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EN DESACUERDO CON EL DESACUERDO PORQUE ES FÁCIL EL ACUERDO

EN DESACUERDO CON EL DESACUERDO PORQUE ES FÁCIL EL ACUERDO

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No levantar la vista del ombligo, mirarse obsesivamente al espejo, caminar con orejeras, llevar tapones sociales en los oídos políticos, jugar con la buena voluntad ciudadana y arriesgar en el envite partidista la ilusión de un pueblo que espera anhelante la regeneración que amenaza con no llegar, es una responsabilidad que no perdonará la historia.

La corrupción institucional ha sido la mayor lacra sufrida por el país a lo largo de su historia y la verdadera causa del deterioro político, la quiebra social, el empobrecimiento familiar y todos los males que han emulado el paso de los cuatro jinetes del Apocalipsis, mereciendo su erradicación el acuerdo fundamental en estos momentos.

La corrupción ha desvalijado las cajas provocando un rescate que hubiera salvado el Estado del bienestar, nutriendo las arcas de los ladrones. La corrupción ha puesto en solfa la independencia judicial y desmoralizado al país. La corrupción ha contaminado la educación social y causado un daño irreparable a las familias empobrecidas. La corrupción ha multiplicado el paro impidiendo el desarrollo empresarial. La corrupción ha promovido el despilfarro, los caprichos y el abuso de poder. La corrupción ha mancillado la imagen de los políticos, de la política y de las Instituciones públicas.

Siendo esto así, ¿no bastaría en este momento con el acuerdo de erradicar la corrupción para unir los esfuerzos en tal sentido y posponer las líneas rojas para mejor momento? ¿No valdría la pena comenzar por independizar la justicia, legislar para recuperar todo lo robado, dignificar la vida política y suprimir cementerios de elefantes? ¿No sería mejor invertir en comprar una isla desierta donde llevar Púnicas, Gúrteles, EREs, Pujoles, macrorredadas valencianas, pokémones, etc?

Si los sabios ilustrados tenían como fin la crítica del orden vigente y su transformación en un sistema adecuado a la naturaleza humana para alcanzar la felicidad, los actuales padres putativos nos abandonan en indignante orfandad, compitiendo entre ellos por ver quien estira más el cuello, sin percibir que la frustración popular puede cortar sus cabezas con guadañas afiladas por la decepción.

GUERRA TEMPLADA

GUERRA TEMPLADA

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Entre la guerra caliente que pone muertos en el campo de batalla y la guerra fría que advierte a los vivos lo que puede ocurrirles con los arsenales guardados, está la guerra templada que mata sin pegar un solo tiro ni lanzar misiles contra la indefensa población, porque su sistema de aniquilación es a través de leyes firmadas por quienes no tienen escrúpulos en diezmar la población si mejoran con ello su cuenta corriente.

A veces no basta con gritar más alto para acallar el ronquido del hambre, ni desempolvar pesadillas en la sombra da respuestas a los interrogantes que deja la miseria en paredes y pancartas, cuando la duda garabatea palabras inasequibles al libro sagrado y el pentagrama social entona consignas inaudibles para los depredadores.

La paz de los tratados evita resplandores de bombas en las noches negras de la barbarie, es cierto. Pero es más verdad que la sinrazón de la mortal guerra fría extermina sin pólvora almas inocentes mostrando los colmillos tras la sonrisa de hiena, sin disparar con plomo a cuerpos anémicos condenados a muerte por una ambición amparada en leyes exterminadoras.

El incesante goteo de suicidios griegos a los pies de Atenea cumple mandato de quienes contemplan indiferentes desde su olimpo la mortuoria secuencia de vidas abandonadas, inaccesibles a periódicos y pantallas televisivas para evitar contagio de la epidemia fúnebre que se expande entre sus gloriosas piedras. Callar es cobardía y mirar para otro lado, apocamiento, cuando la sangre grita rebeldía contra al látigo financiero que fustiga inclemente la espalda dolorida de un pueblo que pide limosna para sobrevivir.

ME DUELE GRECIA

ME DUELE GRECIA

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A veces no basta con gritar más alto para acallar el ronquido del hambre, ni desempolvar pesadillas en la sombra da respuestas a los interrogantes que deja la miseria en paredes y pancartas, cuando la duda garabatea palabras inasequibles al libro sagrado y el pentagrama social entona consignas inaudibles para los depredadores.

La paz de los tratados evita resplandores de bombas en las noches negras de la barbarie, es cierto. Pero es más verdad que la sinrazón de la mortal guerra fría extermina sin pólvora almas inocentes mostrando los colmillos tras la sonrisa de hiena, sin disparar con plomo a cuerpos anémicos condenados a muerte por una ambición amparada en pacíficas leyes exterminadoras.

Los suicidios griegos a los pies de Atenea no son fruto inexplicable del azar, sino cumplimiento de mandatos dictados por quienes contemplan desde su olimpo la mortuoria secuencia de vidas abandonadas, inaccesibles a las páginas de periódicos y pantallas televisivas en un intento de evitar contagio de la epidemia fúnebre que se expande entre sus gloriosas piedras.

Pero callar es cobardía y mirar para otro lado, apocamiento, cuando la sangre del prójimo grita rebeldía contra al látigo financiero que fustiga inclemente la espalda dolorida de un pueblo que pide limosna para sobrevivir, ante la indiferencia de los vecinos del sur que esperan mansamente su turno a la puerta, resignados al inmerecido destino que les espera.

HUMANITARIOS HUMANISTAS

HUMANITARIOS HUMANISTAS

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Gozan los médicos el excepcional privilegio de conciliar armónicamente y sin esfuerzo el humanitarismo profesional con el humanismo intelectual, hermanándolos en actitud unitaria, digna y honrosa, merecedora de títulos y honores que convergen en el reconocimiento público de ser los humanitarios más humanistas de la sociedad, como acreditan Gregorio Marañón, Pío Baroja, Pedro Laín, o Ramón y Cajal, por citar cuatro ejemplos concretos que certifican tal afirmación.

No existe gremio del ámbito científico con más profesionales humanistas por metro cuadrado que el representado por la clase médica, como en estos días pone de manifiesto la exposición de pintura que puede contemplarse en el Palacio de Garcigrande salmantino, la velada musical prevista y la conferencia que tienen programada, en el marco de las jornadas culturales que los médicos salmantinos protagonizan en la ciudad patrocinadas por su Colegio profesional.

En ellas se pone de manifiesto el incuestionable maridaje entre el humanitarismo de los sanitarios que velan por nuestra salud física y la eterna condición humanista de un colectivo ocupado al mismo tiempo por nuestro bienestar físico y crecimiento intelectual.

Erudición, música y pintura se funden en común deseo de complacer espíritus sensibles al arte y la sabiduría, haciendo posible el milagro unificador del verbo, los pinceles y arpegios para deleite de quienes cultivan la belleza oculta en la palabra, el lienzo y el pentagrama.

Médicos que instruyen, dan vida a imágenes dormidas y hacen hablar las teclas de los pianos en deleitoso manantial de creatividad, enriqueciendo a los afortunados que gozarán el privilegio de complacer los sentidos en la sala de exposiciones, el teatro y el aula cultural donde tendrán lugar los actos.

Insatisfechos los médicos con mejorar nuestra salud corporal en el humanitario ejercicio profesional, también enriquecen nuestro espíritu personal y colectivo, con arte, música y sabiduría, sin pedir recompensa alguna más allá del merecido reconocimiento público por su generosa entrega. Empeño agradecido con sincero afecto en esta bitácora.

PENTAGRAMA DE BRONCE

PENTAGRAMA DE BRONCE

PENTAGRAMA DE BRONCE

Cada día, con perseverante rutina, a las ocho de la mañana llega hasta mi escritorio el latido metálico de las campanas, anunciando el nuevo día desde las espadañas litúrgicas, con rito de nostalgia.

Y mientras tañen las campanas hoy a tan temprana hora de domingo dejo a un lado la carta que os había destinado, y me recojo en un antiguo rincón de la memoria para evocar con dulce melancolía, – no exenta del rasguño que deja el imposible regreso a lo que ayer fue y nunca volverá a ser -, mis paseos solitarios los domingos por la tarde entre los puentes del Limmat, cuando el pulso del bronce desplegaba su música ceremonial por el cielo nublado de Zurich.

Sucedía que la última hebra de luz pespunteaba delicadamente el horizonte al contorno encendido de los tejados y el guiño cómplice de las velas daba la contraseña al viento, convocándonos a todos bajo el cénit de las espadañas.

Convergían entonces los puntos cardinales en el vértice de las ondas que despertaba a golpes el badajo, y las campanas anunciaban a todos, sin palabras, que el tiempo discurría, rogando insistentes al reloj que hiciera una pausa.

Cantaba con voz grave la verde catedral iluminada, respondiendo desde la otra orilla San Jacob y algo más lejos San Pedro, pareciéndome que latía cerca mi peregrina Santiago, solidaria con aquella armonía de campanas.

El melancólico pentagrama de bronce abría de par en par las nocturnas esclusas nostálgicas, precipitándose torrencialmente la vida entre las rendijas de los balcones hasta el pórtico de entrada, redimiendo lágrimas temblorosas en la pupila del emigrante herido, que destilaba negras penas tras los visillos.

Todos iban de camino hacia el secreto taciturno que desvelaba el campanario, sin advertir las últimas novedades en la Vía Láctea, ni darse cuenta de la noticia imprevisible que acechaba presagiando un desplante de la vida.

Con ceremonial mansedumbre se alineaban las gaviotas en la barandilla festoneando el lago, y abandonaban los gallos las veletas para dar paso a nuevas alas que coronaban los campanarios. Las estrellas descendían al borde marino  de las violetas pidiendo la redención de las cartas. Circundaban el aire las notas del violín buscando un pentagrama donde posarse y los cisnes desperezaban ceremonialmente su cuello junto al muro.

Era entonces, y solamente entonces, cuando la verdad sencilla quedaba al descubierto y se teñía el alma del emigrante con un luto desesperanzado ante el imposible regreso a los paisajes de la infancia.