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ORDEN Y CONTRAORDEN, INDIGNACIÓN

ORDEN Y CONTRAORDEN, INDIGNACIÓN

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En este momento no se cumple el aforismo que predice desorden cuando a una orden, sucede la contraorden. En la actualidad, orden y contraorden van acompañadas de frustración, desesperación y suicidio, por parte de la tropa que obedece disciplinadamente las instrucciones que proceden de los mandamases que dirigen nuestras vidas.

Las vallas publicitarias y los anuncios televisivos nos mandan consumir todo lo que sale de las factorías productivas que nutren el consumismo, y por otro lado, el Gobierno nos prohíbe gastar hasta el aire que respiramos, con recortes que están ahogando el negro presente que tenemos encima y el futuro que nos espera.

El resultado de la orden consumista y la contraorden gubernamental de ahorrar, nos lleva a la indignación propia de quien quiere y no puede, ya que el dominio de la penuria multiplica la frustración en los escaparates, la malnutrición en las cantinas escolares, los síncopes a las puertas de las farmacias, los suicidios en los hogares desahuciados y el peregrinaje por los contenedores de basura y vertederos municipales.

Consumir y sobrevivir son tan incompatibles como ser golpeados y dejarnos noquear en un rincón, sin unirnos, levantar la guardia y liarnos a tomatazo limpio contra quienes nos trituran, para mancharles los trajes de rojo tomatero, porque nuestra moral nos impide teñirlo con el pigmento natural que circula por sus venas.

ORDEN Y CONTRAORDEN: ¿…….?

ORDEN Y CONTRAORDEN: ¿…….?

Entre los interrogantes que aparecen en el título de este artículo sólo cabe una palabra: desorden. Es decir, caos, desconcierto, parálisis y confusión. Ese estado de ánimo acompaña a los subordinados siempre que un jefe se dice y luego se  desdice de lo que ha dicho; o afirma algo y poco después lo contrario; es decir, da una orden  y luego la opuesta.

Esta desorientación la sufrí en carne propia hace muchos años, unido a la bronca que me llevé del capitán de la batería, cuando estaba haciendo las  prácticas de milicias en Palma, al ocurrírseme dar una orden a los artilleros por la tarde y a la mañana siguiente pedirles que olvidaran lo mandado el día anterior.

“Orden y contraorden, ¡desorden!”,  me gritó furioso el capitán Rosell, al comprobar que unos soldados habían cumplido el primer mandato y otros el segundo. Lógico resultado a mi torpeza.

La enseñanza fue clara: me prometí no volver a cometer más veces en mi vida semejante error, consciente que tal situación puede generar brotes de esquizofrenia en quienes sufren dichas contradicciones.

Pero este grave trastorno no parece importarle demasiado al Gobierno y para muestra de ello bastan cuatro botones, entre todos los que lleva en su haber. En 2007 suprimió el impuesto de patrimonio, que ahora recupera, para tirarlo de nuevo a la papelera  en un plazo máximo de dos años, en que de nuevo desaparecerá tal impuesto. Bien.

Durante muchos, pero que muchos años, tuvimos limitado el velocímetro de nuestro coche a 120 km/h hasta que a un iluminado del Gobierno se le ocurrió cambiar miles – sí, miles – de señales de tráfico obligándonos a circular a velocidad inferior a 110 km/h durante unos meses, para recambiar de nuevo los mismos miles de señales a su estado original, ante el desconcierto general. Bien por el chico.

Cuando pensábamos que el paroxismo ciudadano había llegado a su límite, viene otro visionario ¡socialista! con una reforma laboral, cuya vida no pasará de unos meses, justificando la continuidad de los contratos basura diciendo que peor sería que los trabajadores se quedaran preñados o que no tuvieran techo en sus casas, devolviéndonos a los orígenes de la lucha obrera.

Por si esto fuera poco, en los últimos días la cosa ha mejorado bastante porque las contradicciones son simultáneas en el tiempo. Así mientras Pepiño afirma que no se pagará a las Comunidades que lo recauden, la compensación por el Impuesto de Patrimonio; la superministra Salgado dice que de eso nada, dejándonos a los ciudadanos boquiabiertos ante tanta coordinación y claridad de ideas, como sucedió entre presidente y candidato con motivo de la inaceptable reforma constitucional.

Desordenar la mente de los vecinos con tanto acierto obliga a pensar en una estrategia premeditada, pues no cabe tanta torpeza por metro cuadrado sin sospechar una segunda verdad para regocijo de los populares, que sin hacer absolutamente nada ni elevar propuesta alguna, cada día recogen más paladas de votos en Génova, mientras algunos pensamos radicalizar el voto en las urnas.