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Etiqueta: epidemia

INFECCIÓN DE ERRORES

INFECCIÓN DE ERRORES

Unknown

La epidemia de errores que se extiende por esta tierra de María Santísima, obliga a pensar en segundas verdades que nada tienen que ver con la opaca pantalla que nos ponen delante de nuestras narices para intentar justificar lo que no necesita justificación alguna porque la realidad habla por sí sola, haciendo evidente lo que quieren esconder mercaderes del engaño instruidos en la escuela sofista.

Nadie duda que el error es una cualidad inseparable del ser humano, entre otras cosas porque todas las personas erramos, aunque pongamos el mayor empeño en evitar el yerro y no exista malicia en ello, sino desdichada ignorancia que nos lleva a conculcar preceptos, incumplir leyes, realizar actos incorrectos y decir aquello que no debemos.

Aprovechando este río revuelto marcado por la realidad vital de las personas, los oportunistas del lazo, estafadores políticos, depredadores sociales y usureros bancarios que gobiernan el país, la sociedad y la economía, espulgan sus responsabilidades, eluden cárceles y justifican actitudes detestables, atribuyendo su mala gestión a inocentes errores, de los que no están exentos, porque son seres humanos.

El problema es que tantos errores nos obligan a sospechar segundas verdades, intolerables en un Estado constitucional, democrático y de derecho, que se precia de organizarse con leyes de obligado cumplimiento, incluso para aquellos que las incumplen.

Se atribuyen propiedades a la infanta Cristina por errores que nadie explica, ni se explica nadie. Se libera a Blesa de la cárcel por errores procesales del juez, que los ciudadanos no comprenden. Se indulta y premia a politizados miembros de Consejos de Administración, por cometer errores contables injustificados. Se anulan autos judiciales imputando a la realeza, aludiendo a teóricos errores en la instrucción, contraviniendo el común sentido ciudadano.

Para el Gobierno y sus voceros, los “indignados” están en el error, los desahuciados cometen disparates, los arruinados con las “preferentes” van equivocados con sus peticiones, los inmigrantes sin papeles cometen el fallo de ir a los hospitales, los hambrientos se equivocan buscando en los contenedores, los médicos no saben lo que quieren y los profesores van desacertados en sus peticiones.

Por otro lado, en España siguen yendo bien las cosas, muy bien. El Gobierno camina con buen rumbo y sin cometer errores. Rajoy está orgulloso de todo lo conseguido. Rubalcaba satisfecho con la marcha decadente del PSOE. La patronal brindando por la reforma laboral. Y los banqueros manteniendo sus ingresos con la usura, mientras  una plaga de impunidad se expande entre los poderes y altas Instituciones del Estado.

CORRUPTOS POR OMISIÓN

CORRUPTOS POR OMISIÓN

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Ante la epidemia de corrupción política que nos invade, rugiendo cual marabunta con las fauces desgarradas desde Gata a Finisterre, surgen voces ingenuas que salen en defensa de la casta política diciendo que la mayoría de ellos son cabales y honrados, siendo una minoría los que tiene las manos sucias.

A quienes eso dicen quiero advertirles que la corrupción política tiene una cara oculta a la que deben asomarse los que así piensan, porque el reverso de esa falsa moneda también está corrompido, aunque ellos no lo perciban debido a la blancura del sepulcro donde guardan silencio los cómplices de las fechorías.

Sí, amigos, tan corruptos son los políticos que meten mano en la caja común, llevándose los euros en bolsas de basura malayesas, cajas de zapatos gurtelesas o maletines ereáticos, como los políticos mudos o ciegos que callan o miran para otro lado, en espera de que les llegue el turno de rapiña.

Tan corruptos son los tesoreros que distribuyen sobres con euros por los despachos, como quienes no lo impiden y consienten los repartos.

Tan corruptos son los dirigentes de partidos que denigran la política, como los militantes que callan en las asambleas internas para salir en futuras fotos.

Tan corruptos son los ediles que aceptan sobornos y recalifican terrenos a cambio de fajos de 500 euros, como los concejales y funcionarios que callan.

Tan corruptos son los consejeros de Cajas de Ahorros que firman sin saber qué firman, pero sabiendo lo que se llevan, como quienes toleran el expolio.

Tan corruptos son los estafadores, cínicos, embaucadores y engañabobos, como los bobos que se dejan engañar por los mentirosos profesionales.

Tan corruptos son los banqueros que obligan a sus empleados a timar a los clientes con las acciones preferentes, como los colaboradores que se prestan al engaño.

Tan corruptos son los que trapichean con tarjetas reales por los despachos, como las sonrientes esposas que forman parte orgánica en la trama.

En fin, tan corruptos son los corruptos como aquellos que guardan silencio y consienten la corrupción sin denunciarla, pero sabed también que los ciudadanos no son víctimas de la corrupción cuando votan a candidatos encausados en juzgados, sino cómplices de los corruptos.

PATOLOGÍA POLÍTICA

PATOLOGÍA POLÍTICA

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De la misma forma que la patología clínica se ocupa en estudiar las enfermedades de los seres humanos, existe también una patología social específica que afecta directa y exclusivamente a la privilegiada clase política, caracterizada por un deterioro progresivo del tejido social debido a inflamaciones sufridas por quienes gestionan instituciones públicas.

Epidemia muy localizada que perjudica directamente a los ciudadanos que ven impotentes como su dinero no se emplea en el tratamiento y erradicación de dicha peste, sino que es utilizado en promover su crecimiento, agudizando el placer entre quienes disfrutan en los despachos aprovechando los partes médicos de invalidez.

Seleccionamos solamente las dolencias más características que produce esta plaga, porque la lista completa ocuparía varios volúmenes y toda la vida para describirlas.

Falaciacitis: Consiste en la falta congénita de glándulas secretoras de verdades, que provoca en quienes carecen de ellas un afán desmedido por engañar, mentir, prometer, falsificar y manipular con falsos argumentos una realidad que ni ellos se creen.

Egotitis: Es un proceso degenerativo de la personalidad debido al cual el sujeto que lo padece no puede expulsar los gases y engorda sobremanera levitando por encima de los demás en un furor incontenible de amor así mismo, sin percibir lo fácil que resulta pinchar el globo y hacerle caer al suelo.

Descrupulitis: Hinchazón desmedida de inmoralidad que padecen quienes no tienen escrúpulos en vender su dignidad por media lenteja, quitarle un caramelo a un huérfano, empujar  por un barranco al adversario, sacar a codazos de la lista al compañero y traicionar al amigo, con tal de salir en la foto, el cartel, la pantalla o la página.

Digitalitis: Inflamación crónica del dedo índice provocada de tanto tenerlo extendido enviando a parientes sumisos, amigos dóciles y palmeros incondicionales a cargos políticos menores para que le rindan vasallaje y fidelidad, llevándose éstos las migajas que el padrino les deja sobre la mesa. Esta afección presenta la ventaja que cuando el dedo se enquista impide al césar disparar el gatillo contra los disidentes y críticos, aunque refuerce sus órdenes señalando direcciones obligatorias a los súbditos.

Sillonitis: Grave dolencia caracterizada por una inflamación crónica de las glándulas decretales, que lleva a los pacientes a tener una ambición desmedida por sillones oficiales, sean estos cuales fueren, cuyo tratamiento se prescribe en papeletas electorales y se otorga digitalmente por quienes padecen la misma enfermedad. Se trata, como pueden ver, de un patológico corporativismo endogámico que demanda a los aspirantes unos ejercicios de obediencia, asentimiento, genuflexiones y cabezazos, sin los cuales no es posible acceder al sillón que alivie tan grave dolencia. La sillonitis se propaga irremediablemente sin que los epidemiólogos puedan hacer nada para evitarlo. Así, hay directores incapaces de abandonar el sillón porque las telarañas se lo impiden; gestores intermedios que han dado su forma anatómica al sillón para que nadie pueda adaptarse a él; jefecillos pegados a él que han agotado las existencias de silicona en los centros de bricolaje; y gerentes de hospitales ocupados sólo en gerenciar su permanencia.