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INDEPENDENCIA PERSONAL

INDEPENDENCIA PERSONAL

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Nacemos destinados a la independencia personal, pero la vida nos obliga a pegajosas adherencias que aceptamos sin posibilidad de renuncia, siendo manejada nuestra voluntad por invisibles manos, doctrinas y tradiciones que nos impiden satisfacer el autogobierno vocacional que merecemos.

Juego peligroso para nuestra libertad, en el cual participamos empujados por extrañas fuerzas externas que moldean nuestra conciencia, nuestra ideología, nuestras creencias, nuestras aficiones y nuestras fobias, llevándonos por caminos que nunca transitaríamos si la inevitable socialización no determinara las concepciones que nos han sido impuestas.

Pero aún es tiempo de borrar el disco duro mental donde se guardan todos los archivos que agentes externos han introducido en nuestro pensamiento, y reescribir de nuevo la página en blanco de nuestra futura historia personal, con principios de libertad que dan vida a la independencia mental que podemos apuntalar en nosotros mismos.

Libres de toda dependencia para escapar de cárceles afectivas o ideológicas.

Libres de patrias que reclamen la vida que nos pertenece.

Libres de sentimientos que distraigan nuestra mirada.

Libres de la ciencia que nos aleje del descubrimiento de nosotros mismos.

Libres de virtudes impuestas que nos impidan descubrir vicios que no lo son.

Libres de nosotros mismos para encontrarnos a nosotros mismos.

Libres de toda religión y doctrina contraria a nuestra experiencia personal.

Libres, en fin, para poder reservarnos el derechos de admisión.

CONCIENCIA Y ESPÍRITU

CONCIENCIA Y ESPÍRITU

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La conciencia es activa, íntima y personal con acceso exclusivo a cada cual, pues tiene reservado el derecho de admisión, para evitar que otras personas conozcan las bondades y malicias que guardamos privadamente en el espíritu que nos define, accesible solo a nosotros mismos.

En cambio, el espíritu es un principio generador, esencial y sustantivo de la personalidad que nos vigoriza, alienta y fortifica en las acciones, dándonos el ánimo, ingenio y valor necesarios para realizarlas.

Tanto una como otro tienen números gramaticales para distinguir la singularidad de sus límites individuales de la plural amplitud derivada de generalizar ambas actitudes a los seres humanos, sin que ello signifique interferencia alguna con las opciones personales.

Así, la conciencia colectiva se relaciona con la opinión general que cristaliza en los medios de comunicación y da vida a la historia de los pueblos, aunque no se vea reflejada en los libros de texto, ocupados estos en destacar la vida y milagros de personajes que han pasado metiendo bulla en la historia.

En cambio, el común espíritu colectivo es más intenso, profundo, sentido y duradero, pues afecta a la vida de los pueblos, conservando en su seno los sentimientos, costumbres, tradiciones y valores compartidos, fortalecedores de experiencias participadas y compromisos eternos con las virtudes sustentadas por el colectivo que las comparte.

Saber cual es la conciencia y el espíritu del pueblo español, dará muchas explicaciones a la situación actual, aunque nos avergüence un poco.