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Etiqueta: Grecia

ME DUELE GRECIA

ME DUELE GRECIA

HEALING

A veces no basta con gritar más alto para acallar el ronquido del hambre, ni desempolvar pesadillas en la sombra da respuestas a los interrogantes que deja la miseria en paredes y pancartas, cuando la duda garabatea palabras inasequibles al libro sagrado y el pentagrama social entona consignas inaudibles para los depredadores.

La paz de los tratados evita resplandores de bombas en las noches negras de la barbarie, es cierto. Pero es más verdad que la sinrazón de la mortal guerra fría extermina sin pólvora almas inocentes mostrando los colmillos tras la sonrisa de hiena, sin disparar con plomo a cuerpos anémicos condenados a muerte por una ambición amparada en pacíficas leyes exterminadoras.

Los suicidios griegos a los pies de Atenea no son fruto inexplicable del azar, sino cumplimiento de mandatos dictados por quienes contemplan desde su olimpo la mortuoria secuencia de vidas abandonadas, inaccesibles a las páginas de periódicos y pantallas televisivas en un intento de evitar contagio de la epidemia fúnebre que se expande entre sus gloriosas piedras.

Pero callar es cobardía y mirar para otro lado, apocamiento, cuando la sangre del prójimo grita rebeldía contra al látigo financiero que fustiga inclemente la espalda dolorida de un pueblo que pide limosna para sobrevivir, ante la indiferencia de los vecinos del sur que esperan mansamente su turno a la puerta, resignados al inmerecido destino que les espera.

FUNERAL POR EL TRABAJO

FUNERAL POR EL TRABAJO

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La tradicional “fiesta del trabajo” que se ha conmemorado durante tantos años, amenaza con transformarse en “funeral del trabajo”, por obra y gracia de leyes laborales devastadoras, a las que se han sumado depredadores patronales, esquilmadores de la hacienda pública, “cajeros” desvalijadores de cajas, despilfarradores que han gastado en salvas populistas el erario público y defraudadores con cuentas en paraísos fiscales.

A todos ellos hay que agradecerles el deshonroso honor que tenemos los españoles de ocupar junto a Grecia la cabecera estadística de ciudadanos desempleados, muchos de los cuales ven el futuro tan negro como la boca de la mina social que los lleva al enterramiento laboral sin redención posible.

Ruina laboral de difícil recuperación, salvo que las vírgenes de la Paloma y Rocío nos ayuden, atendiendo los ruegos y plegarias de las señoras Botella y Báñez, aunque interfieran ante el Hacedor Santa Ana y la virgen de Fátima por ser abandonadas en segundo plano, a pesar de darle nombre a la alcaldesa y ministra.

Procesionemos, pues, en la fiesta del trabajo con un cirio en la mano y luto en la solapa, pero armados de esperanza en que pronto asistiremos a los funerales por la reforma laboral, aplaudiremos la condena a galeras de los culpables de la crisis y nos alegraremos con la fumigación política de todos los seres humanos dañinos para especie que representan, porque en las santas urnas está la redención.

INSOLIDARIA AMNESIA ALEMANA

INSOLIDARIA AMNESIA ALEMANA

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Alemania insiste en seguir dándonos cuartos de vuelta con más recortes hasta que a muchos no les quede ni gota de esperanza en la redención de la miseria donde habitan, desde que los teutones se apropiaron del torniquete, olvidando que en tiempos no muy lejanos se tuvo con ellos la generosidad y la clemencia que hoy niegan a los demás.

Efectivamente, el 27 de febrero de 1953 se inició en Londres el proceso de acuerdo sobre la deuda externa alemana para resolver el enorme endeudamiento de los alemanes, sin aplicarle medidas restrictivas ni políticas de austeridad que hubieran desencadenado una reducción del comercio, decrecimiento de la producción y bajada del consumo, como ellos hacen ahora con varios países europeos.

Se les facilitó a los alemanes el desarrollo y el comercio exterior sin desestabilizar su economía, anulándoles los 25 países acreedores el 62,6 % de la deuda, evitando al mismo tiempo el anatocismo, es decir, el cobro de intereses sobre intereses, y se hizo con la generosidad de olvidar que semejante deuda había sido contraída con motivo de las dos guerras mundiales que promovieron en 1914 y 1939.

La deuda contraída por Alemania antes de la Segunda Guerra Mundial era de 22.600 millones de marcos y la deuda de posguerra ascendía a 16.200 millones, dando un total de ¡38.800 millones marcos! de 1945, que debían pagar a Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Bélgica, Canadá, Ceilán, Dinamarca, Grecia, Irán, Irlanda, Italia, Liechtenstein, Luxemburgo, Noruega, Pakistán, España, Suecia, Suiza, la Unión de Sudáfrica y Yugoslavia, entre otros.

Pero todos estos países le perdonaron 24.300 millones, permitiendo así la pronta recuperación de Alemania, al quedarle solamente una deuda de 14.500 millones pagadera en 57 años, que liquidó el 3 de octubre de 2010, recuperada ya de la ruina y pisando fuerte en todas las instituciones y entidades financieras europeas y mundiales.

El famoso milagro alemán tuvo mucho que ver con la indulgencia y solidaridad de los países acreedores, muchos de los cuales sufren ahora la ingrata amnesia de los alemanes, su escasa generosidad, nula solidaridad y detestable codicia al pretender que Grecia venda el Partenón para enjugar la deuda.

OLÍMPICAS DESDE 1928

OLÍMPICAS DESDE 1928

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Hoy, que las mujeres baten records en las canchas deportivas, conviene recordar que fueron segregadas y borradas del mapa atlético en las antiguas olimpiadas griegas, impidiéndoles correr, saltar, lanzar, luchar y competir en las pistas olímpicas, teniendo prohibida incluso la asistencia como espectadoras a los juegos olímpicos que disputaban los hombres.

Prohibición que se prolongó durante siglos, más allá de 1896 con la puesta en escena de las modernas olimpiadas, cuando el barón Pierre de Coubertin reunió a todos los atletos del mundo en Atenas, sin permitir que compitieran las mujeres, porque según el fundador de estas reuniones atléticas: “Para ellas la gracia, el hogar y los hijos. Para ellos, la competición deportiva”.

Tuvieron que pasar 32 años más para que las atletas pudieran participar por primera vez en los juegos olímpicos celebrados en Ámsterdam durante el año 1928, cuando el tarzán Weissmuller nadó como un pez, los uruguayos ganaron el oro en fútbol y por primera vez la llama olímpica iluminó el estadio durante todas las pruebas.

Atleta, es voz única para ambos géneros gramaticales, que nos obliga a diferenciar los atletas de las atletas por otros medios, pues el diccionario se empeña en mantener como primera acepción de atleta, al hombre – ojo, al hombre – que tomaba parte en los antiguos juegos públicos de Grecia y Roma, remediando el lenguaje sexista en la segunda definición, diciendo que atleta es la persona que practica el atletismo.