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INDIGNACIÓN RESIGNADA

INDIGNACIÓN RESIGNADA

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La conciencia colectiva dormita en España acunada por la indignación resignada que paraliza las células revolucionarias, inhabilita la lucha por la justicia y anula la capacidad de respuesta ante los chuzos de punta que están cayendo sobre las viviendas, escuelas, hospitales, juzgados, sueldos y personas, sin que el pararrayos de la sublevación libere al pueblo de la mansedumbre.

La oscuridad del túnel por donde nos están obligando a ir encadenados con pretextos que ofenden al sentido común, nos impide ver la salida, pero oímos y sufrimos los chirridos de los raíles con cada frenazo que los maquinistas dan a nuestra vida, impidiendo que reverdezcan entusiasmos de la juventud.

No me enorgullece pertenecer a una generación que ha tirado la toalla de las luchas juveniles por la libertad, acomodándose a la rutina de pasear entre los escombros que un grupo privilegiado de regidores han arrojado en las calles de la vida, cerrando las puertas del futuro a los jóvenes que deambulan entre ellos.

Tenemos mucho trabajo que hacer, excesivos pecados por redimir y duras horas que pasar en la penumbra, porque los problemas en España no son económicos ni financieros, sino morales, éticos y estéticos, que sólo venceremos cuando tengamos fuerzas para salir de la resignación que domina nuestra indignación.

ENTRE TODOS

ENTRE TODOS

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No acostumbro a sentarme delante del televisor, salvo para informarme de lo que no me gustaría saber, a través de noticias que hacen retemblar el alma de indignación, con imágenes y palabras que despiertan sentimientos enfrentados a la razón que nos falta, sostenidos con razones que nada justifican, aunque pretendan explicarlo todo.

El azar me puso en la sobremesa de ayer ante la pantalla del televisor, donde una mujer con zapato plano y frescura juvenil, festejaba llamadas telefónicas de televidentes solidarios gritando “¡Tooooma!”, “¡Vámonoooos!” y otras expresiones acompañadas de rotundos gestos, mientras el auditorio respondía entusiasmado: “¡Llamada!”, cuando ella preguntaba: “¿Qué tengo?”.

No es fácil explicar el contradictorio sentimiento que despertó en mí el programa, por nutrirse con excesivas lágrimas, mostrar dolor al descubierto y aprovechar la baratura sentimental, mezclado todo con donaciones anónimas, solidaridad doméstica y respuesta de los ciudadanos a la llamada del vecino, mientras el Gobierno mira para otro lado.

Vinieron a mí recuerdos juveniles de Alberto Oliveras y su programa radiofónico “Ustedes son formidables”, que parcheaba desgracias a falta de recursos públicos para redimir a los marginados, sustituyendo derechos por caridad, mientras enjugaba con lágrimas las injusticias sociales.

Debemos salvar la dignidad humana en el escaparate público, preservar el anonimato de los menesterosos, guardar la confidencialidad de los empobrecidos y no hacer espectáculo con la desgracia ajena; pero también debemos alzarnos contra la injusta distribución del dinero común, para evitar que aumente un 27,9 % la asignación a los partidos políticos pasando de 66,2 millones de 2013 a los 84,7 del próximo ejercicio, mientras la sanidad se degrada, la educación se desprecia, las estafas se consuman y se abandona la ayuda a la dependencia.

DESOBEDIENCIA CIVIL

DESOBEDIENCIA CIVIL

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Después de pasarme una vida predicando a los jóvenes la obediencia a las leyes, el cumplimiento de reglamentos, la subordinación a los mandatos y el acatamiento de normas, argumentando el valor cívico, moral, ético y social que sustentan las disposiciones legales, hoy rindo mi voluntad a la insumisión y desobediencia civil, como única salida para evitar que las ciudades se conviertan en morgues por donde caminemos sorteando los muertos provocados por decretos exterminadores.

Con indignación y dolor, leo en el periódico que se ha dejado morir de tuberculosis un joven de 28 años por no tener tarjeta sanitaria, tras ser rechazado en el hospital de Inca por celosos empleados cumplidores de órdenes inhumanas exigidas por Bauzá a través del conseller Sansaloni.

Igualmente, con incredulidad y estupor me llega la noticia de que otro joven valenciano de 23 años ha sufrido una reoperación quirúrgica para quitarle una prótesis  de rodilla que se le había implantado, al no poder pagar los 152 euros que costaba el postizo ortopédico que se le había insertado en la rodilla.

He visto policías reprimir con dureza inusitada manifestaciones de vecinos pidiendo trabajo, pan y justicia, arrastrando por el suelo a personas desahuciadas ante el llanto dolorido de sus hijos, cumpliendo órdenes de quienes juegan con nosotros al ahorcado, protegidos por esos mismos guardias cuando los ciudadanos que piden explicaciones a sus mandatos exterminadores.

No amenazamos los ciudadanos que predecimos la inevitable rebelión del pueblo ante la situación de flagrante injusticia que vive gran parte de la población, mientras una minoría mantiene sus privilegios, consiente la corrupción, participa de los beneficios y pide obediencia a unas leyes hechas a medida del poder político y financiero.

Hay poco margen de error en la predicción que una futura insumisión de sanitarios, jueces, profesores, funcionarios, policías y trabajadores, a leyes y mandatos que condenan a la miseria, pobreza, marginación y muerte a quienes no merecen tanto desprecio y abandono a un fatal destino, provocado por quienes no sienten las angustias, miedos y temores que sufren los desahuciados, hambrientos, parados y estafados.

HARTAZGO

HARTAZGO

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Ignoran los políticos que la paciencia tiene un límite y la indignación varias puertas de salida que todas confluyen en la revolución. También desconocen que un pueblo herido es más peligroso que los pumas, que la impunidad puede llevar a la desobediencia civil y que  la sordera política frente al clamor popular puede llevar a las barricadas.

La pasividad de los políticos recreándose en sus privilegios y enterrando la corrupción para que nadie sepa que se esconde tras la niebla de Pallerols, Malaya, EREs., Bárcenas, sobres, Berzosa, Amy, Alcorcón, Pitiusa, Millet, etc., puede terminar obligándoles a cavar su propia fosa por orden de los capataces ciudadanos, hartos de tanto recorte, desahucio y corrupción, como escenificó Ada Colau ante la Comisión de Economía del Congreso.

Nuestros padres putativos, acompañados de los mandamases ejecutivos, presidentes financieros y líderes ferrazgenoveses, llevan demasiado tiempo provocando al populacho con su indolencia, y el populacho ha comenzado a desempolvar las guillotinas revolucionarias y afilar las hoces insurrectas, para cortar de un tajo los recortes, la impunidad, los engaños y las estafas.

Aviso a navegantes políticos: cambien ustedes el rumbo de la nave nacional y pongan proa hacia la ejemplaridad moral, para evitar un motín a bordo que les lleve a la bodega donde las vías de agua que están ustedes abriendo terminen por hacernos naufragar a todos en este mar de miseria humana que están fabricando.

ORDEN Y CONTRAORDEN, INDIGNACIÓN

ORDEN Y CONTRAORDEN, INDIGNACIÓN

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En este momento no se cumple el aforismo que predice desorden cuando a una orden, sucede la contraorden. En la actualidad, orden y contraorden van acompañadas de frustración, desesperación y suicidio, por parte de la tropa que obedece disciplinadamente las instrucciones que proceden de los mandamases que dirigen nuestras vidas.

Las vallas publicitarias y los anuncios televisivos nos mandan consumir todo lo que sale de las factorías productivas que nutren el consumismo, y por otro lado, el Gobierno nos prohíbe gastar hasta el aire que respiramos, con recortes que están ahogando el negro presente que tenemos encima y el futuro que nos espera.

El resultado de la orden consumista y la contraorden gubernamental de ahorrar, nos lleva a la indignación propia de quien quiere y no puede, ya que el dominio de la penuria multiplica la frustración en los escaparates, la malnutrición en las cantinas escolares, los síncopes a las puertas de las farmacias, los suicidios en los hogares desahuciados y el peregrinaje por los contenedores de basura y vertederos municipales.

Consumir y sobrevivir son tan incompatibles como ser golpeados y dejarnos noquear en un rincón, sin unirnos, levantar la guardia y liarnos a tomatazo limpio contra quienes nos trituran, para mancharles los trajes de rojo tomatero, porque nuestra moral nos impide teñirlo con el pigmento natural que circula por sus venas.

ESTOY AVERGONZADO

ESTOY AVERGONZADO

Mi estado de ánimo ha pasado por distintas fases agudas de intensidad variable, evolucionando desde la discrepancia a la indignación, pasando por la queja, el vituperio y la incitación a la rebeldía. Ahora me encuentro en un estado nunca imaginado y desconocido en sesenta y cinco años, debido a las despreciable imágenes que impresionan mi retina.

Pasar la tijera por donde no hay nada que cortar, mientras que políticos y banqueros se parapetan bajo el paraguas de salarios desmedidos, indemnizaciones escandalosas, pensiones vitalicias y privilegios inmerecidos, hiere el espíritu más insensible, porque al mismo tiempo que masacran derechos intocables de los vecinos condenan al pueblo a remar en galeras, descalifican a los funcionarios, humillan a los médicos, desprestigian a los profesores, irritan a los militares, ofenden a jueces y fiscales, desprecian a los parados y obligan a los cuerpos de seguridad a reprimir violentamente al pueblo que defiende sus intereses.

Estoy avergonzado de ver trabajadores en la morgue del suicidio, por carecer de lo más elemental para la supervivencia.

Estoy avergonzado de ver a titulados universitarios buscando restos de alimentos en los contenedores de basura de los supermercados.

Estoy avergonzado de ver a jóvenes adultos deprimidos y condenados a la humillante dependencia familiar por falta de trabajo.

Estoy avergonzado de ver el ensañamiento que emplean algunos policías en reprimir a los vecinos que piden trabajo, pan y justicia.

Estoy avergonzado de ver a los médicos entrar en los hospitales con la fiambrera bajo el brazo, dispuestos a trabajar durante veinticuatro horas seguidas por nuestra salud.

Estoy, en fin, avergonzado de vivir en un país gobernado desde hace muchos años por politiqueros de tres al cuarto cuyo mérito no pasa de lucir gaviotas o rosas en la solapa.

INDEMNIZACIONES CIUDADANAS

INDEMNIZACIONES CIUDADANAS

Con más mérito que los aterciopelados usureros bancarios y políticos de bisutería, reclamamos los ciudadanos las indemnizaciones personales que nos corresponden, tras oírle decir a un popularísimo dirigente popular que tales concesiones sólo se otorgan a directores de empresa, consejeros de entidades bancarias y dirigentes políticos de alta gama.

Este desvergonzado politiquero desconoce la hermosa leyenda medieval de Gonzalo Fernández, cuando el católico Fernando exigió cuentas al de Córdoba, y éste le remitió la factura detallada con la misma indignación que reclamamos, siglos después, las siguientes indemnizaciones a cada ciudadano:

Por pañuelos gastados en enjugar lágrimas de impotencia al ver incompetentes depredadores en Cajas de Ahorro cobrar sueldos e indemnizaciones insultantes: solicitamos un millón de euros.

Por vendajes y cicatrizantes para curar heridas en las palmas de las manos de tanto apretar los puños ante las injusticias sociales, económicas y políticas: requerimos dos millones de euros.

Por antiinflamatorios para gargantas desgastadas y rotas de tanto gritar en las manifestaciones tras de las pancartas, sin ser escuchados: pedimos millón y medio de euros.

Por empapaderas para recoger las secreciones de pesadillas nocturnas y el sudor de los trabajadores que nutre las cuentas corrientes de los patrones: demandamos cinco millones de euros.

Por trajes protectores contra porrazos indiscriminados, arrastres por el suelo y pelotazos de goma disparados contra el pueblo indefenso: queremos tres millones de euros.

Y por la resignada paciencia de bueyes mansos con que toleramos los ciudadanos el hundimiento de la economía doméstica y el humillante paro, mientras políticos, banqueros, defraudadores, corruptos y usureros, mantienen sus privilegios, ingresos y beneficios: exigimos doscientos millones de euros.

Estas indemnizaciones pedimos, y sabed gestores de nuestro patrimonio, que nos sobra sangre para reclamarlas.