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Etiqueta: ético

POLÍTICOS Vs. POLITIQUEROS

POLÍTICOS Vs. POLITIQUEROS

Política viene del vocablo griego “polis”, ciudad, derivando del término “Politeia”, teoría referida al ordenamiento de la ciudad, es decir, al compromiso que adquieren los vecinos que gobiernan la vida de a los demás, de ejercer el poder honradamente a favor de quienes les han votado.

Hoy más que nunca, necesitamos políticos de raza, vocacionales y honrados en su estricto sentido, como personas dedicadas a trabajar generosamente en favor de la sociedad, diferenciándolos de politiqueros y electoreros, interesados en llegar al poder para ejercerlo en su propio beneficio, sin importarle el camino a seguir para conseguirlo.

Urge un rearme ético social, capitaneado por las fuerzas políticas, si queremos salir del fango en el que nos han metido la pandilla de oportunistas y trileros que han hecho del más grande oficio que ejercerse puede, un gremio enviciado de espurios intereses, sobrada codicia, ilimitada soberbia y manifiesta incompetencia para la misión que tenían encomendada.

Partidismo, despotismo, cinismo y manganismo han sido las señas de identidad de muchos polítiqueros que han gobernado España en tiempos de bonanza, librándose de ello el minoritario grupo conformado por quienes han trabajado honradamente a favor de la comunidad, sin ocultar las fechorías que veían pasar por la puerta de sus despachos.

Compromiso político de gobierno ejercido por la minoría que ha trabajado honradamente para mejorar la sociedad, poniendo la ética como norte de conducta en la tarea de gobierno, pretendiendo solamente la honrada administración de los bienes que pertenecen al pueblo y desterrando a las tinieblas a los politiqueros que han desprestigiado tan noble oficio.

ESTAMOS SIN CANDIDATO

ESTAMOS SIN CANDIDATO

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En vista de los sucesivos fracasos en las negociaciones que están teniendo los diferentes aspirantes al inquilinato monclovita, muchos ciudadanos piensan que no hay un candidato al palacete, sin darse cuenta que aunque hubiera pretendiente, nunca habría candidato.

La palabra candidato viene de cándido, que significa blanco, puro, limpio e inmaculado, siendo persona que por sus cualidades morales reúne las condiciones necesarias para ocupar cargos públicos, algo que no parece suceder entre los postulantes a tal honor.

Por eso, en la antigua Roma, los candidatos a dirigir el país lucían togas blancas, y se presentaban con ellas abiertas para que los ciudadanos pudieran ver sus cicatrices de guerra como símbolo del valor demostrado en la lucha, lo que en nuestros tiempos se traduciría en exhibir una limpieza moral acreditada para ejercer el cargo con absoluta honradez.

Esto es algo que no sucede entre los aspirantes a dirigir nuestras vidas, pues como ya hemos repetido muchas veces, en la vida pública no basta con ser honesto, sino que es obligado exigir que los demás también lo sean aunque se trate de compañeros de partido, denunciando públicamente a los malhechores que comparten el despacho de al lado, porque de no hacerlo se convierte el mudo en cómplice por omisión.

Entre el blanco mate procedente del latín albus y el blanco brillante derivado de candidus, hay la misma diferencia que entre el aspirante mate, sin brillo ético ni compromiso real con el pueblo; y el candidato brillante, honrado, competente, veraz y moralmente cuajado que los españoles buscamos por los rincones, para nos guíe con su luminosa candela.

TÓSIGOS HUMANOS

TÓSIGOS HUMANOS

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Sabemos que los productos tóxicos contienen sustancias que producen envenenamiento en los seres vivos, pudiendo llegar a causar las muerte de los intoxicados, si no se toman medidas oportunas para eliminar los efectos ocasionados por las sustancias nocivas ingeridas, inhaladas o inyectadas.

Junto a estas pócimas químicas, existen tósigos humanos no descritos en manuales ni estudiados en centros educativos, a pesar de tener una toxicidad superior a los bebedizos convencionales y funestas consecuencias para los demás, pues contaminan todos los espacios de su hábitat.

Tales pócimas humanas son crónicamente ambiciosas, anímicamente inmorales, endémicamente malignas y genéticamente perniciosas, por mucho que disfracen sus colmillos con sonrisas de porcelana y oculten su inveterada vocación de exterminio bajo una piel de oveja merina.

Profesionales de la usurpación, expertos en manipulación y carentes de escrúpulos, ostentan en la pechera moral el título de peritos en extorsiones, abusos y usurpaciones de bienes y derechos vecinales, explotando las desgracias en beneficio propio y mirándose al espejo sin ver la podredumbre de su alma.

En el diccionario ético de los tósigos humanos no figuran palabras como verdad, solidaridad, empatía, honradez y generosidad, para evitar tentaciones demoníacas de servicio al prójimo, ayuda al vecino y compromiso social, siendo tales toxinas bípedas los responsables del envenenamiento ajeno, con su prepotencia, cinismo y codicia.

DUEÑOS DEL PLANETA TIERRA

DUEÑOS DEL PLANETA TIERRA

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Cada palmo de tierra tiene un propietario, pero la Tierra pertenece a unos cuantos amos del mundo, desde que los mercados y las empresas se extendieron hasta alcanzar una dimensión mundial más allá de las fronteras nacionales, con transformaciones económicas globales, fruto de un feroz capitalismo amparado por las democracias liberales, una vez que cayó el comunismo occidental y se dio por concluida la guerra fría.

En poco tiempo, quedaron subsumidas las economías locales en grandes multinacionales, liberándose la circulación de capitales favorecedora de la enfermiza sociedad de consumo que padecemos, gobernada por transacciones financieras, cuentas corrientes y depósitos bancarios en manos de unos pocos privilegiados, que se reúnen periódicamente para mejorar la forma de engordar las huchas con el sudor, trabajo y miseria de la gran mayoría silenciosa, admiradora de los responsables de su tragedia.

La nota más característica de este mundo económicamente globalizado no es el beneficio común, sino la desigualdad y el retorno al siglo XVIII, en medio de un sectarismo que fracciona a los humanos en dos partes excesivamente desequilibradas, debido a la salvaje especulación de un mercado carente de solidaridad, en el que pueden quitarse caramelos a los huérfanos sin mover una pestaña, ni sentir remordimiento alguno.

Urge un rearme ético y la unión solidaria de los pueblos para frenar los beneficios y la especulación, derivada de una ambición desmedida y desvergonzada, porque de no hacerlo seremos devorados irremediablemente por el grupo de codiciosos que realmente gobierna el planeta, aunque a los demás nos dejen jugar con las urnas electorales en irreales democracias occidentales.

Y no soy yo quien esto dice, sino el profesor suizo Jean Ziegler desde su prestigiosa vicepresidencia del Consejo Asesor del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas.

EL VERDADERO DÉFICIT

EL VERDADERO DÉFICIT

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Cuando los mandamases políticos y financieros hablan de déficit, se refieren al descubierto contable que resulta de comparar el debe y el haber, lo que en Administración Pública representa una falta de liquidez económica en las cuentas del Estado, porque los administradores del dinero común se gastan más euros de los que les damos, con su mala gestión, despilfarro, ignorancia y corrupción.

Pero hay otros déficits más importantes que el económico, ignorados en una sociedad insolidaridad, cínica y consumista, dominada por la doctrina del “¡Sálvese quien pueda!”, donde los remeros quedan al pairo tras el naufragio con las velas de la esperanza tendidas y largas las escotas de la resignación, mientras los capitanes y contramaestres ocupan todos los botes salvavidas.

La verdadera crisis por la que estamos pasando no es económica, como pretenden hacernos creer, sino de valores humanos, provocada por el abandono de comportamientos éticos, que han llevado a indeseables corruptelas administrativas, abusivas especulaciones financieras, excesivas mentiras y duras represiones justificadas con una legalidad injusta, hecha a gusto de los represores.

Hoy día existe un gran déficit de solidaridad que muerde las entrañas, porque la generosidad no cotiza en bolsa, domina el miedo, la honestidad brilla por su ausencia, el sacrificio está mal repartido, los esfuerzos son desequilibrados, la justicia social está en almoneda, el cinismo institucional domina las tribunas y la empatía se ha borrado del diccionario social.

LA HISTORIA LOS JUZGARÁ

LA HISTORIA LOS JUZGARÁ

Nadie duda que la Historia, – así, con mayúscula -, juzgará con el máximo rigor y desprecio a los políticos pseudócratas de las últimas hornadas, aunque a ninguno de ellos les inquiete la irremediable condena que recibirán en las páginas de los libros, porque cuando esto suceda ya descansarán todos al Valle de Josaphat.

Abochorna el espíritu y encoleriza el ánimo, la fauna descerebrada que está decidiendo en los últimos años sobre nuestras vidas, sin que tales mostrencos perciban los grandes pecados que están cometiendo contra los sectores más débiles de la sociedad.

Son ellos quienes están arruinado la moral y el bolsillo del pueblo, con un descaro merecedor del fuego eterno, aunque éste sólo exista en la mente de los cómplices que reparten bendiciones para mantener intacto el cepillo subvencional.

El desplome ético de la clase dirigente ha llevado al abuso de poder, a la incompetencia y la corrupción, abriendo las puertas a un insultante nepotismo y amiguismo que ha otorgado poltronas a vagos e incompetentes despilfarradores el dinero que teníamos en la hucha, mientras entretenían el tiempo bombardeando la convivencia social y causando un daño irreparable a la convivencia ciudadana, con asquerosas y repugnantes politiquerías de patio de vecinas.

DÍVAR

DÍVAR

Reiteradas veces he manifestado mi confianza en los tribunales de justicia para lograr el urgente rearme ético que necesita la sociedad, poniendo a la sombra de palmeras en islas desiertas a todos los sinvergüenzas que han esquilmado las arcas públicas y los cofres bancarios.

Pues bien. A pesar de constatar que la justicia no es igual para todos y de saber que está menos penado meter mano en la hucha común que robar una gallina para comer, sigo confiando en la justicia para redimirnos de la miseria.

A pesar de los estevilles y otros individuos aislados de la especie judicial, mantengo intacta mi profesión de fe en la judicatura para sacarnos del lodazal donde nos han metido los encausados en procesos judiciales.

A pesar de Carlos Dívar, presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ, sigo creyendo en los administradores de justicia, porque son más, muchos más, los jueces que mantienen la balanza en equilibrio, que ese pequeño grupo de togas empeñados en quitarle la venda a la señora. Evidente prueba del compromiso judicial con la verdad es que han sido los propios jueces quienes han levantado la alfombra del presidente para limpiar los polvos acumulados bajo ella.

Dívar es un mal ejemplo que ningún magistrado debe ocultar, justificar, imitar o defender, porque a nadie beneficia su actitud, ni siquiera a él mismo, empecinado en mantenerse en el sillón, caiga quien caiga, aunque quienes se vengan abajo sean las más altas instituciones judiciales del país, el honor de la judicatura y la ética ejemplificadora que tanta falta nos hace en estos momentos de corrupción, abuso y mentira, que vivimos.

El querido guardaespaldas, leal salvaespaldas y eficaz cubreespaldas del presidente, tiene que decirle a Dívar algo más de aquello que ya le dice en la intimidad confidencial del cargo que ostenta a su lado desde hace tres lustros, y marcharse juntos a descansar felizmente a la misma isla donde irán llegando los que el honrado cuerpo judicial comenzará a enviar en pocos días.