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Etiqueta: Burbia

FRENTE AL MAR

FRENTE AL MAR

Unknown

No veo costa da morte alguna en la costa de vida que ahora contemplo desde un acantilado mientras escribo en mi cuaderno la nota de hoy, amparado por la luz inmaculada y diáfana de las primeras horas del día, que llega envuelta en un halo de romántico amanecer alentando la jornada, lejos de la prisa y el acoso tenaz de cláxones en asfaltos de ciudades turbulentas.

Temblores de luz sobre un mar de confusión, donde las olas rompen espumas dando pinceladas blancas a la superficie azul del océano, igual que titilan las estrellas en el cielo nocturno y los espejos rotos reflejan destellos virtuales sobre el horizonte cálido en esta mañana gozosa de luz, preludio de calimas estivales.

La nostalgia se amorriña con el deleitoso cansancio que hasta aquí me ha traído, paso a paso, por caminos verdes de olvidadas ermitas donde los enamorados se juraron amor eterno un lejano día de primavera, sorteando las piedras del camino que después hicieron imposible el regreso a los manantiales de amor, hoy secos por decisión ajena a voluntades propias y deseos presentidos.

Acaricio el aire contraviniendo la orden del viento y tomo la brisa por amiga sin más pretensión que descansar sobre ella, mecido en el rumor del viento que juguetea entre los tallos, mientras la hierba susurra en voz alta su crecimiento para que todos podamos oír ese milagro de la vida, como un día lejano sucedió en el valle del Burbia.

Estos sentimientos quiero dejar hoy en mi bitácora al repisar otra vez Galicia, con la extrañeza de que nada me sea extraño y todo se haga nuevo frente al mar, conjurando maldades y sinsabores en el verdor esperanzado de este rincón de España, que cada año me acoge como un hijo más de su tierra.

BIERZO

BIERZO

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Bergium, Bergidum, Vierzo, Bierzo, … vergel. Aliento de vida que me invita cada año a retornar esperanzado a sus verdores, aromas y sabores, antes que la árida sequedad de la calima caiga rendida en el valle del Burbia, sacudida por el milagro de la hierba que rumorosa crece en los oídos de quienes abandonan su tiempo junto al cauce que destila su hermosura entre pedrizas desde Peña Cuiña y se nutre del Valcarce antes de hermanarse con el Cúa.

Bercianos y Bierzo desmienten la profecía que previene decepciones aconsejando no volver al lugar donde feliz se fue, porque en la tierra donde estuvo asentado el paraíso no tienen cabida los malos augurios, ni las frustraciones ocasionadas por el desencanto de no encontrar manos amigas que estrechar ni paisajes donde renovar el espíritu adormecido en el asfalto.

He vuelto al Bierzo y el calor humano permanece en la gente que habita este privilegiado territorio de belleza sin par, amistad duradera, deleitoso vino, reconfortante fruta, singulares pimientos y nutritivos botillos, no aptos para estómagos frágiles y paladares melindrosos.

Desde Galicia, abrazo al Bierzo a mi paso, envolviendo en él a todos los amigos reales y virtuales que hacen posible cada año soñar en un mundo posible de esperanzadores encuentros desconocidos en otras latitudes.