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VERDADERAS INOCENTADAS

VERDADERAS INOCENTADAS

La Iglesia Católica celebra hoy el día de los Santos Inocentes para recordar a los niños menores de dos años que ordenó liquidar el Rey Herodes en Belén, pensando que entre ellos se llevaba por delante al futuro rey de Israel.

Pues bien, la tradicional pandereta nacional ha transformado tan penosa evocación en un día festivalero, haciendo que en esta jornada proliferen las bromas, como níscalos en pinares. Estas chanzas se dirigen a los inocentes que carecen de malicia y no causan daño a nadie, porque son más ingenuos que bambi en la noche de reyes. Muchos no se librarán de lucir en la espalda la silueta recortada de un muñeco de papel en actitud carnavalesca, con brazos y piernas abiertos.

No faltarán los que den crédito a la foto periodística de un marciano tomándose un chocolate con churros en la cafetería de Ramón; el divorcio de nuestros principales príncipes principescos; el nuevo teleférico que han puesto a la Luna desde la Plaza Mayor;  o la imagen del Queen Elizabeth atracado en un charco de la Plazuela de la Libertad debido a un nuevo reventón de tuberías. Estas noticias nos obligan a leer hoy los periódicos con algo de escepticismo y grandes dosis de humor, aunque el horno político no esté preparado para introducir bollos en él.

Como podéis ver, estas burlas inofensivas están basadas en mentiras que nada tienen que ver con las patéticas candongas que nos regala a diario la misma prensa que hoy bromea con nosotros. Aunque los reporteros sean los mismos y no cambien los lectores, ya se encargan los polítiqueros, prestamistas, comerciantes, vendedores, explotadores, pederastas, charlatanes, especuladores y farsantes, de gastarle “inocentadas” el resto del año a los ingenuos, a base de negras patrañas que nada tienen que ver con las piadosas trolas que hoy nos hacen reír .

¿Tenéis noticias, por ejemplo, de unas peligrosísimas armas de destrucción masiva apostadas en la antigua Mesopotamia junto a las orillas de los bíblicos Éufrates y Tigris? ¿Pensáis que todo el mundo tiene claro eso del TAE, TAO, TIO y jergas similares, cuando llaman a la puerta de los bancos? ¿Habéis contabilizado los fraudes en la memoria de calidades de las casas vendidas sobre planos, y los desperfectos en las viviendas al entregar la obra? ¿Alguien os ha aclarado alguna vez la letra pequeña de las pólizas de seguros que suscribís? ¿Qué os ha sucedido en ese viaje de ensueño organizado por agencia, transformado en pesadilla? ¿Qué habéis hecho con ese vale por 50 euros que os ha hecho el comerciante cuando le devolvisteis el regalo que no satisfacía vuestro gusto? ¿Cómo podéis defenderos de los timos en las compras por correo, de las ofertas falsas y de las interminables horas de espera en andenes y aeropuertos? ¿Qué hacer para blindaros de los trileros de corbata y guante blanco que nos rodean? ¿Quién se cree eso de que la justicia es igual para todos? ¿Cómo rearmar éticamente a una sociedad consumista que nos está consumiendo como Saturno devoró a sus hijos?

Sigo con las “inocentadas”, aunque se me erice el vello pensando en esa joven prostituta que unos farsantes trajeron desde no se sabe dónde, engañada con promesas de trabajo estable. O ese niño seducido por un puñado de caramelos que termina en las páginas más detestables de Internet. O el anciano al que timan sin consideración alguna en su propio domicilio. O el sursahariano que duerme sobre cartones y es explotado por un empresario sin escrúpulos.

A estos inocentes debemos hoy recordar y defender de tales “inocentadas”, enviando a la hoguera a tanto sinvergüenza como anda suelto, para emular al vallisoletano don Tomás, que con menos motivos calcinó la razón de los pensadores en su época, con el aplauso de papas y obispos.