dedicación diaria a sus hijos por muy cansados que lleguen del trabajo; un control sobre lo que ven y lo que leen; una vigilancia sobre las amistades; el consejo permanente; y la prohibición cuando proceda, porque la educación de los hijos es algo que corresponde casi por completo a los padres, aunque algunos quieran escurrir el bulto.

La sociedad futura, la de sus hijos que tanto preocupa a los padres, depende de la educación que ellos mismos les proporcionen, pero algunos descendientes tienen la mala suerte de tener los progenitores que tienen.

Los padres que educan a los hijos en el consentimiento absoluto, conseguirán que éstos no acepten negativas en el futuro. Quienes los aturden con regalos les impedirán saber el valor de una conquista. Los que todo les concedan les impedirá saber que no todo les pertenece. Aplaudirles cuanto hacen no fomentará su autoestima sino la negativa a tolerar críticas y disciplinas académicas, profesionales y sociales.

Si los padres van por la casa ordenando cuanto ellos desordenan y recogiendo lo que dejan tirado por todas partes, difícilmente conseguirán que sus hijos acepten responsabilidades propias. Si les enseñan a conservar para sí mismos sus pertenencias y territorio, desconocerán la solidaridad y la sociedad futura se guiará por el lema del “sálvese el que pueda”. Si la concesión a cuanto demandan es norma de conducta terminarán por hurtar lo que en el futuro se les niegue. Si los caprichos son siempre satisfechos, serán incapaces de renunciar a cuanto les apetezca. Si les permiten pasar la mente por cuanto les plazca, puede ser que a su cerebro lleguen ideas desintegradoras. Si les entregan cuantos euros demandan no apreciará lo que cuesta ganarlos. Si se ponen incondicionalmente de su parte, contra el profesor, el centro escolar, vecinos y amigos pensando erróneamente que todos van contra él, acabarán pisoteándolo todo, incluso a los propios padres, porque el maltrato de padres a hijos seguirá incrementándose peligrosamente entre la clase media y alta, mientras no se abran las puertas de las escuelas de padres, más necesarias que nunca en nuestra sociedad.

 

A VUELTAS CON STRAUSS-KAHN

A VUELTAS CON STRAUSS-KAHN

Sin juicio ni sentencia, no cabe otra opción que reflexionar en voz alta sobre lo ocurrido evitando hacer juicios de valor y descalificaciones personales, por mucho que el cuerpo nos las pida y tengamos las vísceras patas arriba, ante la imposibilidad de digerir la rueda de molino con que este hombre pretende engañar a jueces, jurado, familiares, ciudadanos y periodistas, declarándose inocente, como si todos estuviéramos afectados de la trisomía correspondiente.

Los que estamos de acuerdo con el pachecazo del alcalde jerezano, nos hemos sorprendido al ver que hay países donde a primera vista todos los ciudadanos son realmente iguales ante la ley, no dependiendo inicialmente de cuentas corrientes, intervenciones políticas, abogados mediáticos o presiones extrajudiciales,  y nos agrada ver que una humilde empleada puede enviar a la cárcel al poderoso que mancilla su dignidad. Esto nos ha permitido comprender por qué en el emblema de la justicia la dama que la representa  lleva los ojos vendados, igualando a todos ante la ley, por mucho que a los paisanos de Dominique les haya molestado verlo esposado en la pantalla.

Yo creo que en vez de ir esposado y con dos guardias a cada lado, debería llevar una camisa de fuerza,  tres psiquiatras, dos psicólogos y media docena de sanitarios a su alrededor, porque hay que tener la pinza muy suelta para ir por el mundo con un falo en la cabeza, en vez de llevar la castración que exige ser el máximo responsable de estabilizar el sistema financiero mundial. Semejante perdida de sentido de la realidad circundante, nosotros la hemos bautizado como “Síndrome de la Moncloa”,  conjunto de alteraciones que presenta un sujeto cuando el exceso de poder nubla la razón del afectado que llega a considerarse por encima de todo y de todos, aislándose en su torre de marfil con su infinito poder y sabiduría.

Es ejemplarizante esta acción de la justicia para los delincuentes de guante blanco, que pueden pasar de la seda al trapo en pocos minutos, entre aplausos del respetable que ve garantizada su dignidad y derechos, al tiempo que la democracia sale fortalecida.

Tan poderoso caballero pasó en tiempo inapreciable del avión en clase vip al austero furgón policial; del lujoso hotel a la celda penitenciaria; del colchón de látex al jergón; de las pulseras de oro a las esposas; y de la escolta protectora a los guardias de vigilancia. Todo ello por confundir la dignidad humana con una toalla de papel, que después de usada se arroja despectivamente al cubo de desperdicios.

Locura que confirma el envite irracional que se ha hecho a sí mismo el señor Strauss, apostando todo por nada, al arriesgar su carrera, prestigio, patrimonio, familia, lealtad, y futuro, por un capricho de apenas veinte segundos de discutible placer.

Pero no os hagáis ilusiones. Este acusado de acto sexual criminal, intento de violación y detención ilegal, es defendido por Benjamín Brafman experto en ganar juicios a famosos en iguales circunstancias, quien ya ha declarado que su defendido será absuelto. Algo que pretende conseguir mancillando a la denunciante con la ayuda de agentes de la CIA, contratados para buscar mierda bajo las enaguas de la empleada, lo que permite anticipar que veremos llorar a la justicia con la venda en la mano.

 

CENSURA PERIODÍSTICA

CENSURA PERIODÍSTICA

Comprendo la indignación de un amigo y hago mía su condena, porque alguien ha metido la tijera en su artículo, recortándonos la pluma a todos los que vertemos libremente opiniones en diferentes periódicos y foros, como es el caso de estas cartas abiertas que cuelgo cada día en el blog. Aprovecho la ocasión que me brinda Juan para denunciar la autocensura que imponen ciertos periódicos a los colaboradores que sostienen opiniones contrarias a la línea política dictada por los amos de la empresa.

El ejercicio de la libertad de opinión ante una realidad tan prismática como la que estamos viviendo, exige poder decir en voz alta lo que cada uno piensa, aunque la minoría que detenta el poder no quiera oírla ni lo permita, queriendo poner puertas al mar, en un vano intento de rechazar que la raza humana carece de pensamiento único por mucho que a algunos les perturben las reflexiones de otros. Las diferentes concepciones de la realidad hacen imposible la existencia de una sola idea, de una opinión unánime, de un Dios exclusivo y de una opción política única.

Los guardianes de la moral y de sus intereses, pretenden neutralizar la discrepancia con censura, sin admitir la reprobación de quienes no piensan como ellos, porque al poder le sobra todo lo que no sea dominio y cuelga del vacío al crítico, con el apoyo del padre Astete que olvidó añadir la tolerancia en su catecismo, como virtud cardinal.

Este lapsus doctrinal ha sido aprovechado por los censores – depositarios de la verdad de su amo – para imponer a los demás las convicciones del jefe. Pero se olvidan de algo tan simple como que nadie tiene derecho a prohibir a los demás lo que considera que los demás no tienen derecho a prohibirle a él. Esto es tan obvio, como incuestionable es que la libertad de cada uno sólo tiene como límites la libertad ajena. Si lo que se dice o se escribe no gusta, basta con cambiar de sintonía o de página.

Tradicionalmente, el Censor Mayor ha sido siempre el poder – tanto político como religioso – que ha tenido como cómplice a la oligarquía económica y empresarial para velar por sus propios beneficios protegiendo los intereses comunes a tijeretazo limpio. Pero el caso de mi querido Juan es diferente porque el mutilador del artículo ha sido quien tiene más obligación de defender la libertad de expresión: un periodista.

Por eso comprendo su malestar. Nada hay más patético que ver a un profesional de la información paseándose por la redacción con la tijera de la mano, ni existe pluriempleo más penoso que el de periodista censor. Pero no busquemos explicaciones lógicas a un comportamiento tan contradictorio, porque nadie va a comprender que se nombre jefe de bomberos a un pirómano.

Ese periocensor tienen poco que ver con el oficio periodístico y menos aún con la mayoría de sus hipotéticos colegas. Para redimirlo, recomendemos al censor la lectura de los nueve principios básicos en los que Bill Kovach y Tom Rosenstiel fundamentan la profesión periodística, especialmente el sexto, que habla de otorgar tribuna a las críticas públicas.

Como decía la señora Graham, dueña del Post, un diario es una empresa mercantil pero también un órgano de opinión pública cuya primera obligación es servir a los ciudadanos. Con este pensamiento convirtió Watergate en un mito del periodismo mundial porque los medios de comunicación vencieron al poder político. Hoy, el intocable Woodward, sigue siendo el periodista más respetado y apreciado de su ciudad por ser un reconocido insumiso gastronómico que ha mantenido intacto su esqueleto a pesar de los intentos que ha hecho el poder por astillar su libertad de opinión.

 

LADRONES LITERARIOS

LADRONES LITERARIOS

Invito desde aquí a todos los lectores de este blog a participar en una huelga de ojos caídos contra los ladrones literarios que representan una epidemia inmune a toda vacuna intelectual.

Estos ladrolarios han existido siempre sin que nadie les haya puesto freno. Por eso en mi país han proliferado últimamente muchos escritoroides que practican impunemente el detestable oficio de adjudicarse textos escritos por otros.

Son personajillos grisáceos que abarcan todo el espectro social, desde meretrices hasta sabihondos desorientados. Pasando por artistas de bisutería; cantantes de inodoro; empresarios de la nada; periodistas de cuadrilla; profesores infiltrados; políticos multicolores; improvisados telebasureros; oportunistas, caraduras, escribas y fariseos.

Estos mediocres pretenden alcanzar fama literaria atajando por lodazales, sin darse cuenta que la mierda siempre acaba saliendo a flote por mucho que quieran esconderla en su cínica procacidad. El descaro de tales impostores convierte la anécdota en provocación.

Se han disfrazado de escritores para acceder al templo de la sabiduría y ahora están escondidos tras las columnas, porque los verdaderos sacerdotes no les han hecho el sitio que reclamaban para ellos los empresarios mediáticos del “todo a cien” que descatalogan obras de Shakespeare, en beneficio de los basura-sellers. Timan al pueblo, pero no a quienes se han dejado las pestañas dignificando la creación literaria. Entre los pontífices nunca tendrán cabida tales carteristas, porque los chupaeuros no encontrarán en ese mundo ninguna comprensión a su despreciable cleptomanía.

En cambio los saqueadores de ideas tiene su espacio entre los ciudadanos, porque a la sociedad le preocupan más los ladrones de gallinas que los rateros de ideas. Tal vez por eso los magistrados todavía no han encerrado a ninguno de estos mangantes, pues los compasivos jueces consideran bastante pena su frustración, y no quieren añadir más dolor a su falta de talento, aunque les echen una reprimenda en la sentencia por robar lo que pertenece a otros.

Don Manuel, – todo el mundo de pie – siendo ministro de desinformación, nos dijo sobre el Horizonte Español lo que ya nos habían anticipado dos años antes sus amigos Mora y Cárcer. Comprenderéis que con este ejemplo, Lucía Etxebarría no tuvo más remedio que nutrir su Estación de Invierno de referentes y tópicos literarios vendimiados en las colinas de don Antonio, queriéndonos hacer creer que tenían parcelas comunes de pensamiento. ¿Sabiáis que el mismísimo Camiliño estuvo sentado en el banquillo de los acusados con la Cruz de san Andrés en la mano, porque la Audiencia de Barcelona aceptó la querella por plagio presentada por Carmiña? No podía faltar es esta nómina de depredadores el inefable Zaplana, echando mano de la obra de Pujalte con su habitual caradura, para hablarnos del Acierto de España. Luis Alberto de Cuenca que fue Secretario de Estado de Cultura y Director de la Biblioteca Nacional con los populares, reconoció sin pudor que su libro La piratería clásica bebía abiertamente en el clásico de Gosse y tuvo la desfachatez de salpicar a todo el mundo afirmando que se trataba de una práctica habitual.

La desvergüenza con que estos estafadores pretenden justificar su fechoría, produce náuseas, porque desprecian burdamente la inteligencia de los demás. En unos casos, sacan de su corrupta chistera intelectualoide términos que no existen en el diccionario para calificar, por ejemplo, de intertextualidad, lo que es simple y llanamente un vergonzoso plagio, como hizo desde la Atenas de Pericles el señor Racionero, también director popular de nuestra Biblioteca Nacional. Más vulgar fue la periodista rosa, Ana Rosa, calificando de error informático el plagio de su “negro” y mostrando públicamente el Sabor a hiel que le dejó la trampa de su ex-cuñado. ¡Qué tiene bemoles sostenidos los pétalos de la Rosa y las elogiosas palabras de la expresidenta del gobierno en la presentación de semejante bodrio! O el caso del señor Attali, que echó balones fuera culpando de su plagio al editor por olvidarse entrecomillar el texto.

Estos cuatreros literarios son la expresión más gráfica de la impotencia creativa y en nada se parecen a los pacientes copistas medievales que reproducían manuscritos inservibles en el silencio cenobial de los escritorios monacales de Suso y Saint Galen. Tan deshonestos pícaros desconocen el valor de la dignidad porque sólo les interesa el negocio o el fraude en el currículo profesional, como le ocurre, por ejemplo, al hijo de un máximo responsable provincial de la política educativa popular, de cuyo nombre prefiero no acordarme. En este caso, por ejemplo, el padre ha transmitido en los genes a su descendiente este despreciable arte y el vástago ha publicado como autor, un libro de su progenitor. Eso sí, con otro título. El padre, profesor en la ciudad que no se dejó conquistar en una hora, ha saltado a la política; y su becado hijo será profesor universitario en la pequeña Roma, si nadie lo remedia. ¿Cómo lo veis?. Tal vez se trate de un autoplagio generacional inspirado en la Biblia, pues el propio Dios se plagió a sí mismo haciendo el hombre a su imagen y semejanza.

 

POCIÓN MÁGICA

POCIÓN MÁGICA

Quien esta página escribe no es especialmente aficionado a ver en una pradera urbana a veintidós jóvenes en pantalón corto corriendo detrás de una bola de aire, pugnando entre ellos por introducirla en un marco rectangular defendido por un arquero. Pero si el espectáculo promete interés y recreo, me acomodo con mi hijo y amigos delante de la pantalla, como hice ayer noche, para disfrutar del espectáculo, concluyendo que el vencedor de la contienda futbolística hizo trampas, porque jugó con ventaja.

La diferencia entre los jugadores del Barça y el resto de los futbolistas del mundo es que éstos necesitan tomar crematísticos estímulos externos para ganar los partidos que disputan, y Guardiólix y sus chicos van sobrados de un excitante más poderoso, porque todos ellos se cayeron de pequeños en la marmita de la Masiátrix, quedando saturados de una poción mágica que les durará para toda su vida deportiva y personal.

Pócima con cualidades despertaderas de valores desconocidos en los distintos adversarios que les disputan la victoria, por mucha que sea la fama de éstos. Potingue elaborado por druidas que habitan desde 1979 en una antigua residencia payesa construida en 1702, que infunde a los alevines un espíritu desconocido en todas las latitudes, complementario y más importante que las tácticas futboleras, estrategias de ataque, pizarras explicativas y talones en blanco.

El brebaje del que se intoxicaron de niños les hace invencibles no porque toquen el balón con maestría envidiable para el resto de los mortales, lo cual es verdad. Tampoco influye demasiado en su capacidad para hacerlo girar en el aire a su antojo. Ni interviene en la habilidad que tienen para enviarse el esférico unos a otros con precisión de tiralíneas. No. El secreto del bebedizo no afecta a tales destrezas externas, ni fortalece los músculos, ni aumenta la resistencia física de los intoxicados.

Lo que este bebistrajo le infunde es una disciplina personal y deportiva inquebrantable. Una lealtad a sus principios deportivos tácticos inviolable. Un amor al oficio que les hace convertir la competitividad en divertimento. Una visible amistad interna que les lleva a sacrificarse en la cancha por el compañero. Un muro de solidaridad infranqueable para los adversarios. Un espíritu de sacrificio envidiado por los trapenses de Venta de Baños. Una sincera humildad franciscana. Y una generosidad deportiva sin límites, para homenajear a sus aficionados.

Este es el secreto que ha empujado a los catalanoespañoles a la cumbre del fútbol mundial, mientras otros empresarios de este deporte buscan la solución en talones bancarios, carentes de valores que contrarresten el milagro de la cuna azulgrana, porque en los bancos y el merchandising no se encuentra el antídoto a la pócima mágica que inyectan a los aprendices en la Masía.

 

OMBUDSMAN

OMBUDSMAN

Ombudsman, o si se prefiere mejor, press ombudsman, que viene a ser algo así como defensor del lector,  es una curiosa figura cuya sombra se mueve por las redacciones de algunos periódicos, – sólo de algunos -, con la teórica función de garantizar los derechos de los lectores y responder a sus preguntas, quejas y propuestas sobre lo publicado en el rotativo donde sobrevive, controlando también que el tratamiento de la información que ofrezca el periódico cumpla las reglas básicas que satisfacen la ética periodística.

¡Qué bonito!

Pero no os hagáis ilusiones. Es una nueva pancarta con escasa incidencia real porque la mayoría de los periódicos no tienen en su nómina a tan incómodo personaje, y los que presumen de tenerlo lo subemplean en fingidas tareas secundarias para lavar la imagen de la cabecera, pagándole buenos honorarios por la escasa defensa que hace de los lectores, incumpliendo así la función para la que fue contratado.

Es decir, que un periódico, – tenga o no tenga ombudsman – puede manipular la información a su antojo, puede jugar con el honor de las personas, puede cuestionar la honra de ciudadanos concretos, puede mentir, subvertir argumentos o dar falsos datos en sus páginas, todo ello con la mayor impunidad y descaro, siempre que no caiga en el insulto personal o en acusaciones que afecten a los códigos jurídicos, en cuyo caso el querellante estará siempre a merced de los jueces, porque el espíritu de la ley es resbaladizo.

Así actúan algunos periódicos, reservándose, además, el derecho a silenciar la réplica del ciudadano golpeado en sus páginas, pudiendo continuar a palos con él en sucesivas entregas, hasta dejarlo completamente noqueado a los pies de la sociedad, ignorante de lo que sucede entre bastidores porque la información que desfavorece al medio va a la papelera, como hacía Goebels en sus mejores tiempos, impidiendo que en el interior se conocieran las opiniones adversas que llegaban del exterior. Ese maestro del marketing social supo bien promover odios y alejar a las masas de toda la realidad que no beneficiara al nazismo.

Esta situación que vulnera los más elementales códigos de la ética periodística, merece ser denunciada en voz alta, – aunque nadie nos oiga -, porque los ciudadanos estamos indefensos ante cualquier difamación pública, agresión desmedida, descalificación gratuita o ataque arbitrario a nuestro honor y buena fama, en ciertos medios que ocultan las réplicas y pervierten opiniones haciendo de ellas ronquidos que el fustigado nunca pronunció.