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PRIMERAS CLAVES DE LA CAMPAÑA

PRIMERAS CLAVES DE LA CAMPAÑA

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En la infancia me atufaba el monóxido de carbono producido por la incompleta combustión del cisco que alimentaba los braseros, alrededor de los cuales ahuyentábamos el frío y aliviábamos los sabañones.

Hoy me atufan las declaraciones de los líderes políticos,  trayendo a mi pituitaria extraños efluvios que me hacen pensar en la aparición de un nuevo lenguaje político durante la próxima campaña electoral, generado por malas experiencias anteriores, desde que los ochocientos  mil puestos de trabajo prometidos por Felipe estuvieron rebotándole durante años en la cabeza.

Igualmente, la experiencia ha enseñado a los políticos que las mentiras sobre titulaciones universitarias  exhibidas por Roldán, no tienen futuro en las urnas. El cinismo del jefe de la Guardia Civil puso en sobreaviso a los ignorantes de las últimas listas electorales, animándoles a incluir en sus biografías un nuevo término inexistente en el diccionario,  apareciendo así múltiples “tienestudios”, ciudadanos iletrados que ocultaban descaradamente su ignorancia tras esa cortina de humo, aparentando poseer títulos inexistentes que les han permitido camuflar en esa ambigüedad falsos currículos profesionales.

De esta forma sabemos que la responsable de la campaña de Rubalcaba, Elena Valenciano, dice en su página Web que  “tiene estudios” en Derecho y Ciencias Políticas, vamos que asistió a unos cursos acelerados en una academia privada sobre esos temas o que ha leídos algunas páginas en libros no acreditados.

Anteayer nos han dicho los líderes políticos, sin querérnoslo decir, el lenguaje que van a utilizar al presentar sus propuestas de gobierno para los próximos cuatro años. Camps hablaba de “aspiraciones” de su partido y Rubalcaba veía posible crear empleo en la próxima legislatura.

Oído esto, no habrá promesas ni compromisos, sino ambigüedades y trampas dialécticas, es decir, aspiraciones, deseos, sueños, afanes, anhelos, proyectos, o sea, humo, nada.

Así, la derecha “aspirará” a crear tres millones y medio de puestos de trabajo; a la izquierda le “gustará” mejorar la educación; le “encantará” a la derecha recuperar un millón de pequeños empresarios; y la izquierda “anhelará” mantener el Estado de bienestar;….  ¿Seguimos? No vale la pena. Esto es lo que nos espera hasta que se nos acabe la paciencia y la indignación nos empuje a tomar la Bastilla.