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Etiqueta: pila bautismal

ACORDAOS DE VIVIR

ACORDAOS DE VIVIR

A veces conviene hacer un alto en el camino, detener los pasos, levantar la cabeza y mirar alrededor. Es necesario, de cuando en cuando, respirar hondo, moderar el ánimo, serenar el espíritu, examinar la conciencia, madurar los proyectos y sacar lecciones de experiencias propias.

Esta sencilla terapia permite clarificar la situación, despejar la niebla y retomar con más fuerza la vida, tras reflexionar sobre la falta de nuevas oportunidades existenciales en paraísos existentes sólo en los catecismos. No, amigos, no debemos aspirar a una vida mejor después de haber vivido, ni tampoco en tiempos futuros terrenales.

Pasamos la vida esperando lo mejor del futuro sin darnos cuenta del tiempo perdido anhelando la felicidad que hemos ido postergando, hasta que la aspiración a una vida descansada y feliz se centra en la jubilación, sin terminar de cumplirse el deseo porque los huesos oponen resistencia y las deserciones de familiares y amigos no ayudan a preparar el camino, retrasando la llegada de la vida que hemos esperado toda la vida.

Apartad, pues, los «después»,  “luegos”, “más tarde”, “cuando…”, y aprovechad el momento actual, tratando de encontrar el mayor bienestar aquí y ahora, porque el futuro a nadie pertenece, pero somos dueños absolutos del presente. Sed felices hoy porque la vida pasa al galope como un tren desbocado por la estación, sin detenerse a recoger viajeros despistados con el futuro que no alcanzarán nunca, porque cuando llegue será ya presente.

Dicen que la muerte es la gran socializadora porque a todos nos iguala, llega en las mismas condiciones y la afrontamos con idéntica soledad, pero también la felicidad socializa todo al no estar en venta, ni poder comprarse en taquilla alguna.

«Hay que vivir» dice la canción, y «Carpe diem» pregona el popular eslogan sin la fuerza necesaria para convencernos, porque los arponazos ideológicos infantiles dejan algunas huellas imborrables de cielos inexistentes fuera de las pilas bautismales.

SALVADORES

SALVADORES

SALVADORES

Puestos ya definitivamente en su sitio los redentores militares que durante siglos han pretendido salvarnos de múltiples desgracias, nos queda todavía por superar el empeño de las autoridades civiles y religiosas por alejarnos de los graves males que nos rodean, aunque en algunas ocasiones hayan sido generados por ellos mismos, erigiéndose en salvadores de la raza humana, sin darse cuenta que somos lo suficientemente mayorcitos para equivocarnos por nuestra cuenta, sin necesitar la ayuda de nadie.

Hay que decirles que su empeño es baldío por innecesario, y que carece de justificación porque las actitudes que pretenden enmendar no dañan intereses ajenos, ni ponen en peligro la salud de otros y, menos aún, limitan las libertades de los demás, como ellos pretenden hacer con las nuestras.

Déjennos en paz, por favor, las curias cívicas y eclesiásticas. Déjennos caminar con nuestros errores a cuestas, disfrutando de la libertad que merecemos. Déjennos pensar libremente, obrar libremente, soñar libremente, y dejen de aturdirnos con mensajes protectores que sólo pretenden usurparnos la poca libertad que nos queda. Déjennos hacer cuanto nos plazca, aunque no sea políticamente correcto ni doctrinalmente acertado, y nosotros les agradeceremos que nos permitan sufrir con resignación el dolor de nuestra independencia de criterio.

Guarden en sus cofres las medidas autoritarias y protectoras de épocas no muy lejanas, dictadas por fueros y catecismos. No intenten imponernos medidas trasnochadas aplicadas por tradicionales padres de familia y déjennos volar tranquilos sobre leyes no naturales y fuegos infernales, pues nos bastamos por nosotros mismos para sobrevivir. Ahórrense consejos sobre lo que debemos ver, oír y entender. Eviten guiarnos por la senda de la virtud cuando nuestra brújula indique sentido opuesto. Rehúyan adoctrinarnos sobre comportamientos sociales legalizados por ustedes y conductas religiosas impuestas por la sotana. Esquiven aconsejarnos sobre lo que a nosotros toca decidir. Eludan vestirnos con babis de colores porque tal hábito no corresponde a nuestra mayoría de edad. No se constituyan en oráculos de sabiduría absoluta porque estarían en la frontera del error. Corten los hilos que han cosido a nuestros brazos y piernas, y dejen de tratarnos como marionetas de su guiñol porque preferimos errar a ser manipulados por manos de solemnes ignorantes reconvertidos en sabios con el salvoconducto de papeletas electorales o mediante inspiración divina falsamente otorgada en las pilas bautismales.

No se olviden que el territorio privado que pretenden gobernar es lugar que sólo a nosotros pertenece, donde tenemos reservado el derecho de admisión.

Y no se preocupen por nuestras preocupaciones y desvelos porque ya estamos nosotros bastante preocupados con sus velatorios por la libertad que pretenden usurparnos.