Navegando por
Etiqueta: ladrón

DESCEREBRADOS Y DESCORAZONADOS

DESCEREBRADOS Y DESCORAZONADOS

Captura de pantalla 2015-02-07 a la(s) 20.24.35

El sabio refranero español exime de pecado a quien hurta a un ladrón, afirmando que quien roba a un caco tiene cien años de perdón, proverbio que yo prolongaría diciendo que quienes roban a los hambrientos merecen máximo castigo en la plaza pública, para que sirva de escarmiento a potenciales imitadores de tales depredadores.

Así debe sucederle a los descorazonados endriagos que han robado las viandas almacenadas en el banco de alimentos de Guadalajara, que pretendían alimentar durante seis meses a los alcarreños que llamaran a su puerta, por no tener un mendrugo de pan que llevarse a la boca.

Nunca un acto vandálico causó tanta indignación en almas limpias, solidarias y generosas, como la originada por los descerebrados que asaltaron ese depósito de la solidaridad, ofendiendo elementales sentimientos comunes a todos los seres vivos, pues incluso los cuadrúpedos tienen más sensibilidad que tales engendros de la naturaleza.

Despreciable pandilla de descerebrados, por carecer de neuronas sensitivas en su purulenta cisura de Rolando; y descorazonados, por tener una patata podrida en el pecho que late a impulsos de cobardes palpitaciones, pues nada hay más vil y miserable que robar el alimento que permite sobrevivir a los hambrientos.

Chusma de esperpentos humanos que han pateado la generosidad de los donantes, humillado la dignidad de los repartidores, coceado la disponibilidad de los administradores, injuriado el altruismo de los voluntarios y mancillado la prodigalidad de quienes habían donado generosamente los alimentos robados.

Para tan despreciable caterva de humanoides, pido castigo.

EL SEDUCTOR CANDELAS

EL SEDUCTOR CANDELAS

images

Quien llegaría a ser bandolero Luis Candelas fue expulsado del madrileño colegio San Isidro por devolverle dos tortazos a un clérigo que le había dado una bofetada, antes de ocuparse en robar caballos y seducir mujeres que le pagaban sus gastos y alimentaban, a cambio de ir por las calles de su brazo presumiendo de galán hermoso con patilla negra, faja roja y capa charra.

Respetado hacendista peruano de día y jefe de banda de atracadores por la noche, se ocultaba en tabernas de la villa con amantes féminas, logrando cierta admiración de los madrileños que cantaban sus “hazañas” en coplas populares, sin tener en cuenta el daño causado con sus fechorías a los sufridores de sus robos y amenazas de los incondicionales correligionarios.

Ladrón sin sangre en las manos ni violencia en sus mangancias, nos recuerda a Bárcenas, Roldán, Roca, el Dioni y tantos otros, con la diferencia de que estos no serán agarrotados vilmente como le sucedió el seductor Luis Candelas, que fue ajusticiado con el vil garrote a las once de la mañana del día 6 de noviembre de 1837 en un patíbulo situado en la Puerta de Toledo, acompañado por el llanto contenido de incontables damas madrileñas que acompañaron su cuerpo hasta la fosa común que esperaba a todos los ajusticiados.

Condenado a muerte por cuarenta robos, este rico bipolar social, era de estatura regular, pelo moreno, ojos negros, guaperas, con dientes blancos, flequillo bajo el pañuelo, bien afeitado, boca grande y sin bigote, parecía más un aspirante a modelo de belleza que un culto ladrón, pacífico seductor y dialogante con sus ricas víctimas.