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Etiqueta: banquetes

GENTE POBRE Y POBRE GENTE

GENTE POBRE Y POBRE GENTE

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No es igual “gente pobre” y “pobre gente”, porque estas dos expresiones agrupan seres humanos diferentes, aunque el diccionario no los distinga y la gramática se empeñe en igualarlos.

La gente pobre se alimenta con una sardina y la pobre gente no se sacia en los banquetes.

La gente pobre camina descalza y la pobre gente pierde el tiempo en las zapaterías.

La gente pobre bosteza de hambre y la pobre gente lo hace de aburrimiento.

La gente pobre convive en hermandad y la pobre gente deshermana la convivencia.

La gente pobre lucha por la justicia y la pobre gente escapa de ella por las rendijas.

La gente pobre se divierte en fiestas populares y la pobre gente se aburre en los salones.

La gente pobre es andariega de mochila y la pobre gente sedentaria de poltrona.

La gente pobre es solidaria en la miseria y la pobre gente es miserablemente insolidaria.

La gente pobre comparte platos de lentejas y la pobre gente los cambia por su alma.

La gente pobre se consuela con abrazos y la pobre gente se abraza desconsolada al dinero.

La gente pobre comparte su pajar y la pobre gente prohíbe la entrada al peregrino.

La gente pobre barre la miseria moral y la pobre gente la esconde bajo las alfombras.

La gente pobre grita espantando las pieles de corderos donde se esconde la pobre gente.

La gente pobre mata la lombriz del hambre con mendrugos y la pobre gente con godivas.

No es pobre gente la gente pobre, aunque la pobre gente se empeñe en fabricar gente pobre explotando su pobreza.

OFERTAS DE LA VIDA

OFERTAS DE LA VIDA

bueno

Anticipándose muchos años a las ofertas comerciales de enero, la vida nos hace propuestas desequilibrando las posibilidades de adquirirlas, pues la desigualdad de oportunidades que ofrece determina fatalmente el destino de cada una de ellas, quedando las bicocas para unos pocos, y los saldos para la mayoría invisible que va por el mundo, porque quien no tiene, no es, ni se le mira.

Ofrece la vida banquetes ceremoniales con sabrosos manjares a poderosos, que son llevados a la mesa por quienes tienen que conformarse con pasar la lengua por los platos al terminar el festín.

Ofrece la vida poltronas de terciopelo y despachos con dosel, a una selecta casta de seudócratas, a quienes lustran los zapatos de madrugada un cortejo de siervos sin pedigrí que son utilizados por ellos como alfombras.

Ofrece la vida mitras, casullas y báculos de oro a ministros divinos que imparten bendiciones y predican bienaventuranzas a quienes que se dejan la piel rescatando infieles que seguirán arrodillándose al paso de los capelos.

Ofrece la vida techo a quienes le sobran palacios, mientras entrega planchas oxidadas de hojalata para que construyan chabolas los que sirven a señores feudales del siglo XXI en sus lujosas mansiones.

Ofrece la vida piña colada en la cubierta de lujosos yates a financieros de la estafa, mientras los esclavos que abrillantan la cristalería de bohemia toman vino amargo en la bodega con vasos de plástico.

Pero también ofrece la vida papeletas de felicidad que el dinero no puede comprar, y garantiza la muerte en igualdad de condiciones para todos, sin mirar a la cuenta corriente ni al poder de cada cual.