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JOVEN ANCIANO

JOVEN ANCIANO

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caras

La casualidad puso ayer delante mis ojos en la pantalla televisiva a un joven hablando con palabras de ancianidad a la que nunca espero llegar, aunque la vida me conceda la desgracia de ser inservible centenario en manos ajenas, sin posibilidad de encontrar una enfermera como la de Johnny cuando dejó su fusil y le taparon la cara.

Tales fueron las palabras de este joven anciano, que sospeché tratarse de un truco mágico en la que un viejo reviejo se había puesto careta joven para disimular su rostro ajado, pero no fue así. Se trataba de la imagen real-real de un joven-joven, que se expresaba con ideas de viejo-viejo, sin que el director de escena gritara ¡corten!, y el responsable de emisiones de la Bola del Mundo en Navacerrada, cortara la emisión.

Yo, que tantas veces he pedido a mis hijos y alumnos rebeldía y fuerza para luchar contra todos los molinos de la vida, me encontraba ante un joven anciano moralmente moribundo, resignado a su injusta desgracia, que daba paternales consejos de confesionario a otros jóvenes con voz doblada por el miedo, pidiéndoles paciencia bíblica, humildad evangélica, esperanza en providenciales sortilegios, apuntillada con el deseo de que tuvieran suerte en la lotería y les acompañara la fortuna de un braguetazo que les resolviera la vida.

El discurso de este anciano de veintitantos años hubiera ganado un concurso galáctico de monólogos, provocando carcajadas en los marcianos, fraternales paisanos de este ejemplar de fauna extinguida, del que afortunadamente solo queda él como muestra en la Tierra.

CARTA A UN JOVEN REPUBLICANO

CARTA A UN JOVEN REPUBLICANO

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Estimado Joaquín:

Hace tres días celebraron muchos ciudadanos el 34 aniversario de la Constitución Española que consagra la monarquía parlamentaria en España, y hoy nos toca a ti y a mí rendir culto y honor a la Carta Magna republicana aprobada un día como hoy de hace 82 años, que ungía una organización del Estado cuya máxima autoridad era elegida por los ciudadanos, siendo Niceto el primero en representarla.

He sabido por tu madre Lola, casualmente mi amiga y hermana-huérfana por vocación, que la sangre republicana corre por tus venas con el ímpetu juvenil de los incipientes diecisiete años de tu calendario, algo impensable que a mí me sucediera cuando tenía tu edad porque entonces la palabra república no figuraba en el diccionario, estaba desterrada del vocabulario y condenada a galeras por el régimen que la enterró en vida sin darle tiempo a los primeros balbuceos.

Quienes protagonizamos el milagro de poner en vuestras manos una democracia que no acaba de llegarnos en plenitud, fuimos privados de la libertad que tú ahora tienes para proclamarte abiertamente republicano, junto a todos los que pensamos en una jefatura del Estado no hereditaria, sino conquistada en las urnas por voluntad popular.

Ya ves, Joaquín, algo tan simple como eso, ha de someterse a una tradición sostenida en temores ficticios de un nuevo fracaso, alentado por quienes se empeñan en pregonar los males de la Segunda República, confundiendo a todos, cuando el cáncer estuvo en el desacierto de «hunos» y «hotros» gobiernos republicanos que hicieron inviable esa forma de Estado, inocente de todos los delitos que se le han atribuido intencionadamente durante años.

No tuvo la República culpa de nada, Joaquín, ya que fueron los dirigentes políticos responsables de su fracaso, por dar más golpes en la herradura que en el clavo. Republicanos fueron la gran mayoría de españoles, tanto de izquierda, como de centro, derecha y extremos, desde Gil Robles a Largo Caballero, pasando por Miaja, Franco, Queipo y El Campesino, para terminar en Picasso, Pemán, Ortega, Severo Ochoa, Muñoz Seca,…y Unamuno, diputado en las Cortes Constituyentes de la 2ª República, jurando todos lealtad a ella, pues incluso los militares que se sublevaron, vitorearon a la República en sus bandos rebeldes.

Vivo con resignada tolerancia la imposibilidad de votar al presidente de la tercera república española, pero mantengo la esperanza en que jóvenes como tú boten de una vez esta anacrónica monarquía propia de tribus prehistóricas y feudos medievales, protegida por cortesanos y medios de comunicación que ocultan la realidad de una Casa Real en decadencia.

No tengas prisa, Joaquín, pero trabaja sin pausa para desanacronizar el país, sabiendo que la monarquía acabará cayendo de inevitable muerte natural exigida por la historia de la humanidad, aunque los de mi generación lleguemos con retraso a la cita del notario popular que certifique su defunción, porque intentar evitar su caída es tan inútil como pretender que las hojas no se desprendan de los árboles en otoño o la costra de una herida se mantenga cuando ésta cicatriza.

A comienzos del siglo XX sostenían la monarquía los cortesanos que se beneficiaban de ella, el caciquismo a quien servía de agarradero y la enorme apatía de un pueblo maltrecho y moralmente desarmado por un siglo de luchas cruentas, que marchaba resignado pensando que más valía lo malo conocido que lo bueno por conocer.

Hoy las cosas han cambiado y muchos se niegan a tolerar que un monarca haga ilusoria la soberanía de un pueblo que aspira progresar al ritmo político que exige el desarrollo imparable de las ciudadanas y ciudadanos que escribirán la historia futura y darán vida a la sociedad española del siglo XXI.

Este viejo republicano que no conoció república ni vivió en ella más que en sueños futuristas de una realidad inalcanzable para él, te pide un recuerdo a su memoria el día que la madurez del pueblo no necesita arbitrajes de reyes, príncipes, princesas, infantas y cortesanos, para ocupar la jefatura del Estado.

Este sencillo homenaje esperará de ti en el valle de Josaphat, tu republicano amigo Paco.

MAESTRO ANTHONY HOPKINS

MAESTRO ANTHONY HOPKINS

La realidad se hace más hermosa que la ficción en este joven anciano de setenta y cinco años, cuando se sienta frente al piano y deja volar su imaginación sobre las blanquinegras teclas de su caja de resonancia, componiendo melodías eternas, inimaginables en el ficticio doctor Lecter de los silenciosos corderos.

Pocos saben que Hannibal, el personaje frío y sanguinario que le llevó al óscar, nada tiene que ver con el compositor musical cálido y fraternal que es en realidad Hopkins, nombrado Sir en 1992 por gracia de su graciosa majestad la reina inglesa Isabel II.

Tuvo que aparecer en su vida la colombiana Stella para que don Antonio hiciera realidad el sueño de su madre que siempre quiso que el niño fuera concertista de piano, ocupándose el actor-compositor de tocar diariamente el piano, improvisando melodías y componiendo «And the waltz goes on», que nos ha emocionado a todos bajo la batuta de André Rieu.

Actor que escribe en el pentagrama hermosas composiciones. Loco de cordura que pinta sobre el lienzo con estilo singular y personalidad propia. Ciudadano que abandonó el alcohol para colaborar con proyectos solidarios. Ecologista que ha puesto su nombre en las listas de Greenpeace. Y soñador que vive emocionado sus últimos años de vida bajo el sombrero blanco que le ha dado fama universal

DIARIO DE UNA JOVEN SECRETARIA

DIARIO DE UNA JOVEN SECRETARIA

Dándole forma literaria como diario apócrifo, os cuento la historia real de unos hechos sucedidos en plena crisis y cercano despacho, que nos devuelven a tiempos no lejanos de siervos, pernadas, abusos y amenazas  para complacer falos insatisfechos, sometiendo voluntades y quebrando dignidades, a cambio de supervivencia.

Primer día: Llego a mi nuevo empleo como administrativa a las ocho de la mañana, respondo a treinta cartas, resumo cinco informes, preparo dos balances y salgo una hora más tarde.

Segundo día: Don Antonio, mi jefe, debe ser buena gente. He llegado a las ocho y media y no me ha llamado la atención por el retraso. He respondido a veinte cartas.

Tercer día: Me he retrasado otra vez. Respondo a quince cartas y resumo tres informes. Don Antonio se ha ofrecido para ayudarme en todo lo que necesite.

Cuarto día: He llegado a las nueve, redactado diez cartas y preparado dos balances, además don Antonio me ha dicho que necesita una secretaria particular.

Quinto día: He llegado a las nueve y media, y al final de la jornada el jefe me ha ordenado que a partir de mañana pase a trabajar todos los días en su despacho.

 Sexto día: He llegado a las diez y no he tenido que hacer balances ni informes. Don Antonio me ha comentado que tengo un nombre muy bonito y buen gusto para vestir.

Séptimo día: Sólo he tenido que responder a cinco cartas y me ha sonrojado el jefe diciéndome que estaba muy guapa, poniendo una flor sobre mi mesa.

Octavo día: Hoy no he tenido cartas que contestar ni informes que resumir. He estado casi toda la mañana hablando con don Antonio y me ha pedido que le llame Tony.

Noveno día: A partir de hoy sólo debo contestar al teléfono porque Concha se encargará de todo lo demás. Al acabar he tomado con Tony una bebida muy rara en un pub.

Décimo día: Tony me ha invitado a cenar esta noche en su apartamento y se ha enfadado conmigo por negarme a ir, alegando que no me gusta y que estoy feliz con mi chico.

Undécimo día: El jefe no es tan simpático como me creía. Hoy no me ha hablado, he contestado a veinte cartas, redactado cinco informes y salido dos horas tarde.

Duodécimo día: He llegado a las nueve al despacho y me ha reñido por el retraso, antes de advertirme que está pensando cambiar de secretaria particular.

Decimotercer día: Hoy he currado como una mula y realizado el trabajo de Concha, pero don Antonio me ha dicho que no le parezco muy adecuada para el puesto de trabajo.

Decimocuarto día:  Tony ha estado toda la cena supersimpático y su apartamento huele a azufre.