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Etiqueta: primavera

AMANECE UN NUEVO DÍA

AMANECE UN NUEVO DÍA

Amanece

Amanece un nuevo día desadormeciendo el letargo donde habitan pesadillas y quimeras que apenas pueden recordarse, cumpliendo la tarea cotidiana que a todos ocupa cuando ya se ha cumplido el tiempo concedido al sueño, abandonando en la almohada el descontrol de la razón sobre la realidad que conforma nuestra existencia.

Al despertar de la narcosis nocturna, aguardan impacientes en la antesala de la jornada las esperanzas diurnas, sabiendo que el nuevo día trae novedades inesperadas, sorpresas desprevenidas, ignorados sucesos y desconocidas peripecias, que justifican la aventura de la vida, pues nada sabemos de lo que espera en cada nuevo instante, al ser tan inesperada la historia personal de cada cual, como ilusionante el futuro que deseamos.

Quedan desperdigadas entre las sábanas los placenteros sueños, inquietantes pesadillas y esperanzas oníricas, abriéndonos la realidad su ventana cada día sin permitirnos ver más allá del paisaje que nos muestra en cada presente, velándonos el porvenir por mucho que nos empinemos para ver qué se esconde tras la tapia del próximo minuto.

Aunque el azar reserve a su voluntad el derecho de admisión negando asilo a las pitonisas y ocultando a las profecías la posibilidad de anticipar el futuro, no puede evitar que cada nuevo día se acerque a nosotros portando en la solapa la primicia de un pensamiento inédito, una cábala desconocida o la rama de un olivo con un verso suspendido en cada hoja, aliento de la jornada.

He abierto la jaula del invierno a mi jilguero para que vuele al encuentro del amor en esta primavera, pidiéndole a cambio que se acerque cada día a mi refugio íntimo con un poema de la mano, mientras el azar lo permita y el futuro sea algo diferente al punto negro en el destino que a todos nos espera.

FRENTE AL MAR

FRENTE AL MAR

Unknown

No veo costa da morte alguna en la costa de vida que ahora contemplo desde un acantilado mientras escribo en mi cuaderno la nota de hoy, amparado por la luz inmaculada y diáfana de las primeras horas del día, que llega envuelta en un halo de romántico amanecer alentando la jornada, lejos de la prisa y el acoso tenaz de cláxones en asfaltos de ciudades turbulentas.

Temblores de luz sobre un mar de confusión, donde las olas rompen espumas dando pinceladas blancas a la superficie azul del océano, igual que titilan las estrellas en el cielo nocturno y los espejos rotos reflejan destellos virtuales sobre el horizonte cálido en esta mañana gozosa de luz, preludio de calimas estivales.

La nostalgia se amorriña con el deleitoso cansancio que hasta aquí me ha traído, paso a paso, por caminos verdes de olvidadas ermitas donde los enamorados se juraron amor eterno un lejano día de primavera, sorteando las piedras del camino que después hicieron imposible el regreso a los manantiales de amor, hoy secos por decisión ajena a voluntades propias y deseos presentidos.

Acaricio el aire contraviniendo la orden del viento y tomo la brisa por amiga sin más pretensión que descansar sobre ella, mecido en el rumor del viento que juguetea entre los tallos, mientras la hierba susurra en voz alta su crecimiento para que todos podamos oír ese milagro de la vida, como un día lejano sucedió en el valle del Burbia.

Estos sentimientos quiero dejar hoy en mi bitácora al repisar otra vez Galicia, con la extrañeza de que nada me sea extraño y todo se haga nuevo frente al mar, conjurando maldades y sinsabores en el verdor esperanzado de este rincón de España, que cada año me acoge como un hijo más de su tierra.