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Etiqueta: Orihuela

ENTRE TODOS ME HICIERON PARTE DE LO QUE SOY

ENTRE TODOS ME HICIERON PARTE DE LO QUE SOY

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He oído historias tan maravillosas como las narradas por el maestro poeta humano Hierro, forjadas en románticas luchas libertarias. Me han contado todos los cuentos imaginables y con ellos durmieron mi juventud, como le sucedió al quijotesco poeta de Tábara. Y me he asombrado con una hoja de hierba, – con una simple brizna de hierba -, como le sucedió a Whitman, cantándose a sí mismo frente al espejo.

Han lustrado mi ignorancia los consejos, sentencias y donaires del sabio Juan de Mairena. Tuve asombro de novedad primera frente a los rompientes de Isla Negra, con Pablo en el corazón. Bebí agua marina del Puerto con el poeta azul enamorado de la mar. Y me dejé arrullar por el quejido peludo y sedoso del rucio infantil que puso al moguereño en la historia universal.

Alimenté mi desnutrida esperanza con cebolla escarchada en dolor filial por un sensible cabrero de Orihuela. Me acostumbré a la incertidumbre agónica del poeta vasco-castellano afincado en Salamanca. Pregunté a Mario por la enseñanza del exilio y me respondió desde Montevideo. Fue Jorge Luis quien me enseñó la mirada intelectual de la ceguera. Y Gabriel me mostró el camino de los versos hacia el compromiso, para enterrar a los tiranos en el mar. Pero nunca penetré en el duende que el poeta de la vega granadina otorgó a los gitanos en su romancero.

Todo lo aprendido con ellos va conmigo lacrado en memoria eterna de imborrable recuerdo, que dejaré en manos de quienes me acompañaron en la vida, aunque solo recorrieran conmigo dos pasos y su sombra se extinguiera en el tiempo, sabiendo que ninguno de tales compañeros permitirá al olvido ocupar un espacio en el memorial que guarden de mi vida.

Amor de Nobel a novel

Amor de Nobel a novel

Hernández

«De Nobel a Novel. Epistolario inédito», es el título del libro donde se recoge el intercambio epistolar de 309 cartas entre Vicente Aleixandre con su íntimo amigo Miguel Hernández y su esposa Josefina Manresa, pudiendo verse en él las relaciones que el malogrado poeta de Orihuela tuvo con algunos colegas, en nada parecidas a las mantenidas con el compilador y difusor de la obra hernandiana.

A sus dos sostenedores, Aleixandre y Neruda, se unió la pintora Maruja Mallo atemperando la calentura sexual del poeta cabrero, y José María de Cossío dándole trabajo en la redacción de la enciclopedia taurina, pero muchos escritores no tuvieron buenos ojos para él. Así, sufrió la desconfianza de Lorca, el desprecio de Luis Cernuda y la marginación de Alberti y María Teresa León, quien llegó a darle una bofetada cuando en un descanso del frente de batalla les recriminó sus juergas en el Círculo de Bellas Artes.

El cariñoso vocabulario empleado por Aleixandre para dirigirse a Miguel Hernández va más allá de la amistad personal entre ellos, confirmándose que el futuro Premio Nobel de Literatura estaba “encandilado” por el novel poeta oriolano, doce años menor que el entonces ganador del Premio Nacional de Literatura por su obra «La destrucción del amor».

No es Josefina un obstáculo para Vicente Aleixandre quien pide a la pareja que se quieran mucho, “hasta que crujan los árboles y el suelo”, al tiempo que escribe a su amado Miguelito líricas propuestas que complacen oníricamente al pastor de cabras: “Qué gran corazón de amante tienes, poeta. Qué huracán, qué torrente, qué bosque, qué mar bravío, qué Miguel entero eres para querer”.

Satisface haber superado tabúes y poder hoy hablar libremente de estos amores furtivos entre visillos, ocultos a comadres y almas con sotana disfrazadas, declarando sin ambigüedades las preferencias sexuales de Lorca, Luis Cernuda, Jacinto Benavente, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, Jaime Gil de Biedma, Terenci Moix, Álvaro Pombo o Luis Antonio de Villena, por citar algunos escritores modernos, que sufrieron en tiempo vilipendio, menosprecio, marginación y, en algún caso, castigo.

GUARDIAS CIVILES

GUARDIAS CIVILES

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Un día como hoy de 1844 se creó por Real Decreto el cuerpo especial de fuerza armada de infantería y caballería, llamando Guardias Civiles a los miembros integrantes de dicho cuerpo, bajo las órdenes del mariscal de campo Francisco Javier Girón y Ezpeleta, a la sazón Segundo Duque de Ahumada, encargado de hacer posible la dualidad policíaca y militar que tiene asignada el benemérito cuerpo de la Guardia Civil.

Olvidemos, el día de su cumpleaños, irracionales páginas negras en la desmemoria del luto y recordemos servicios de los ciento setenta y un años que la Guardia Civil ha dedicado a protegernos y defender nuestros derechos, libertades y propiedades, cumpliendo honrosamente esta misión la gran mayoría de quienes se han calado el charolado tricornio de perfil característico.

Romped descoloridos retratos en sepia y manchas ocasionales en páginas de periódicos protagonizadas por visionarios tricornios, para ver con nitidez a quienes ordenan el tráfico, vigilan montes, filtran fronteras, protegen Instituciones, preservan el medio ambiente, detienen malhechores, custodian edificios y garantizan nuestra seguridad.

Mirad, pues, a los guardias civiles que rescatan montañeros perdidos, abren caminos en la nieve a pueblos incomunicados, auxilian a conductores averiados en carretera, trasladan heridos, ahuyentan a los depredadores ecológicos y salvan vidas de los vecinos, poniendo en riesgo las suyas.

En el aniversario de la fundación de la Guardia Civil doy una pincelada verde a mi bitácora, recordando con afecto y gratitud a los anónimos guardias civiles que han dejado su vida rescatando personas, persiguiendo delincuentes, desactivando explosivos, socorriendo náufragos y llevando a hombros los cuerpos de compañeros perforados por vesánicos disparos.

REUNIÓN DE PASTORES…

REUNIÓN DE PASTORES…

La sabiduría profética del refranero español alcanza su más alta cota de certidumbre cuando predice que una reunión de pastores acaba siempre  con la muerte de una oveja.

Eso ocurre cada vez que se reúne el G-7, G-8, G-9, y todos los “ges” del mundo, hasta el 20. Pero también sucede los viernes de dolores cuando el gallego cita a sus ministros en la Moncloa; cuando la hamburguesa levanta la mano en Bruselas; cuando los de Standar & Poor’s se reúnen con su prima; o cuando los banqueros del FMI (Fondo Mundial de Incautadores) se juntan a la llamada de Christine.

Lo penoso es que las ovejas sacrificadas en esas reuniones de pastores universales no dan balidos pidiendo redención, ni topan la cabeza contra la injusticia de los machos cabríos, sino que guardan el silencio de los corderos cuando los impuestos y recortes los llevan del ronzal al matadero.

Ya esquilmados y con la mansedumbre de los bueyes que repudió el poeta de Orihuela, las ovejas humanas se mantienen cabizbajas en el redil normativo establecido por los recortadores que las dejan sin lana y a la intemperie, mientras los esquiladores abrigan con esa lana sus cebadas cuentas corrientes.