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Etiqueta: Orinoco

CANSANCIO

CANSANCIO

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Un entrañable amigo activista, que se ha dejado la piel por los demás en mil combates, me confesaba ayer con dolorida frustración su cansancio por tanta lucha estéril y esfuerzo baldío, con la toalla de la mano, a punto de arrojarla sobre el cuadrilátero social y retirarse a un lugar perdido donde el sol marque el horario de su jornada.

Cansado está mi amigo y cansados estamos muchos de ver las cicatrices que deja el látigo en la espalda, tornándose en profundos cortes sobre la piel de la miseria, en camillas abandonadas en pasillos de hospitales, colas del paro, contenedores de supermercados, tribunales de la pobreza, interminables desahucios y corruptas sonrisas a las puertas de los juzgados, mientras los mandamases discuten sobre líneas rojas, las suyas, claro, no las del pueblo que contempla atónito el esperpento.

Cansados estamos de ver tantos lobos humanos merodear por los consejos financieros de administración, tantos depredadores en libertad, tantos elefantes en cementerios institucionales y tantos carroñeros blindados ante la justicia, mientras nuestros mandamases discuten poltronas en abrigados despachos.

Cansados estamos muchos de gritar por los que callan, de clamar por conseguir lo que sería innecesario pedir, de echar abajo las tapias de las baldosas y de componer manos rotas, mientras los mandamases van con orejeras por la calle sin mirar al pueblo que ocupa las aceras, ni oír sus abucheos.

Cansados estamos de la corrupción que nos corrompe el alma, del cinismo de los corruptos, de la impunidad de los corruptos, de las risas de los corruptos, de la coraza de los corruptos y de la complicidad de los corruptos, mientras los mandamases debaten sobre la supervivencia de los batracios en el Orinoco.

Cansados estamos de ver como se juega al escondite con la ilusión de un pueblo que soñaba con recuperar el futuro, viendo ahora que la esperanza en la resurrección colectiva se esfuma al silbo de intereses que nadie comprende, en mesas de negociación donde se posterga el innegociable rearme moral que la sociedad necesita, uniendo todos los esfuerzos para conseguir el bienestar que deseamos.