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Etiqueta: Juan Pablo II

VISITA DE LA VIRGEN

VISITA DE LA VIRGEN

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Cuenta la tradición y canta la canción que “el 13 de mayo la Virgen María bajó de los cielos a Cova de Iría”, una pedanía portuguesa que adquirió fama universal en 1917 cuando la Madre de Dios se posó en carne mortal sobre una encina, para asombro de los creyentes católicos, capitaneados por Francisco, Lucía y Jacinta, tres pastorcitos que cuidaban solitarios un rebaño.

El hecho de que tal aparición mariana se produjera en Fátima, induce a pensar que la Virgen realizó un intento pacífico de nueva cruzada católica contra la toponimia infiel, pues la villa fue bautizada con ese nombre en recuerdo a la antigua ocupación de los árabes, ya que Fátima fue la hija preferida de Mahoma.

Consiguió María con su presencia promover el desarrollo de la localidad hasta la categoría de ciudad que le fue otorgado el 12 de junio de 1997 por las autoridades portuguesas, antes de revelarse el intrigante y enigmático tercer secreto revelado por la Virgen, que Lucía guardaba encofrado en su hábito carmelitano.

La primera revelación vaticinaba la muerte prematura de los hermanos Jacinta y Francisco, primos de Lucía. La segunda se refería «a la visión aterradora del infierno», que se interpretó como el final de la Primera Guerra Mundial, el estallido de la Segunda, la conversión de Rusia y el fin del comunismo.

El tercer secreto trajo a todos de cabeza hasta que fue revelado con motivo del viaje realizado por Juan Pablo II a Fátima, el 13 de mayo de 2000, para beatificar a Jacinta y Francisco, porque los tiempos ya “estaban maduros”, en palabras del pontífice. Ante 700.000 personas, el cardenal secretario de Estado, Angelo Sodano, hizo público que tal misterio se refería a la lucha del comunismo contra la Iglesia y al inmenso sufrimiento que habían padecido las víctimas católicas a lo largo del siglo XX.

Aclarado todo, Lucía murió tranquila, Juan Pablo II quedó satisfecho y el pueblo de Dios fidelizado, mientras el cardenal Joseph Ratzinger precisaba que era un llamamiento a la conversión, a la penitencia y a la fe, excluyendo revelaciones apocalípticas como el fin del mundo o el futuro de la historia. ¡Uf, menos, mal!

MADRE TERESA

MADRE TERESA

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Hace hoy dieciséis años que la malaria y un paro cardiaco se llevaron al cielo católico a la albanesa Agnes Gonxha Bojaxhiu, con 87 años de generosidad a la espalda, sin dar tiempo a que Juan Pablo II la beatificara como Teresa de Calcuta en los altares, dejando a todos los leprosos de sus misiones en manos de sus hermanas Misioneras de la Caridad.

Fue la Madre Teresa apoyo de los desfavorecidos, protectora de huérfanos, consuelo de moribundos, brazo de los mutilados, alegría de los marginados y salud de los enfermos despreciados por una enfermedad vergonzosa, a los que atendió con dedicación de madre durante cincuenta largos años en sus fundaciones.

Algo que comenzó en 1964 cuando Pablo VI le regaló una limusina Lincoln de color blanco, que la Madre Teresa subastó para fundar la residencia de leprosos “Ciudad de la Paz”, que luego ampliaría con el centro de rehabilitación “Don de la Paz”, comprado en 1971 con el dinero obtenido del Premio Juan XXIII. Y así sucesivamente hasta formar una cadena de amor solidario jalonada de hospicios, orfanatos, hospitales, leproserías y residencias para marginados sociales.

Esta “pequeña flor” blanquiazul de origen albanés fue ciudadana del mundo, apátrida en todo suelo, desterrada por voluntad propia, heroína silenciosa, corazón ambulante, misionera del amor, apóstol de la paz y alma de Jesús.

SAN JOSÉ MARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER

SAN JOSÉ MARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER

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De no haberse producido la fatal desgracia que acompaña a todos los mortales,  – por más que numerarios, supernumerarios y “clase de tropa” rogaran a Dios para que prolongara su vida -, este santo barbastrense de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, cumpliría hoy 111 años.

Nunca la Iglesia se dio tanta prisa para acreditar la beatitud de uno de sus fieles, ni la “Obra” pagó tanto dinero para conseguirla, ya que en palabras del sucesor Portillo, la beatificación del III Marqués de Peralta supuso para las arcas de la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei, la fruslería de treinta millones de pesetas a lo largo de los once años que los tribunales emplearon en las seiscientas reuniones que mantuvieron para dar luz verde a los milagros que beatificarían al futuro San José María Escrivá de Balaguer, el 17 de mayo de 1992, de la mano del futuro San Juan Pablo II.

A partir de ese momento, la Iglesia puso en marcha la turbosantidad del beato, canonizando al abogado diez años después, cuando habían pasado ochenta y cuatro de la visita que Dios le hizo al de Barbastro pidiéndole que llamara a la santidad a todos los hombres, – y mujeres, claro -, abriendo un nuevo camino en la Iglesia con la santificación del trabajo de cada día.

Así fue como emprendió su tarea de llevar al “camino” a todo el que asistía a sus familiares charlas, hasta convertirse en el santo que ahora rezamos todos para que nos libre de algunos extraños miembros de su obra que nos gobiernan, administran, instruyen, enjuician y sanan, aunque no sean todos los que están en la faena de utilizar el gran peldaño de su Obra para subir a la cumbre con su falta de compromiso evangélico, porque también hay santos cotidianos entre ellos.