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CONFIDENCIAS ANTE EL ORDENADOR

CONFIDENCIAS ANTE EL ORDENADOR

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Aquí estoy, ante la pantalla en blanco del ordenador con la incertidumbre como prólogo de mi reflexión diaria, sin saber qué pensamiento comenzaré a deletrear en renglones sucesivos, ni las palabras que emplearé para dar vida a la idea que pretendo verter, ni por qué la expresaré con unos términos y no con otros que harían el mismo oficio.

Ignoro los vocablos a utilizar para expresar el respeto intelectual que me produce enfrentarme a la forma de expresar el sentimiento que quiero dejar cada día en mi bitácora, como temblor anímico cercano al tartamudeo, sobre todo cuando no tengo a mano el hueso de médula espiritual necesario para verter el estremecimiento.

¿Con qué palabras puede explicarse el fracaso de la vulgaridad retórica o el descabello inmerecido de la estética, cuando se pretende maridar concepto y forma en lacónica frase literaria con aspiración a ser gustosa composición de armonía interior, belleza retórica, ilustrada exposición y melódica ortofonía sin afectación pedantesca?

A todo escritor le complace ser leído, pero cuando me siento cada madrugada frente al ordenador no pienso en los lectores, sino en hermanar las letras del diapasón alfabético con el teclado, para conciliar ropaje y cuerpo, palabra e idea, hechura y pensamiento, de forma que sea deleitosa para los lectores, quedando plenamente satisfecho con el placer que me produce el intento.

 

VISIÓN DE MADRUGADA

VISIÓN DE MADRUGADA

La ventaja que tenemos los madrugadores es lucir mente fresca al alba gracias al relente matutino, algo que nos aporta sorna y frescura para encarar la pantalla en blanco del ordenador sin mucho esfuerzo y con ideas a flor de piel que brotan espontáneamente con la humedad matinal.

Así me ha ocurrido hoy cuando una ensoñación despistada me ha visitado por sorpresa mientras trabajaba en el futuro libro, obligándome a cambiar de pantalla para deciros que no creo en ciertas casualidades sin sospechar una segunda verdad.

Es decir, no puedo creerme que todos los gobernantes y líderes financieros del mundo hayan sido tan tontos como para dejarse sorprender por la crisis que ahora ellos mismos gobiernan. Que no me lo creo, vamos, aunque no falten entre tales líderes los inevitables ineptos que hay en todas las organizaciones humanas.

Para entendernos, voy a decirlo por derecho: tengo la segura pero indemostrable convicción de que la crisis mundial ha estado provocada intencionadamente por el establishment del sistema para consolidar con más fuerza un modelo socioeconómico que les beneficia.

No encuentro otra explicación al sostenimiento de la burbuja hasta que convino pincharla, con efectos tan favorables para la privilegiada casta social que decide sobre la vida de los demás. Basta ver que los efectos están llevando a un mayor enriquecimiento de los más ricos con oportunidades de millonarizarse impensables en otros tiempos, mientras que el empobrecimiento del pueblo está llegando a cotas inimaginables hace apenas unos años.

Si a esto se añaden los esfuerzos que están realizando los gobiernos para salvar, reforzar y consolidar el sistema, arruinando al pueblo, no queda otra opción que pensar en una quiebra premeditada y planificada para reforzar el poder económico por encima del pueblo.

En fin, disculpen estar visiones oníricas fruto de los madrugones que me impiden tener una visión clara de la realidad que cuentan gobiernos, sabios tertulianos, especialistas financieros y la pescadera que me vende el bonito para el marmitaco.