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Etiqueta: plazuela

MI CIUDAD

MI CIUDAD

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MI CIUDAD

Me pregunta un desconocido internauta desde qué ciudad escribo este diario, y le propongo jugar a las adivinanzas hablándole de ella para que su entendimiento dé respuesta a la pregunta que formula.

Cuelgo estas notas asomado al balcón de una ciudad con entrañables plazuelas y callejas. Culta, alegre, conservadora y olvidada de veloces raíles, al oeste de la piel de toro, donde sus vecinos se esfuerzan por adquirir la cultura urbana necesaria para desterrar el aldeanismo secular, tratando de eliminar residuales actitudes provincianas y caciquiles propias de otro tiempo, mantenidas por quienes deciden en sus despachos sobre nuestra vida y hacienda.

Una ciudad altanera y orgullosa de ser uno de los más bellos museos al aire libre que pueden contemplarse en el planeta. Sus monumentos, blasones, enrejados y fachadas son un recreo para la vista, especialmente el tapiz pétreo que se levanta sobre las puertas de su inimitable fachada universitaria, del que los japoneses se han llevado una réplica del mismo.

Dos universidades, dos catedrales, cinco puentes sobre el Tormes, un Lazarillo, una Celestina, templos a granel, conventos por doquier, un verraco y una rana, hacen las delicias de los visitantes que desbordan las arcas de centros de hospedaje y alterne, más sonrientes los fines de semana y en vacaciones, cuando atienden  complacientes a los turistas que llenan hasta rebosar sus faltriqueras.

Farolas titilantes iluminan con luz ocre los antiguos rincones, deleitando el espíritu de los enamorados que pierden sus pasos por La Latina, Libreros, Serranos, Veracruz, Tentenecio, Patio Chico…, callejas insospechadas para quien no conozca la ciudad ni haya gustado de la apacibilidad de su vivienda. Contraste que concilia sin esfuerzo con el bullicioso colorido de su Gran Plaza, en horas tendidas al sol con placentero gusto de jóvenes multinacionales que aprenden a amarse en la ciudad.

Metrópoli de lujo para vivir, a pesar de los vándalos nocturnos que la despedazan; de las vulgares palomas que blanquean los aleros, tejados, fachadas y aceras con sus excrementos; de los descerebrados que garabatean groseramente con sprays puertas y paredes; de los gamberros que se abstienen de respetar el descanso ajeno; y de los estorninos que pespuntean de negro cúpulas y portadas.

No sé si haber capitalizado la cultura europea hace nueve años ha mejorado la erudición de sus vecinos en esta ciudad pretendidamente universitaria e intelectual, con plazas “hostialeras” para acoger medio mundo y más de treinta mil estudiantes que sólo aportan “movida nocturna” a la ciudad e insomnio a los vecinos.