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EVA BRAUN

EVA BRAUN

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He agotado todo el Primperán de las boticas salmantinas para contener las náuseas y vómitos que me ha producido la visión del reportaje “Eva Braun en la intimidad de Hitler”, donde esta trapecista aficionada muestra el rostro más abominable del desprecio a la vida de los demás, incluyendo en este multitudinario grupo a todo aquel que se moviera o se quedara quieto, porque el caso era matar, asesinar, fumigar, torturar y exterminar.

Las imágenes tomadas por esta fotógrafa en Berghof son un testimonio de valor documental incuestionable, pero revelador de la indiferencia con que se vivía en el lujoso refugio hitleriano las masivas muertes de soldados alemanes y aliados en el campo de batalla, junto al exterminio de judíos y discapacitados en los campos de concentración.

Llamarse Eva es para las mujeres católicas un privilegio puesto que fue la primera mujer que vio a Dios al nacer, cuando este decidió hacer una obra de arte eterna con la costilla del hombre procedente del barro que dio vida al primer ser humano, creado a imagen y semejanza de su Hacedor, según el relato bíblico.

Pero tal privilegio de nombre se torna en tragedia si lleva como apellido Braun, terminando en suicidio al cambiarlo por el de Hitler en el bunker del matarife, donde el cianuro hizo su tarea cuando Berlín era un despojo en manos de los aliados y el país germano estaba diezmado de ciudadanos por seguir estos ciegamente las instrucciones de un visionario resentido ante el fracaso alemán en la primera guerra.

HISTÓRICO CUADERNO

HISTÓRICO CUADERNO

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Un día como hoy en que mis paisanos festejan al patrón de la ciudad, es bueno recordar que hace treinta años España firmaba el tratado de adhesión a la Comunidad Económica Europea, cuarenta y tres años después de que un padre entregara a su hija como regalo un cuaderno en blanco al cumplir la niña trece años, sin prevenir la consecuencias históricas de tan ingenuo obsequio.

Ningún relato autobiográfico escrito por una joven ha merecido tanta atención como las páginas escritas por la adolescente alemana Annelies Marie Frank, entre el 12 de junio de 1942 y el 1 de agosto de 1944, en el escondite holandés donde se refugió la familia judía de Otto Frank para intentar inútilmente escapar de los nazis, hasta que fueron descubiertos y deportados a diferentes campos de concentración, muriendo la niña de tifus meses después con dieciséis años, tras sufrir injustas penalidades.

La niña Ana Frank cuenta en su diario los avatares, incertidumbres, temores y sufrimientos de la familia en la buhardilla o “casa de atrás” donde convivieron con la familia judía Van Daan, hasta que fueron delatados por unos vecinos a las fuerzas nazis ocupantes de Ámsterdan, siendo detenidas las dos familias por la Gestapo.

Veinticinco millones de copias se han vendido del diario de Ana Frank, hiriendo la sensibilidad de los lectores que se han acercado a sus páginas, empatizando con la chiquilla en el refugio tapado por una estantería donde sobrevivieron con escasas provisiones, poca ropa y en semioscuridad, durmiendo sobre jergones.

El campo de concentración de Bergen-Belsen no estaba concebido para el exterminio directo como otros campo genocidas, pero el dirigente nazi que lo regentaba hizo de él un estercolero inmundo y frío, permitiendo que el tifus y otras enfermedades se llevaran por delante a sesenta mil judíos, entre ellos a la joven Ana, a su hermana y su madre, pocos días antes de que semejante matadero fuera liberado por las tropas británicas.

AMÉN

AMÉN

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En este Sábado Santo, preludio de resurrección, me acerco de puntillas a la semítica palabra “amén”, que cierra todas las oraciones, plegarias y devociones de los creyentes occidentales, para que las alabanzas, ruegos y peticiones de los cristianos se cumplan, rogando a Dios que “así sea”.

Pues eso, que así sea, ya que no puede ser de otra manera, por mucho que nos mordamos el alma pretendiendo que los hechos ocurran de manera diferente a como suceden, tratando de evitar la despedida final de la vida, sin que a la “enemiga fiel” le importe demasiado el eterno deseo humano de sobrevivencia, tan socorrido en las religiones.

Decir amén ratifica firmeza, confianza, creencia, lealtad y seguridad en la fe, aunque los rabinos llegaron en sus discusiones sobre leyes judías, costumbres y tradiciones, a concluir que la palabra “amén” es un acrónimo que significa “Dios es un Rey en el que se puede confiar”.

De los judíos tomaron prestada esa palabra los cristianos y musulmanes y “así fue” como se hizo cuerpo en la liturgia, las plegarias y el pentagrama, como sucede en esta versión que Andre Rieu nos ofrece para deleite de los lectores que quieran vibrar conmigo oyéndola, cantándola y bailándola con ellos ante la pantalla del ordenador:

http://www.youtube.com/watch?v=cNoKFcQZL5c&list=RDcNoKFcQZL5c

Para los más veteranos como yo, queda la versión de Gospel, con sabores juveniles, cuando la oración era costumbre, la creencia ritual, el asentimiento firme, la ingenuidad creciente y la fe ciega, antes de que la razón se abriera paso en las pilas bautismales, temblara la catequesis y fueran borradas las profecías de Balaam en los textos escolares de Doctrina Sagrada.

CANTAR DE LOS CANTARES

CANTAR DE LOS CANTARES

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El rutinario gesto de los creyentes de abrir los libros sagrados y leer en ellos mensajes que la fe obliga a creer, inspirados por Dios a los profetas, llevó a Fray Luis de León a la cárcel inquisitorial por traducir al castellano el Cantar de los Cantares para que fuera comprendido por los creyentes.

Pretendió simplemente el fraile agustino quitar el disfraz a la palabra de Dios, librándola de ropajes que la hacían irreconocible y lejana a los cristianos para quienes fue dicha y escrita, aunque lo que en ella se dijera pusiera en estado de alerta a la jerarquía religiosa y movilizara a los inquisidores.

El Cantar de los Cantares es uno de los libros del Antiguo Testamento y el más comprometido de ellos debido a los temas de poesía amorosa que trata, atribuidos al rey hebreo Salomón, por lo que traducir dicho libro representaba un importante reto para un eclesiástico como Fray Luis de León, pues contenía y contiene alusiones a elementos extraños, con abundancia de imágenes eróticas.

Para los judíos se trata de un diálogo alegórico entre Dios e Israel, en el que Dios representa el amante e Israel la amada. Los cristianos interpretan que se trata de una relación amorosa de Dios con su Iglesia o con el alma individual, algo que defienden mis amigos teólogos, afirmando que se trata de un diálogo íntimo entre Jesús y la Iglesia.

Supongo que dentro de muchos años, estas interpretaciones eclesiásticas darán paso a otras lecturas secularizadas bastante diferentes de las que hoy hacen los exégetas bíblicos, porque el libro abre las puertas de par en par a interpretaciones menos religiosas.

En opinión de Fray Luis, se trataba de una dulce canción que el rey Salomón compuso, en la cual se mostraba a Dios herido por los amores humanos, con todas los sentimientos y pasiones que ello comporta. Sentimientos que provocaban en los corazones más blandos y tiernos las pasiones por todos conocidas.

Por eso ruega, arde y pide celos; se va como desesperado y vuelve entre la esperanza y el temor, canta de contento y publica sus quejas, haciendo testigos de la gran pena que padece a los montes, los árboles, los animales y las fuentes.

LIBERACIÓN DE AUSCHWITZ

LIBERACIÓN DE AUSCHWITZ

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Los nazis decidieron situar a 45 km de Cracovia el mayor campo de concentración y exterminio de cuantos construyeron en Europa, estigmatizando así la nación polaca como espacio singular de irracional barbarie, poco después de invadirla en 1939, al comenzar la Segunda Matanza Mundial.

El 20 de mayo del siguiente año, abrió Auschwitz sus puertas a los condenados por capricho xenofóbico, diferencias ideológicas o pertenecer a razas impuras, prohibiendo la entrada a la justicia, desterrando la libertad y encerrando en celdas de castigo los derechos humanos más elementales.

En Auschwitz fueron gaseados en negras naves de ignominia, más de dos millones de seres humanos, la mayoría de ellos judíos allí deportados, junto a otros prisioneros de guerra y disidentes, a los que se sumaron quinientos mil muertos más, fruto del hambre, las enfermedades, el frío y las torturas.

El cinismo de los matarifes les llevó a poner en el frontispicio de entrada a los diferentes campos del “complejo residencial” de Auschwitz un rótulo escrito por las SS, que daba la malvenida a todos los condenados con la frase: “Arbeit macht frei”, es decir, “El trabajo os hará libres”, que traducido a su lenguaje decía: “De aquí no saldréis vivos”.

Y así sucedió para todos internos que durmieron hacinados es sus barracones, antes de pasar a los hornos crematorios para destilar humo funerario en las páginas más negras de la historia de la humanidad, hasta que el ejército soviético liberó a los condenados que allí quedaban el 27 de enero de 1945, fecha de la esperanza y del fin de la barbarie, que permanecerá siempre en nuestro recuerdo, como propuso la Unesco declarando este símbolo del holocausto como Patrimonio de la Humanidad en 1979.

ESPAÑOLES

ESPAÑOLES

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Se han ocupado los intelectuales españoles de los últimos siglos en desentrañar el misterio que esconde el alma española, poniendo al descubierto algunas de sus cualidades más representativas, sin excluir el resto de aquellas consideradas menores.

¿Qué determina el ser español? ¿Cuál es la forma de ser, sentir, soñar, vivir y morir de los españoles? ¿Cómo nos relacionamos? ¿En qué nos parecemos y diferenciamos del resto de terrícolas?

Resumamos las respuestas a estas preguntas diciendo con Américo que los españoles somos el producto resultante de fundir cristianos, moros y judíos en un sola raza, con predominio de los primeros, desde que los católicos reyes acabaron con los moros y expulsaron a los judíos del territorio conquistado.

Los actuales ocupantes de la piel de toro procedemos de cruces, recruces y contracruces, religiosas, sanguíneas y políticas, llevadas a cabo por visigodos, musulmanes y hebreos, aliñados con guerras civiles, disputas vecinales, enfrentamientos sociales y desencuentros locales, durante muchos siglos de nuestra historia.

De semejante olla a presión surgimos los españoles del siglo XXI, con muchas guerras civiles latiéndonos en el pecho, sin poder deslindar las tres sangres que llevamos en las venas, derramándolas para cumplir una maldición que sobre nosotros pesa, como pesa la envidia, el individualismo, la desobediencia y la discordia.

Envidia como pecado capital que nos acompaña desde que los íberos se instalaron en Atapuerca, íntima gangrena del espíritu español para Unamuno. Individualismo, cáncer disociativo fruto de la sucesiva fragmentación en mitades sucesivas, hasta llegar a los comportamientos estancos que decía Ortega. Desobediencia, rémora de progreso y encuentro, traducida en críticas y posturas en contra, pero sin autocrítica. Y discordia, extraña afición que Goya expresó a garrotazos en la Quinta del Sordo.

A MÍ, QUE ME REGISTREN

A MÍ, QUE ME REGISTREN

Echar la culpa a otros gusta más a los conservadores que el chocolate con churros a los párrocos en casa de los ricos feligreses a media tarde.

En un tiempo pasado, achacaban las desgracias patrias a una conjunción de judíos, masones y marxistas, dando como probado y propagado por los ideólogos del régimen, que el franquismo era víctima inocente de la guerra civil, de las cartillas de racionamiento y de la emigración masiva de españoles.

Con la llegada a la pseudocracia fue la CIA culpable de algunos de nuestros males, al parecer por meterse a desarreglar entuertos donde nadie la había llamado.

Más adelante, los males sufridos en el país eran debidos a la herencia de corrupción felipista cedida por el gobierno del cambio rosado. Por cierto, todavía estamos esperando algunos cambios prometidos por ellos, después de 22 años de gobierno socialista.

En la actualidad, los culpables de todos los males que exoneran de responsabilidad a los conservadores, son múltiples y variados. De una parte está el legado de Zapatero, receptor de todos los dardos habidos y por haber, siendo responsable también de las últimas lluvias y de que se le cayera el bolígrafo a mi pescadera. También la insolidaridad de los funcionarios, ha llevado al gobierno a su demonización. Y, por último, en un alarde de paroxismo, el señor Montoro culpaba el otro día de la situación que padecemos a la UniónEuropea, por no hacer lo que debía hacer.

No obstante, parece claro que la realidad es bien distinta, pues en todo lo que ahora está sucediendo tienen bastante culpa el propio Gobierno que dispara responsabilidades a todo lo que se mueve, estimulado por la incompetencia y sumisión de sus miembros, que han optado por la vía fácil de la obediencia debida, sin pensar mucho en las consecuencia de sus decisiones.