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Etiqueta: partido socialista

¡ POR MANITÚ !

¡ POR MANITÚ !

Mí escribir con gran dolor dolor / y decir con decepción, / que no estar de acuerdo con tú, / por perder gran elección / sin aprender la lección. / Por dejarlo todo igual, / cuervo ingenuo no fumar, / la pipa de la paz con tú. / ¡Por manitú!

Comienza en Sevilla el 38 Congreso Federal del Partido Socialista Obrero Español de consecuencias imprevisibles para los militantes y decepcionate en los “preparativos” para los ciudadanos socialistas, que alimentan con sus votos el poder de los políticos de la rosa.

Amigos afiliados al partido desde lugares diferentes, me han hablado del silencio al que están siendo obligados dentro y fuera de las sedes, impuesto por la disciplina militante. Vale, pero no es mi caso, porque conservo intacta mi independencia y sigo creyendo después de cuarenta años en lo que no han creído quienes me miran de reojo.

Comienza el Congreso bajo el lema “La respuesta socialista”, atribuyéndose el partido un todo que no le pertenece, porque muchos socialistas que no militan en el partido, tal vez tengan respuestas diferentes a las que propongan en la reunión los socialistas de carnet, es decir, los profesionales del socialismo, patrimonializando una doctrina que comparten  más ciudadanos de los que se arrogan el patrocinio de la misma.

Me parecería más adecuado que el lema fuera “La respuesta del partido socialista” para que los socialistas de a pie que van por las esquinas predicando la ideología perdida en los escaños, no se vieran incluidos en las respuestas que den los socialistas con pedigree a ¿qué?

Esta es la pregunta inevitable: respuesta socialista ¿a qué? ¿Al nombramiento de un/a  Secretario/a General que nada tiene de nuevo/a? ¿Respuesta a la frustración que le espera a la facción perdedora del Congreso? ¿Al descontento de los votantes que están hartos de ver las mismas caras en los carteles? ¿Respuesta a una renovación que amenaza con no llegar nunca?¿Respuesta a la decepción de quienes llevan meses reclamando una oposición en el Parlamente mientras los dirigentes se han estado mirando al espejo intentando resolver sus problemas?

Lo que cantó Javier Krae hace años a Felipe, hoy puede tener un espacio en este partido socialmente acobardado y sin fuerzas para renoverse, al que los megaterios tienen atado y bien atado, impidiendo a miles de cuervos ingenuos fumarse la pipa de la paz con ellos, por no haber tenido “nada claro como acabar con el paro”, obligándoles a decir “Tú, mucho partido pero ¿es socialista, es obrero?”. Ciudadanos indignados con un partido incapaz de remangarse y coger por las solapas a banqueros, especuladores y politiqueros internos, externos y mediopensionistas.

Y envolviendo a todo ello, el gran esperpento que aglutina la continuidad. Esos espejos deformantes que don Ramón nos dejó en el callejón del gato, donde los profesionales de la política observan una realidad distorsionada que les lleva a degradar valores socialistas, mientras exponen sus entrañas en el escaparate de la plaza pública.

El empeño en verlo todo a través del espejo cóncavo irreal conduce a una galopante presbicia mental que cabalga hacia la nada ideológica, llevándose por el camino preciados valores que a todos pertenecen. Sabemos que el sardinero «apasionado del poder» como ha dicho alguien de la «casa» está inspirando su obra cumbre surrealista en este congreso al que muchos se han sumado pidiendo más salud, dinero y amor ¿para quién?, junto a la abogada de Esplugues nieta de un anarquista aragonés, maltratada injustamente por el periódico vocero de su opositor y calificada por Ibarra como «Zapatero con faldas».

SOCIAMISMO

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El Partido Socialista está lamiéndose las heridas electorales inmerso en su propia intimidad, es decir ensimismado, recogido en el santuario de Ferraz y mirándose al ombligo las veinticinco horas del día, ante la falta de espejos donde recrearse, rotos por ambiciones internas, reproches mutuos y aspiraciones desmedidas por seguir llevando las riendas de un caballo desbocado que terminará por despeñarse en Despeñaperros.

Deseo equivocarme, pero la confusión interna reinante y el desconcierto de los votantes que no entienden nada de lo que está sucediendo, no van a disolverse por mucho que los 956 delegados se muevan con habilidad entre las grietas del 22 de mayo, los escombros del 20 de noviembre y la posible ruina del próximo 25 de marzo.

Bono se queja de que Barreda le dejara al pairo en las críticas patrimoniales que recibió, como si alguien pudiera esconder un lingote de oro detrás de un alfiler; y José María le ha recriminado la endemoniada herencia que le dejó en Caja Castilla la Mancha y el despilfarro impune del aeropuerto de Ciudad Real.

Los extremeños Ibarra y Vara, se están dando con la vara uno al otro, culpándose mutuamente de lo que ambos fueron culpables. Griñán más despistado que un burro en un patatal, va de problema en problema mirando de reojo a Chaves, y con la manguera en la mano intentando apagar un incendio que se llevará por delante la rosa, sin que nada pueda hacer para quitarle la espina de los cocainómanos EREs.

Y en medio de todo esto, Rubalcaba paseándose del brazo de Txiki Benegas, Marugán y Caldera por las agrupaciones, al tiempo que Carme Chacón taconea por la calle con el zapaterismo bajo el brazo junto al disfrazado Javier de Paz y su amado Miguel Barroso, dejándose ver en televisión a hombros de Jaume Roures.

Ni uno ni otra. Ni rancia nostalgia por mucho que brille, ni falsa renovación por mucho que prometa. Ni megaterios, ni trapecistas. Ni líderes apaleados en las urnas, ni continuadores aspirantes al relevo. Muchos simpatizantes socialistas están sorprendidos que dos corresponsables del mayor fracaso electoral de la historia socialista, aspiren a seguir dirigiendo el partido.

El socialismo necesita un rostro nuevo en los carteles electorales. Una esperanza verdaderamente renovada que ayude a superar la decepción sufrida. Un compromiso sin contaminación alguna por hechos que contradigan las promesas.  Alguien con valor para comprometerse con un socialismo real, sin componendas, prejuicios, ni temores.

No están las espadas en alto en Ferraz, ni el ruido que se oye es de sables. Lo que suena en los pasillos del santuario socialista son chasquidos de bayonetas caladas, por mucho que Aguilar amenice la despedida de Zapatero con su guitarra.