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Etiqueta: línea roja

UN OLMO NO DA PERAS

UN OLMO NO DA PERAS

votoespana

Aunque la ganadora electoral haya sido la abstención, todos los partidos han celebrado con júbilo la victoria de sus siglas, alzando cada cual sobre los hombros la urna ganadora, entre abrazos festivaleros, gaviotas voladoras, pétalos al viento, círculos rodando y ciudadanos nadando en la rivera.

Si los líderes hubieran tenido claro los problemas que les aguardaban encima de la mesa, habrían sustituido el jolgorio y las soflamas, por una responsabilidad compartida que hiciera posible la convivencia, el progreso y la salvación de los muchos condenados que vagan por la sociedad sin futuro, comida, hogar, ni paradero.

Ha sobrado júbilo y faltado zozobra interior ante la incertidumbre que genera el compromiso de trabajo, honradez y servicio adquirido con los ciudadanos, para el que deben acumular fuerzas y sumar brazos que garanticen las posibilidades de una resurrección más dudosa e inestable que el violinista Topol en el tejado.

Han de saber que el bastón de mando entregado no es para que líen a garrotazos entre ellos sino para que encuentren el camino a seguir. Báculo prestado para que se apoyen en él con generosidad y talento, sin olvidar que los hemos puesto ahí para servir intereses comunes y no los propios, olvidándonos que un olmo no da peras, de igual forma que el poder no otorga sabiduría pero exige renuncia, templanza, verdad, entrega y sacrificio.

Si estuvieran convencidos que a partir de este momento se deben más que nunca a los ciudadanos, el sentido común decoloraría las líneas rojas hacia tonos más rosados, sus decisiones se encaminarían a beneficiarnos y ya se habrían dado la mano como prueba de la responsabilidad adquirida, entregados al bienestar común, a pesar de las palabras pronunciadas por el inquilino del oriental palacio, más obsesionado con la segura unidad de España que con la inseguridad vital de muchos españoles.

PRIMERA PRUEBA DEL ALGODÓN

PRIMERA PRUEBA DEL ALGODÓN

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Los resultados de las elecciones municipales y autonómicas han puesto de manifiesto la necesidad de pactos y negociaciones entre la diferentes formaciones políticas. Acuerdos a los que puede llegarse de dos formas: negociando concejalías municipales y consejerías autonómicas con mercadeos de poder, o conciliando programas divergentes hasta llegar al consenso.

El comercio de cargos ha sido la opción preferente en las tradicionales negociaciones políticas para alcanzar bastones de mando, algo que debe pasar a la negra historia del silloneo porque ha llegado el tiempo de hablar en las mesas sobre programas y proyectos, dejando a un lado personalismos y preocupaciones de cada cual por su futuro.

Quiere esto decir que el primer test valorativo que confirmará la realidad del cambio, será el nivel de transparencia que haya en las negociaciones que van a tener lugar, donde los ciudadanos debemos estar informados de quienes serán los protagonistas, de las propuestas de cada cual, de las convergencias, divergencias, aceptaciones, negaciones, cambios, cesiones, acuerdos y compromisos.

Mal comienzo sería para la anhelada democracia real que deseamos, si los partidos negocian entre bastidores a cencerro tapado emulando a Juan Palomo, y guisan los primeros platos en cocinas herméticas, donde los ingredientes que se añaden a las cazuelas pueden indigestar al pueblo.

Mal comienzo tendremos si al pasar el algodón por las mesas negociadoras, este sale ennegrecido por una opacidad mancilladora de su blancura, porque se haya ocultado al pueblo aquello que rechaza, le perjudica, ofende y decepciona, como el abandono de las “líneas rojas” o la tozudez que impida llegar a necesarios acuerdos beneficiosos para todos.

Pedimos, pues, que el proceso negociador se haga con luz, taquígrafos y transparencia absoluta, porque nada hay que no debamos saber quienes hemos hecho posible las mesas de negociación, salvo que se pretenda ocultarnos información pensando que nos falta la madurez que nos sobra.