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CON «NI-NIS» NO HAY FUTURO

CON «NI-NIS» NO HAY FUTURO

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Ayer hemos sabido que el 25 % de nuestros jóvenes menores de 30 años están siendo obligados por el “sistema” a sobrevivir en situación de parasitismo social a expensas de sus familiares y amigos, lo cual explica que millones de jóvenes estén contra el “sistema” y luchen por acabar con él, con el apoyo de miles de compañeros que están sudando lejos de la tierra que les vio nacer.

El dato no lo aporta mi vecina, sino la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, formada por 34 países con la misión de promover políticas que mejoren el bienestar económico y social de las personas, buscando soluciones a los problemas comunes, siendo este problema nuestro incomparable con el resto de países europeos.

La información aportada por la OCDE no permite especulaciones ni dudas sobre su veracidad, porque la integridad, honradez, transparencia y objetividad de los análisis que realiza son independientes, limpios y basados en experiencias consecuentes con la evidencia de los hechos reales.

No olvidéis, pues, que gozamos el triste privilegio de ser el país con mayor porcentaje de “ni-nis” entre nuestros ciudadanos, llegando al 25,79 % de mozos que ni estudian ni trabajan, algo que nos cierra las puertas del futuro, porque sin brazos jóvenes y fuertes que tiren del carro, el porvenir de España se oscurece y enturbia, por ahogar irresponsablemente el porvenir de dos millones de muchachos a quienes la sociedad les niega oportunidades de empleo.

EL «SISTEMA»

EL «SISTEMA»

Estamos dominados por un “sistema” que ha impuesto su método, donde impera el dominio de unos países sobre otros y de unas personas sobre otras, sin que los perjudicados se rebelen contra él, ni los beneficiarios del mismo agradezcan los servicios prestados a los remeros que sudan en las galeras de sus barcos para que ellos viajen felizmente en cubierta, tomando el sol y bebiendo piña colada.

Evito hablar de clases sociales para no herir castos oídos de puritanos capitaleros y eludir la crítica de sus palmeros publicistas, acusándome de utilizar un lenguaje trasnochando y perdido en la historia, por real que sea el desequilibrio existente entre el palacete y la chabola; el yate y la patera; el avión y la bicicleta; los sueldos millonarios y las limosnas; el caviar ruso y el mendrugo; la hartura y la hambruna.

El “sistema” ha convertido al vecino en enemigo; el amor en estraperlo; la solidaridad en rapiña; los trabajadores en utensilios; la competencia en peldaño de ascenso; el poder en ángel de la guarda; y el dinero en becerro de oro al que adorar cada noche antes de dormir y reverenciar por la mañana al salir de casa.

VISIÓN DE MADRUGADA

VISIÓN DE MADRUGADA

La ventaja que tenemos los madrugadores es lucir mente fresca al alba gracias al relente matutino, algo que nos aporta sorna y frescura para encarar la pantalla en blanco del ordenador sin mucho esfuerzo y con ideas a flor de piel que brotan espontáneamente con la humedad matinal.

Así me ha ocurrido hoy cuando una ensoñación despistada me ha visitado por sorpresa mientras trabajaba en el futuro libro, obligándome a cambiar de pantalla para deciros que no creo en ciertas casualidades sin sospechar una segunda verdad.

Es decir, no puedo creerme que todos los gobernantes y líderes financieros del mundo hayan sido tan tontos como para dejarse sorprender por la crisis que ahora ellos mismos gobiernan. Que no me lo creo, vamos, aunque no falten entre tales líderes los inevitables ineptos que hay en todas las organizaciones humanas.

Para entendernos, voy a decirlo por derecho: tengo la segura pero indemostrable convicción de que la crisis mundial ha estado provocada intencionadamente por el establishment del sistema para consolidar con más fuerza un modelo socioeconómico que les beneficia.

No encuentro otra explicación al sostenimiento de la burbuja hasta que convino pincharla, con efectos tan favorables para la privilegiada casta social que decide sobre la vida de los demás. Basta ver que los efectos están llevando a un mayor enriquecimiento de los más ricos con oportunidades de millonarizarse impensables en otros tiempos, mientras que el empobrecimiento del pueblo está llegando a cotas inimaginables hace apenas unos años.

Si a esto se añaden los esfuerzos que están realizando los gobiernos para salvar, reforzar y consolidar el sistema, arruinando al pueblo, no queda otra opción que pensar en una quiebra premeditada y planificada para reforzar el poder económico por encima del pueblo.

En fin, disculpen estar visiones oníricas fruto de los madrugones que me impiden tener una visión clara de la realidad que cuentan gobiernos, sabios tertulianos, especialistas financieros y la pescadera que me vende el bonito para el marmitaco.

DEL SUICIDIO AL HOMICIDIO

DEL SUICIDIO AL HOMICIDIO

La defensa que hacen del “sistema” los beneficiarios del mismo, y  los ajustes de pantalón que el Gobierno está imponiendo al pueblo, terminarán por conseguir que los ciudadanos arruinados por el modelo y los recortes acaben con los autores de ambos sin miramiento alguno, cambiando simplemente los suicidios por homicidios.

En principio, algunos desfavorecidos han optado por la autoinmolación a los pies del Partenón, el suicidio en las escalinatas romanas o la muerte lenta por objeción al copago farmacéutico, como ha hecho Agustí Aguilar, un jubilado con incapacidad permanente que morirá no tardando mucho por negarse a pagar las múltiples medicinas que necesita para sobrevivir.

Estos suicidios y los que están por venir, no han afectado a los dirigentes del sistema, sean políticos, banqueros o grandes empresarios, que se mantienen firmes en sus privilegiadas posiciones sin mover una pestaña, ni tener en cuenta el riesgo que corren si se invierte la voluntad de los suicidas.

Quiero decir que puede llegar un día en que estos ciudadanos desesperados decidan abandonar la vida acompañados por quienes les han puesto la soga al cuello. Pretendo avisar a la impasible clase dirigente del riesgo que corre si los suicidas que viajan al valle de Josaphat acuerdan llevarse por delante algún ministro, consejero de empresa o diputado que aplaudió la ruina, para dar utilidad a su muerte, garantizándose al tiempo un espacio eterno en el altar de mártires por redimir a sus hermanos de los depredadores.

E.S.O.

E.S.O.

Nunca pensé que tras la prejubilación tendría que volver a decir públicamente algo que “prediqué” en Institutos de España durante cinco años, explicando la reforma educativa y el modelo de evaluación patrocinado por ella.

Es el abogado José Ignacio Wert quien me anima a ello, no por su condición de jurista o sociólogo, sino por ser el responsable de dirigir la política educativa del país, aunque jamás haya pisado un aula, lo que explica la cantidad de disparates que suelta, como si estuviera en una de esas tertulias con sabelotodos, en las que participaba antes de ocupar el sillón ministerial.

Alguien debía orientar los pasos de este “pilarista” porque desde que abandonó el análisis de encuestas va por la política dando más golpes en la herradura que en el clavo, lo que explica la escasa valoración que los ciudadanos le dan en el barómetro del CIS.

Algún amigo tendría que hablarle al ministro del origen, significado, alcance y finalidad de la educación obligatoria, para que no dijera más tonterías sobre ello, advirtiéndole que la Educación Secundaria Obligatoria es la formación básica que deben tener todos los españoles sea cual fuere su condición familiar, económica o social. Es decir, representa lo que debe saber un privilegiado pilarista del barrio Salamanca y un desvalido ciudadano que habita una chabola marginal.

La ESO ha de poner su atención en la formación global del alumno, por lo que el criterio colegiado de los evaluadores ha de primar sobre la apreciación particular de cualquiera de ellos.

Este tramo educativo tendría que garantizar el aprendizaje de conocimientos elementales que capaciten al alumno para progresar con autonomía intelectual en el futuro, fomentando en él habilidades manuales, destrezas intelectuales, técnicas operativas y estrategias mentales de actuación.

La ESO debería facilitar los saberes conceptuales básicos – ¡básicos! – que permitan al educando realizar estudios no obligatorios, donde primarán los clásicos contenidos y las calificaciones por materias de enseñanza, evitando así que el fracaso del escolar en la ESO ponga al descubierto el fracaso del sistema.