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Etiqueta: Ginebra

JEAN ZIEGLER

JEAN ZIEGLER

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Este suizo, orgullo de la raza humana, es de los pocos intelectuales comprometidos con la redención de la humanidad, sin llevar cruces en el pecho ni aparentar ser lo que siempre ha sido en los cincuenta años que lleva dejándose la piel por defender la justicia social y una equitativa distribución de la riqueza.

A sus ochenta años, este doctor en Derecho y Ciencias Económicas por la Universidad de Berna, profesor de sociología en las Universidades de Ginebra y Sorbona de París, Relator Especial de la ONU para la Alimentación y parlamentario suizo, mantiene el espíritu luchador que tuvo en su juventud contra la banca suiza por colaborar con los nazis a la expropiación judía.

Siendo vicepresidente del Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, hizo temblar los cimientos del capitalismo y el poder financiero denunciando que la deuda de los países desfavorecidos era delictiva e ilegítima, al estar generada por “un orden mundial criminal y caníbal, donde las pequeñas oligarquías del capital financiero deciden de forma legal quién va a morir de hambre y quién no. Por tanto, estos especuladores financieros deben ser juzgados y condenados, reeditando una especie de Tribunal de Núremberg”.

Ziegler condujo a Ernesto Guevara por las calles de Ginebra cuando el Che acudió a esa ciudad en 1964 para intervenir en la Conferencia del Azúcar, y algo debieron hablar en el coche, para que este viejo profesor propusiera ocupar masivamente los bancos, nacionalizarlos y confiscar los arrogantes bienes y sobradas riquezas robadas por los especuladores financieros, para compensar todo el sufrimiento que han causado a la población mundial.

REALEZA CONFESIONAL

REALEZA CONFESIONAL

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La piadosa visita realizada por los reyes de España al Papa -con peineta incluida – permite recordar las nefastas consecuencias políticas, económicas y sociales que ha tenido históricamente para nuestro país la confesionalidad real, debido a las decisiones tomadas por los monarcas que nos han reinado.

Ya las Cortes castellanas pidieron inútilmente a Carlos V y a su hijo Felipe II el abandono de toda guerra confesional y la apertura tolerante hacia otras religiones, considerando que si los herejes se perdían, allá ellos, porque esa era la voluntad de Dios.

La confesionalidad del Estado y la intolerancia religiosa fueron la causa principal del derrumbamiento del imperio, porque la luchas religiosas nos llevaron a la ruina económica y a la enemistad con varios países, olvidando los reyes que la doctrina católica no puede construirse sobre miles de muertos en guerras estériles promovidas por quienes utilizaron, y siguen utilizando, la religión como plataforma de poder político.

Combatimos a los turcos en el Mediterráneo, guerreamos con Francia, luchamos contra Inglaterra y tuvimos interminables guerras con los Países Bajos, sin otro motivo que la defensa de una confesionalidad que se ha mantenido hasta nuestros días, con actuales cruzadas intolerantes y represivas.

Con motivo de la reforma protestante y la posterior contrarreforma católica, las Universidades se mantuvieron enfrentadas en luchas y debates ideológicos que no favorecieron el progreso científico ni la unidad de los españoles, sino todo lo contrario, pues se fomentó una división interna de consecuencias negativas reconocidas por su magnitud.

Los luteranos y calvinistas se asentaron en Ginebra, donde se estudiaba Cánones; y los católicos se fortificaron en Salamanca, Lovaina y París, reforzando la doctrina escolástica. Cada bloque defendiendo sus ideas y la ortodoxia de su doctrina, con una fuerza combativa que se apartaba del verdadero espíritu cristiano que ambos bloques afirmaban defender.

MIGUEL SERVET

MIGUEL SERVET

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Aragonés de nacimiento y europeo vocacional, Miguel Servet pasó toda su vida viajando, estudiando, debatiendo, escribiendo y llevándole la contraria a los amos de la verdad, hasta que estos se cansaron de aguantar contrariedades y decidieron quemarlo vivo en la plaza pública para que callara de una vez.

Semejante brutalidad sucedió en Ginebra un día como hoy de 1553, patrocinada por Calvino, apoyada por el Consejo de la ciudad, amparada por las Iglesias Reformadas de los cantones helvéticos y aplaudida por los fieles cristianos que rezaban por su conversión.

Este sabio, que fue astrónomo, meteorólogo, geógrafo, abogado, teólogo, físico, matemático y médico, cometió el “error” de contrariar a católicos, inquisidores y protestantes con su doctrina de la Trinidad, negando que tuviera base bíblica, llamando triteístas a sus partidarios y apartando del triángulo al Hijo y la Paloma.

Por otro lado defendió la libertad de conciencia, estimuló la tolerancia, propuso el bautismo a la edad de treinta años como Jesús y descubrió la circulación pulmonar o menor de la sangre, dándole un sentido más religioso que científico, afirmando que el alma residía en la sangre y divinizaba a la persona al difundirse por todo el cuerpo.

Por todos estos delitos, el Petit Conseil de Ginebra dictaminó su sentencia de muerte “Contra Miguel Servet del Reino de Aragón, en España: te condenamos, M. Servet, a que te aten y lleven al lugar de Champel, que allí te sujeten a una estaca y te quemen vivo, junto a tu libro manuscrito e impreso, hasta que tu cuerpo quede reducido a cenizas, y así termines tus días para que quedes como ejemplo para otros que quieran cometer lo mismo.

MENDOZA CUMPLE AÑOS

MENDOZA CUMPLE AÑOS

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Tal día como hoy de hace setenta años, el barcelonés Eduardo Mendoza vino al mundo con el arte de la pluma bajo el brazo para vivir en la ciudad de los prodigios despistando a la censura franquista con la verdad del caso Savolta, que ocultaba los soldados de Cataluña.

Cansado de traducir palabras de otros por Nueva York, Ginebra y Viena decidió volver a sus rincones infantiles y habitar la isla inaudita, conciliando la comedia ligera con sus clases en la Universidad Pompeu Fabra, mientras compartía la aventura del tocador de señoras, sabiendo que una pésima novela hace malas todas las anteriores.

Cumple años Eduardo, viviendo a ras de suelo y sujetando las puertas de su casa con los premios literarios que ha recibido, haciendo gala de sus cinco mandamientos: sencillez, trabajo, constancia, humor y pragmatismo. Cóctel que le hace gran persona y escritor vocacional, alejado de las togas y los pleitos para los que fue formado en la Facultad de Derecho.

Su gusto por ser el más extranjero de todos los extranjeros, le lleva disfrutar paseando por ciudades donde no es reconocido, gritando con un megáfono que estamos como estamos porque los bancos nos dieron propinas innecesarias y sobradas para hipotecar nuestra vida.