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MAHATMA GANDHI

MAHATMA GANDHI

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Hace hoy sesenta y ocho años que el mayor abanderado de la no violencia murió violentamente asesinado por el fanático integrista Nathuram Godse que le propinó tres vesánicos disparos en el pecho, horas después de profetizar su muerte con premonitorias palabras, dirigidas a los que caminaban hacia la paz por el camino de la no violencia, diciéndoles que haciendo eso moriría satisfecho abatido por las balas.

Se fue Mahatma, el alma grande, bañado en lágrimas de millones de personas que vieron hacerse humo de sándalo su cuerpo en Allahabad, donde confluyen Ganges, Yamuna y las míticas corrientes purificadoras del Sarasvati, religioso espacio contemplativo donde sus cenizas se diluyeron con vocación de eternidad.

Con él aprendimos que la conciencia personal justifica la desobediencia civil, caminando trescientos kilómetros hasta llegar a la costa para coger el puñado de sal que daría a los hindúes el derecho a poseerla, eliminando con su rebeldía el monopolio británico de producción, comercio y reparto de un producto básico para conservar carne y alimentos.

Calvo, débil, frágil, delgaducho, vegetariano y en taparrabos, Gandhi fue el libertador de la India, sin dar un solo grito. El integrador de castas disgregadas en esclavos, parias y bárbaros. La voz que clamaba en defensa de los musulmanes en tierra hindú. Y el valiente anciano que luchó pacíficamente por la paz durante los setenta y ocho años que vivió entre nosotros, dejándonos como herencia la huelga de hambre como método de lucha social y resistencia a la opresión, venga de donde venga.

MOHANDAS KARAMCHAND GANDHI

MOHANDAS KARAMCHAND GANDHI

Mi amigo Ángel Urruchi me envía desde Aubergenville unas hermosas y comprometidas reflexiones  que deseo compartir con los seguidores de este blog, como señal de afecto a todos los confidentes de mis cotidianos latidos volanderos y devaneos mentales.

Al parecer, un día que Mahatma Gandhi paseaba por las calles de Nueva Delhi con un grupo de amigos, uno de ellos le preguntó cuáles eran, a su juicio, los factores que destruían al ser humano y le apartaban de la felicidad, a lo que el maestro de la paz le respondió sin vacilar:

La política sin principios

El placer sin compromiso

La riqueza sin trabajo

La sabiduría sin carácter

Los negocios sin moral

La ciencia sin humanidad

La oración sin caridad.

Además, Gandhi aseguraba al amigo que la gente era amable con él, porque él lo había sido antes con la gente; que las personas estaban tristes, cuando él estaba triste; que todos le querían, cuando él amaba a los demás; que las personas eran malas, cuando él las odiaba; que sonreían, si él reía; que el mundo era feliz cuando él se sentía feliz; que la gente se enojaba, si él estaba enojado; que las personas eran agradecidas, si él mostraba agradecimiento.

En resumen, amigos, que la vida es un gran espejo, y la actitud que tomemos ante ella será la misma que tomará la vida con nosotros.

Para comprobarlo basta con empatizar un poco con el vecino incómodo, saludar al que pretende amargarnos la vida, ser generosos con quien nos envidia y hacernos solidarios con los desfavorecidos. ¡Ah!, y como decía Gandhi, «el que quiera ser amado, que ame».