VECINOS PENINSULARES

VECINOS PENINSULARES

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Buscando verdores deportivos de praderas alfombradas donde hacer rodar pequeñas esferas de irregular superficie hacia el distraído hoyo que espera impaciente su llegada, piso la tierra republicana portuguesa que rompió el maridaje peninsular en 1143 con Alfonso Enríquez y la bendición apostólica de Alejandro III.

Es fácil sentirse en Portugal como en casa propia porque resulta placentero degustar sus platos gastronómicos, reconfortante disfrutar de los paisajes que adornan el país y gratificante gozar de la hospitalidad que brindan los vecinos, aunque estén pasando el peor momento social de las últimas décadas, como le sucede a millones de españoles.

También es buen momento para recuperar las dormidas Lusiadas de Camoens, empapar el espíritu errante con Saramago, recrear el tiempo con los heterónimos de Pessoa y sosegar el ánimo leyendo Los Simples versos de Junqueiro, el buen amigo de Unamuno.

Sabed que Portugal huele a campo virgen, sabe a vino añejo, sueña quimeras imposibles, entona románticos fados, come bacalao embravecido y entona Grândola Vila Morena desesperanzado yen silencio, mientras recuerda su historia de grandeza cuando el mar era su dominio sin puertas ni secretos para sus conquistadores.

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