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Etiqueta: Ribera de Duero

¡CUÍDATE, PACO!

¡CUÍDATE, PACO!

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Los amigos preocupados por mi bienestar continúan diciéndome con indudable cariño, en correos electrónicos, llamadas telefónicas y encuentros: “¡Cuídate, Paco!”, sin que haya podido desentrañar con certeza absoluta el origen de tal deseo ni su alcance, sabiendo que no se trata de un sonsonete carente de sentido, o un latiguillo de moda que corre de boca en boca. No, el buen deseo de los amigos y amigas hacia mí es sincero.

Pero tan noble consejo provoca en mi ánimo ligeras turbaciones, porque ninguno de los bienintencionados consejeros me explica los argumentos que les lleva, de forma tan insistente, a inquietarse por mi salud y bienestar, sin que yo haya hecho méritos reconocidos para llevar el desasosiego a sus sentimientos.

A veces pienso que sus buenas intenciones obedecen a que me ven algunos días fuera de mí por razones de inconformismo y rebeldía con la situación que muchos padecemos, y esto les hace pensar en posibles dolencias ocultas que, de momento, se mantienen alejadas de mi horizonte, aunque soy consciente que no tardarán en llegar porque la vida es tenaz en su empeño de llevarnos a todos a la estación término.

En otras ocasiones, intuyo que me sugieren cuidarme pensando que llevo una vida muy agitada con poco descanso, pero no parece que este sea el caso, porque hago deporte a diario, llevo buena alimentación, no fumo y mis vicios se reducen a compartir un saludable vaso de vino, con buenos amigos entre los que ellos se cuentan, a quienes agradezco sus buenas intenciones y sinceras confidencias.

En todo caso, compláceme que me pidan cuidarme porque escondido en tal deseo hay una carga de afecto, simpatía y cariño que no siempre merezco, porque con algunos de ellos no he correspondido a cuanto me han entregado, sin pedir nada a cambio.

¡ CUÍDATE !

¡ CUÍDATE !

Eso me dicen ahora mis antiguos alumnos, con indudable cariño, en correos electrónicos, llamadas telefónicas y encuentros: “¡Cuídate!”. Sin que haya podido desentrañar con certeza absoluta el origen y alcance de tan sincero deseo, consciente que no se trata de un sonsonete carente de sentido,  o un latiguillo de moda entre los jóvenes.

Tan noble consejo provoca en mi ánimo ligeras turbaciones, porque ninguno de ellos me explica los argumentos que les lleva, de forma tan insistente, a inquietarse por mi salud, sin que yo haya hecho méritos reconocidos para llevar el desasosiego a sus sentimientos.

A veces pienso que sus buenas intenciones obedecen a que me ven mala cara, y esto les hace pensar en posibles dolencias ocultas que, de momento, se mantienen alejadas de mi horizonte, aunque soy consciente que no tardarán en llegar.

En otras ocasiones, intuyo que me sugieren cuidarme, pensando que llevo mala vida, pero no parece que este sea el caso, porque hago deporte a diario, juego al mus, me siento a trabajar cuando ellos no se han acostado, me recreo pintando, llevo buena alimentación, no fumo, y mis vicios se reducen a compartir un saludable vaso de vino de Ribera de Duero, con los buenos amigos que generosamente me dan su confianza y brindan sinceras confidencias.

A veces también pienso que me piden cuidar la salud para corresponder al proteccionismo que siempre tuve con ellos, devolviéndome los consejos que tantas veces les di para que no hicieran tonterías en la vida y mantuvieran siempre la brújula de sus actuaciones en dirección al norte.

Finalmente, agradezco que me pidan cuidarme, porque escondido en tal deseo hay una carga de afecto, cariño y buen recuerdo que les hace grandes y bien nacidos, por el modo con que expresan su gratitud a quien sólo pretendió hacer de ellos hombres cabales.