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RATEROS RATO S.L.

RATEROS RATO S.L.

La valentía ejemplar exhibida por el magistrado Andreu puede jugarle una mala pasada si se despista en su pretensión de sentar en el banquillo a una persona tan honrada como don Rodrigo Rato, si hacemos caso al sabio refranero español  cuando nos advierte que “quien a los suyos se parece, honra merece”, y Rato se parece mucho, pero que mucho, a los suyos, es decir, a los rateros que le precedieron en la dinastía que él ahora encabeza.

Si parecerse a padre, hermano y tío es garantía de honradez, Rato es muy honrado,  porque es difícil encontrar mayor aval de esa virtud que el mostrado por Rodrigo en la imitación de los gloriosos y honestos comportamientos de sus familiares más cercanos. Por eso el juez don Fernando debe andarse con cuidado en sus actuaciones, pues en el Auto llama a declarar como imputado a una persona muy honrada, según el refranero.

Sí, porque el millonario padre-patrón de Rato, es decir, Ramón, fue condenado en 1967 por el Juzgado Especial de Delitos Monetarios, a tres años de cárcel en Carabanchel y dos multas de 176 millones de pesetas por evadir dinero y quebrar dos bancos. ¡Qué perla de hombre!  Y después, su hermano Ramón y su tío Faustino también fueron condenados a dos años de prisión y 44 millones de pesetas de multa. ¡De casta le viene al galgo!

A nadie extraña el empeño social en desacreditar al ratero que en tiempos de bonanza económica mundial estuvo al frente de los euros públicos. Muchos  recuerdan su salida por la puerta de atrás del FMI. Y todos condenamos su gran mentira con las cuentas de la “primera banca española”, mientras tocaba la campanilla en la Bolsa.

Pobre hombre y pobres aplauseros populares que ahora se esconden fingiendo no conocer al falso hombre milagro, mito de cartón en época de prosperidad.

Del tío-abuelo, la criada-monja, la hija robada y otras pequeñas cosas, ya hablaremos porque tenemos saga de Rodrigo para rato.

REUNIÓN DE PASTORES…

REUNIÓN DE PASTORES…

La sabiduría profética del refranero español alcanza su más alta cota de certidumbre cuando predice que una reunión de pastores acaba siempre  con la muerte de una oveja.

Eso ocurre cada vez que se reúne el G-7, G-8, G-9, y todos los “ges” del mundo, hasta el 20. Pero también sucede los viernes de dolores cuando el gallego cita a sus ministros en la Moncloa; cuando la hamburguesa levanta la mano en Bruselas; cuando los de Standar & Poor’s se reúnen con su prima; o cuando los banqueros del FMI (Fondo Mundial de Incautadores) se juntan a la llamada de Christine.

Lo penoso es que las ovejas sacrificadas en esas reuniones de pastores universales no dan balidos pidiendo redención, ni topan la cabeza contra la injusticia de los machos cabríos, sino que guardan el silencio de los corderos cuando los impuestos y recortes los llevan del ronzal al matadero.

Ya esquilmados y con la mansedumbre de los bueyes que repudió el poeta de Orihuela, las ovejas humanas se mantienen cabizbajas en el redil normativo establecido por los recortadores que las dejan sin lana y a la intemperie, mientras los esquiladores abrigan con esa lana sus cebadas cuentas corrientes.